Home Música ¡Nace una estrella!: el guanajuatense Iván López Reynoso hace vibrar al público conduciendo a la OFUNAM
Música - May 13, 2013

¡Nace una estrella!: el guanajuatense Iván López Reynoso hace vibrar al público conduciendo a la OFUNAM

“Suite de Abdelazer” o “La venganza del moro”, de Henry Purcell (1659-1695), y las piezas de Antonio Vivaldi (1678-1741): “Concierto para flauta y cuerdas”, Op. 10, “Concierto para violín, cuerdas y continuo”, Op. 8 (arreglo para flauta de Horacio Franco), “Concierto para flauta de pico sopranino, cuerdas y continuo”, conformaron el primer tiempo de la recepción en trazos de refrendos barrocos.

“Carlota”, de Arturo Rodríguez (1976), “Cumbres”, de José Pablo Moncayo (1912-1958), y “Esquinas”, de Silvestre Revueltas (1899-1940), definieron el segundo turno de la parada concertina con prosodias y anuencias totalmente mexicanas.

Estación barroca que inició con el anglosajón Henry Purcell, “el mejor compositor inglés de todos los tiempos” –aseguran los especialistas–, quien supo concentrar elementos italianos y franceses concibiendo un habla de lindes y acuses armónicos que definieron el estilo musical del barroco británico.

“Suite de Abdelazer” (I. Overture, II. Rondeau, III. Air, IV. Air, V. Minuet, VI. Air, VII. Jig, VIII. Hornpipe, IX. Air), que compuso el autor de la ópera “Dido y Eneas” en 1695 como música incidental para el drama teatral “Abdelazer”, de la carismática escritora británica Aphra Behn (1640-1689).

La OFUNAM abordó los nueve movimientos con refinada sonoridad; la flauta de Franco supo suscribir momentos de suntuosa cabalgata concertina. Violines que suscriben los motivos melódicos, celesta cordial y violonchelos atajando las concordias. Flauta en silbos cromáticos de virtuosa glosa.

Bordón rítmico-melódico (Rondeau: danza circular) que Benjamin Britten (1913 – 1976) recrea en su famosa “Guía orquestal para jóvenes” (1946). Los ataques de Franco en el Rondeau, Minuet, jig (motivo de baile popular) y Hornpipe (danza tradicional de Irlanda): afustes sinuosos y tentadores en silbos propios de un experto. La divinidad se desplegó en 10 minutos de absoluta gravitación barroca.

Vendimia barroca que continuó con tres conciertos del Cura Rojo de Venecia, autor de la obra maestra de música programática “Las cuatro estaciones”, en ejecución de frondosa arenga del flautista invitado.

“Concierto para flauta y cuerdas” (Allegro, Largo, Allegro): empalme de la flauta con apostura sobre las cromas de la celesta y los subrayados de dos violines (primero y tercero). Vagidos y cadenza de la flauta escoltados por las cuerdas en figurativo pizzicato (tercer movimiento).

“Concierto para flauta de pico sopranino, cuerdas y continuo” (Allegro, Larghetto, Allegro): técnica subyugante de un flautista que pone en vilo a los asistentes: un orfeón de pájaros invade los recodos del recinto. Complicidad de Franco con el primer violonchelo en el magistral solo del entreacto del tercer movimiento.

“Concierto para violín, cuerdas y continuo” (Allegro, Largo, Allegro) –arreglo para flauta de Horacio Franco–: la anochecida se inundó de prodigios. Violonchelos, celesta y flauta en concordia con un solista de diáfana precisión con la sonrisa de Dios en su alforja. Delirante solo en el tercer movimiento: gorjeos en inflexiones que se dejan columpiar por las cuerdas.

Ovación desbordada. Cuatro salidas. Primer encore: “El ruiseñor”. Dos salidas. Segundo encore: movimiento (¿?) de una de las “Partitas” (¿?) de Bach.

Intermedio. Público que se pasea satisfecho por el vestíbulo. Compra de “pánico” de los discos del flautista Horacio Franco, los cuales se ofertan en la entrada a 100 pesos. Una adolescente le dice a sus padres: “Qué lindo concierto; si es así yo quiero venir siempre con ustedes”.

Tercera llamada. Tiempo mexicano que retomó la velada con “Carlota”, un poema orquestal de sugerente belleza melódica que recrea euritmias propias del vals vienés y modulaciones de habanera complementadas con ciertos ramajes de música impresionista.

Exaltaciones melodiosas que retratan la locura de Carlota en el Castillo de Miramar en Italia, y sutil cita de “La paloma”, de Sebastian Yradier (1809 – 1865), canción vasco-cubana, en ritmo de habanera, preferida de la emperatriz.

La OFUNAM logró en esta pieza un vehemente cromatismo en líneas de lenitiva variaciones armónicas suscritas por flautas, oboes, corno inglés, clarinete bajo, fagotes, trompetas, tuba, triángulo, tam-tam, arpa, tarola, bombo, platillos, xilófono, piano y cuerdas: la conducción de López Reynoso concluyente.

Continuó el convite mexicano con “Cumbres” (1940 – 1953): prueba del Moncayo que trasciende al muchas veces difundido “Huapango” (1941). Principió con suculenta sonoridad de mariachi que los metales conjugaron en abiertas, pausadas y resonantes imprecaciones.

La conducción acertada del joven guanajuatense empuja a la OFUNAM a delinear con acierto las tres partes de la obra: Vivace en atractivo despliegue rítmico-melódico; Lento en plácidas costuras melódicas; Presto en progresiva recapitulación por parte de los metales.

Violín, oboe y corno en solos contrastantes y enfáticos. Coda que retoma la obertura apoyada en las conjunciones tímbricas de las trompetas con sordina, flauta y arpa. Obra densa y sentenciosa del autor de las hermosas piezas para piano “Muros Verdes”.

Silvestre Revueltas se encargó de rematar con “Esquinas”: turbadora pieza del autor de “Sensemayá” que subraya sus cualidades singulares de compositor cabal. Ritmo, pulso de la vida y proporciones/desequilibrios de pujanza programática que dibuja con celeridad los gritos intestinos y dolorosos de la ciudad.

Una obra soslayada por los directores mexicanos que sorprende por la fuerza vanguardista, que Lopez Reynoso supo rescatar con infalible conducción. Citas, contrastes y guiños a la clave afrocubana. Inquietos glissando de los trombones y briosa arenga de las percusiones que irrumpieron en la arcana y subjetiva presencia de la noche.

Provocadora puesta de una obra olvidada de Revueltas que provocó aplausos entusiasmados de los asistentes. Noche de glorificaciones para un conductor de apenas 23 años. Concierto histórico: una OFUNAM en muestra de cabal consumación concertina.

Fuente: (Notimex)

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