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Por la Espiral - May 29, 2013

¿Renunciar a la RSC?

La calidad es notable cuando el ahorro en costos implica abaratar suministros y materia prima, a veces repercute más que beneficia, sobre todo si existe una clientela que conoce desde hace muchos años el producto que adquiere.
Desafortunadamente, también se van al garete diversos programas y planes de expansión o inclusive de ética corporativa, de lo que se trata es de ahorrar a toda costa,  algunas veces se lleva a cabo sin una planeación adecuada; dicho desorden, de cortar por recortarlo todo, provoca una onda expansiva negativa en la propia empresa.
Por culpa de la crisis económica, por ejemplo, diversas empresas renuncian a la Responsabilidad Social Corporativa (RSC). En España, se palpan los casos más inmediatos.
De acuerdo con el Informe Forética 2011:  “Entre 2008 y 2010, una de cada tres empresas abandonó la RSC, una tasa de abandono seis veces superior entre las pequeñas empresas que entre las empresas medianas y grandes, 18% frente al 3 por ciento”.
La prioridad, para muchas, es la de sobrevivir a como dé lugar, recortando en costos fijos y variables, reduciendo la plantilla y hasta menguando la calidad.
La renuncia momentánea a la RSC es igualmente preocupante, porque en tiempos en que el vendaval amenaza con llevárselo todo, siempre es bueno tener un paraguas y la RSC lo es, deber serlo, tanto en los tiempos buenos como en los  malos.
El informe señala que las Pymes (además generadoras de buena parte del empleo representan el 95% del tejido empresarial en España) son las que más abandonan la RSC. No sabemos si es por falta de fe al respecto de sus resultados o por  desconocimiento de sus contenidos.
Y existe tal nivel de preocupación en el seno de la UE porque  ese desasosiego hacia la responsabilidad social corporativa corra como el agua entre las Pymes europeas, que la Comisión Europea elaboró un manual de “Consejos para asesores. Responsabilidad para las pequeñas y medianas empresas”.
“La guía, escrita por Ifok y Adelphi con la financiación de la Dirección General de Empresa e Industria de la Comisión Europea, pretende convertirse en una herramienta para que las compañías utilicen procedimientos y prácticas a la hora de implantar una estrategia de RSC en vez de hacerlo de forma intuitiva e informal”.
A COLACIÓN
¿Mesías o leviatán? La controversia acerca de la responsabilidad social corporativa es todavía incipiente, aunque diversos autores la señalan de positiva por surgir de “la voluntad de las empresas”, otros no dejan de argüir que el denodado sentido altruista y pro ambientalista principalmente entre las multinacionales y transnacionales no dejan de beneficiarles a éstas mismas, al atraer a una base de clientes y accionistas identificados con las demandas globales.
Hasta la fecha no existe una definición internacionalmente aceptada y única de responsabilidad social corporativa o responsabilidad empresarial o responsabilidad social empresarial, a la que muchas veces se le confunde como sinónimo de sustentabilidad empresarial o práctica amigable con el medio ambiente.
Quizá sea porque al indagarse en los orígenes de los conceptos que pudieron llegar a parir a la RSC se encuentran autores como Coase (1960), con estudios sobre la relación de la empresa y la contaminación ambiental.
En “el problema del Coste Social”, Coase determinó el costo de transacción entre un propietario de una fábrica que generaba vertidos fluviales y los agricultores locales. El autor se planteaba como, al largo plazo, la instalación de un sistema de filtros aunque representaba un gasto inmediato para el empresario a la larga se convertía en un beneficio de doble partida por el lado del incremento de la rentabilidad y la aceptación social de los consumidores.
En 1970, Milton Friedman, uno de los padres del neoliberalismo económico e impulsor del monetarismo aseguraba de forma visionaria que tarde o temprano las grandes empresas ejercerían un rol esencial en el mundo.
Tres años después, K.J. Arrow, señaló en “social responsability and economic efficiency”, que las empresas  llegarían al punto de adaptar criterios constreñidos a la esfera de la acción de las políticas públicas en el sentido de la aplicación de los programas sociales.
De alguna u otra forma, yo creo que el consumidor  tiene siempre la primera y última palabra. Cada vez valora más un producto que proviene de una empresa con responsabilidad social corporativa.
PD. Mi twitter@claudialunapale. Mi blog es http://claudialunapalencia.blogspot.com

POR LA ESPIRAL

Claudia Luna Palencia

-¿Renunciar a la RSC?

