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Espectáculos - February 11, 2013

“Compañía Nacional de Danza” vuelve a embelesar con coreografía homenaje a Francisco Gabilondo Soler, “Cri-Cri”

El Palacio de Bellas Artes se vistió de gala para recibir a Cri-Cri, el grillito cantor, personaje inmortalizado por Francisco Gabilondo Soler (1907-1990), quien en la actualidad sigue convocando aun a pequeños que no crecieron escuchándolo cuando él aún vivía.

El fin de semana pasado, la Compañía Nacional de Danza (CND) le rindió homenaje a este autor clásico de melodías infantiles, con una coreografía de José Luis González, quien le puso danza a algunas de sus más célebres canciones.

Como ya es costumbre, cada vez que hay un espectáculo en el Palacio de Bellas Artes los revendedores se hacen presentes para interrumpir el paso de las familias apuradas por ingresar al recinto. Ninguna autoridad evita el negocio, y en el mejor de los casos solo les piden que se alejen de la explanada del lugar. Se hacen de la vista gorda y la jornada continúa sin sobresaltos.

Mientras tanto, decenas de niños y niñas ingresan al sitio: cantan, bailan; agarrados de las manos de sus padres, los empujan y jalan, ya quieren sentarse en su lugar para poder ver al Ratón Vaquero, al Negrito Sandía, a la Negrita Cucurumbé, a la Muñeca Fea, al Niño Chillón y al Chorrito, entre otros personajes de Gabilondo Soler.

Una vez adentro de la sala principal, una niña de unos tres años sube al escenario y hace piruetas dignas de Elisa Carrillo. Otros dos chiquitos miran atentos el escenario; ella le dice: “Algún día yo seré bailarina de la CND y bailaré en Londres”.

La función inicia con un fuerte aplauso para los más de 40 bailarines que durante una hora harán el deleite de chicos y grandes. Enseguida se hace una presentación particular del personaje de Cri Cri, quien será nuestro guía en un viaje por culturas y ritmos que va de una prisión norteamericana al desierto de Arabia, pasando por el trópico y la gran China. La sesión danzística —que cuenta con la escenografía de Alain Kerriou y el vestuario diseñado por Jerildy Bosh—, que incluye la presencia de algunos de los personajes más célebres de Gabilondo Soler, inicia con “El Ratón Vaquero” y su escapatoria de la cárcel. El público acompaña con las palmas la animada música y la habilidad de los danzantes.

Los bailarines que representan esa primera parte de la coreografía hacen un gran despliegue de destreza al realizar dobles piruetas permanentemente. El público se entusiasma ante su destreza.

Uno de los personajes más entrañables de Cri Cri es la abuelita de “Di por qué”. Al salir al escenario, los suspiros de la gente llegan hasta los 11 bailarines que acompañan a la viejita que llora a ratos.

La niña que será parte de la CND, canta con la emoción de alguien que hace mucho no ve a un ser querido, mientras le explica a su hermano menor quién es cada personaje.

Minutos después, “El Negrito Sandía” aparece con toda su picardía. Con ritmo tropical la CND hace que la gente aplauda y se ría con las locuras de este deslenguado personaje; pero pronto aparece “El Negrito Bailarín” para disputarle el amor de “La Negrita Cucurumbé”.

Después surge de la parte trasera del teatro un dragón chino que atraviesa los pasillos de la sala; se roba la función, nadie esperaba algo así. Resulta muy emocionante, tanto que podría decirse que la canción “Chong Ki Fu” sirvió para participar en los festejos del año nuevo chino que se hacen en el Centro Histórico.

La danza casi termina con “La merienda”, una de las melodías favoritas del coreógrafo. Finalmente, los bailarines de la CND, caracterizados como los personajes de Cri Cri, se unen para danzar festivamente “El Ratón Vaquero” y lanzar varias pelotas gigantes de colores que recorren el recinto bajo el impulso gozoso de niños y adultos. El confeti cae, la música cesa y los miembros de la CND se turnan para recibir la emocionada ovación de un público que ha vuelto a embelesarse con la obra de un clásico: el Grillito Cantor.

Un clásico infantil
De entre las 240 melodías de Cri Cri, para hacer la puesta en escena se escogieron 15 de las más representativas.

Aunque en esta ocasión la música no fue en vivo, los arreglos fueron hechos originalmente por Eugenio Toussaint.

La coreografía se estrenó en 2007, como homenaje en el centenario del natalicio de Francisco Gabilondo Soler.

Fuente: (milenio.com/Emiliano Balerini Casal)

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