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Inolvidables - March 19, 2013

Se cumplen 14 años sin uno de los grandes vates mexicanos del siglo XX, el chiapaneco Jaime Sabines

Conocido por sus versos “Los amorosos” y “Espero curarme de ti”, Sabines es un referente de la poesía de Latinoamérica, razón por la que constantemente es recordado a través de galardones y de instituciones culturales que llevan su nombre, ejemplo de ellos es el Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines y la Casa de Cultura Jaime Sabines, ubicada en esta ciudad.

El poeta mexicano nació el 25 de marzo de 1926 en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, poco se sabe de los primeros años de su vida, sin embargo es conocido que su padre fue quien le inculcó el amor por la poesía, de acuerdo con la biografía del destacado escritor publicada en el portal de Internet “poemas-del-alma.com”.

Luego de concluir sus primeros estudios, en el Instituto de Ciencias y Artes de Chiapas, a los 19 años, el joven se trasladó a la ciudad de México y se inscribió en la Escuela Nacional de Medicina (1945), donde permaneció tres años antes de abandonar la carrera.

Su interés por la literatura lo llevó a estudiar lengua y literatura castellana en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y fue becario especial del Centro Mexicano de Escritores.

En 1950 escribió su primer volumen de poesía “Horal”, el cual reveló a un autor cuya obra destacaba por una intensa sinceridad, y por sus variaciones: en ocasiones escéptica, expresionista otras, y cuya transmisión literaria se logra a costa incluso del equilibrio formal.

El rechazo por lo “mágico”, que había predominado en la creación literaria de las últimas décadas, llevó a Sabines a enfocarse en lo emocional y en la expresividad, lo cual se apreció en sus siguientes libros: “La señal” (1951), “Adán y Eva” (1952), “Tarumba” (1956), “Diario, semanario y poemas en prosa” (1961) y “Recuento de poemas” (1962), entre otros.

A los 26 años, el joven escritor regresó a su estado natal Chiapas, donde residió durante siete años, uno de ellos consagrado a la política y los restantes como vendedor de telas y confecciones.

En 1965, la compañía discográfica “Voz Viva de México” grabó un disco con algunos de sus poemas a los cuales dio voz; en este periodo Sabines reforzó su figura de creador pesimista y su tristeza frente a la obsesiva presencia de la muerte.

Ya con un estilo definido e identificado por los lectores, el poeta publicó en 1972 “Mal tiempo”, obra en la que esboza un “camino más activo y espléndido”, fundamentado en el ejercicio de la pasividad; una vía que lleva a descubrir la vida.

En los siguientes años las publicaciones continuaron para el vate, quien en 1973 lanzó “Algo sobre la muerte del mayor Sabines”, poema casi narrativo en el que su padre es el protagonista del mundo y de la vida, y al que le siguieron “Nuevo recuento de poemas” (1977) y “Poemas sueltos” (1983).

De acuerdo con el portal “biografiasyvidas.com”, otro de los intereses del poeta fue el escenario político nacional, del cual formó parte en 1976 luego de ser elegido diputado federal por Chiapas, cargo que ostentó hasta 1979. Años más tarde, en 1988, el pueblo mexicano lo volvió nombrar diputado, pero esta vez de un distrito de la Ciudad de México.

La obra de Sabines fue merecedora de diversos premios entre los que destacan: el Xavier Villaurrutia (1972), el Elías Sourasky (1982) y el Premio Nacional de las Letras (1983).

Los últimos días de vida del destacado poeta mexicano estuvieron dedicados a luchar contra el cáncer y finalmente, el 19 de marzo de 1999, Jaime Sabines murió días antes de cumplir 73 años de edad.

Una pequeña muestra poética

Sabines utiliza las expresiones cotidianas, el habla común, la simple frase que se dice a los amigos que encontramos en la calle o en el trabajo, incluso palabrotas jamás antes vistas en la lírica. Nada de cultismos pretensiosos o giros estilísticos refinados o selectos. Lo suyo fue el verbo salido del corazón, en arranques de rabia o impaciencia, acariciadoramente esperanzado, humanamente resignado, siempre firme ante la realidad concebida como un azar.

AMOR MIO

Amor mío, mi amor, amor hallado
de pronto en la ostra de la muerte.
Quiero comer contigo, estar, amar contigo,
quiero tocarte, verte.

Me lo digo, lo dicen en mi cuerpo
los hilos de mi sangre acostumbrada,
lo dice este dolor y mis zapatos
y mi boca y mi almohada.

Te quiero, amor, amor absurdamente,
tontamente, perdido, iluminado,
soñando rosas e inventando estrellas
y diciéndote adiós yendo a tu lado.

Te quiero desde el poste de la esquina,
desde la alfombra de ese cuarto a solas,
en las sábanas tibias de tu cuerpo
donde se duerme un agua de amapolas.

Cabellera del aire desvelado,
río de noche, platanar oscuro,
colmena ciega, amor desenterrado,

voy a seguir tus pasos hacia arriba,
de tus pies a tu muslo y tu costado.

Fuente: (Notimex y Redacción Azteca 21)

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