En cada caso, una crisis económica hace mella tanto en la calidad como en diversos planes y programas de empresas sin siquiera importar el tamaño de las mismas.

La calidad es notable cuando el ahorro en costos implica abaratar suministros y materia prima, a veces repercute más que beneficia, sobre todo si existe una clientela que conoce desde hace muchos años el producto que adquiere.

Desafortunadamente, también se van al garete diversos programas y planes de expansión o inclusive de ética corporativa, de lo que se trata es de ahorrar a toda costa, algunas veces se lleva a cabo sin una planeación adecuada; dicho desorden, de cortar por recortarlo todo, provoca una onda expansiva negativa en la propia empresa.

Por culpa de la crisis económica, por ejemplo, diversas empresas renuncian a la Responsabilidad Social Corporativa (RSC). En España, se palpan los casos más inmediatos.

De acuerdo con el Informe Forética 2011: “Entre 2008 y 2010, una de cada tres empresas abandonó la RSC, una tasa de abandono seis veces superior entre las pequeñas empresas que entre las empresas medianas y grandes, 18% frente al 3 por ciento”.

La prioridad, para muchas, es la de sobrevivir a como dé lugar, recortando en costos fijos y variables, reduciendo la plantilla y hasta menguando la calidad.

La renuncia momentánea a la RSC es igualmente preocupante, porque en tiempos en que el vendaval amenaza con llevárselo todo, siempre es bueno tener un paraguas y la RSC lo es, deber serlo, tanto en los tiempos buenos como en los malos.

El informe señala que las Pymes (además generadoras de buena parte del empleo representan el 95% del tejido empresarial en España) son las que más abandonan la RSC. No sabemos si es por falta de fe al respecto de sus resultados o por desconocimiento de sus contenidos.

Y existe tal nivel de preocupación en el seno de la UE porque ese desasosiego hacia la responsabilidad social corporativa corra como el agua entre las Pymes europeas, que la Comisión Europea elaboró un manual de “Consejos para asesores. Responsabilidad para las pequeñas y medianas empresas”.

“La guía, escrita por Ifok y Adelphi con la financiación de la Dirección General de Empresa e Industria de la Comisión Europea, pretende convertirse en una herramienta para que las compañías utilicen procedimientos y prácticas a la hora de implantar una estrategia de RSC en vez de hacerlo de forma intuitiva e informal”.

A COLACIÓN

¿Mesías o leviatán? La controversia acerca de la responsabilidad social corporativa es todavía incipiente, aunque diversos autores la señalan de positiva por surgir de “la voluntad de las empresas”, otros no dejan de argüir que el denodado sentido altruista y pro ambientalista principalmente entre las multinacionales y transnacionales no dejan de beneficiarles a éstas mismas, al atraer a una base de clientes y accionistas identificados con las demandas globales.

Hasta la fecha no existe una definición internacionalmente aceptada y única de responsabilidad social corporativa o responsabilidad empresarial o responsabilidad social empresarial, a la que muchas veces se le confunde como sinónimo de sustentabilidad empresarial o práctica amigable con el medio ambiente.

Quizá sea porque al indagarse en los orígenes de los conceptos que pudieron llegar a parir a la RSC se encuentran autores como Coase (1960), con estudios sobre la relación de la empresa y la contaminación ambiental.

En “el problema del Coste Social”, Coase determinó el costo de transacción entre un propietario de una fábrica que generaba vertidos fluviales y los agricultores locales. El autor se planteaba como, al largo plazo, la instalación de un sistema de filtros aunque representaba un gasto inmediato para el empresario a la larga se convertía en un beneficio de doble partida por el lado del incremento de la rentabilidad y la aceptación social de los consumidores.

En 1970, Milton Friedman, uno de los padres del neoliberalismo económico e impulsor del monetarismo aseguraba de forma visionaria que tarde o temprano las grandes empresas ejercerían un rol esencial en el mundo.

Tres años después, K.J. Arrow, señaló en “social responsability and economic efficiency”, que las empresas llegarían al punto de adaptar criterios constreñidos a la esfera de la acción de las políticas públicas en el sentido de la aplicación de los programas sociales.

De alguna u otra forma, yo creo que el consumidor tiene siempre la primera y última palabra. Cada vez valora más un producto que proviene de una empresa con responsabilidad social corporativa.

PD. Mi twitter@claudialunapale. Mi blog es http://claudialunapalencia.blogspot.com

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