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Entrevistas - January 29, 2013

Víctor Ibarra, compositor tapatío que armado de valor y sin recursos, marchó a Francia donde ahora triunfa a sus 34 años

El periodo más largo de permanencia en una misma ciudad sucedió en Colima, cuando Víctor era un adolescente. Entró a la secundaria y ahí aprendió a tocar la flauta. La sensación de saber que daba vida a unas notas musicales le cambiaron la vida para siempre.

Nadie en casa era afecto a la música. A los 14 años de edad compró su primer disco, uno que contenía sinfonías de Beethoven. Se volvió entonces en un joven extraño para muchos de sus compañeros.

Siguió con Verdi, con Ravel, con Mozart, con las obras que, dice, todo el mundo ha escuchado alguna vez. Y no se detuvo.

Un día decidió estudiar música y convertirse en un flautista profesional, pero Colima no era entonces el lugar ideal para convertirse en uno. Se fue a la Ciudad de México e ingresó a la Escuela Nacional de Música y al Centro Cultural Ollin Yoliztli. Esa época, cuenta el compositor en entrevista telefónica desde Lyon, Francia, fue sólo el inicio de un largo camino.

Ahí, supo que su vocación sí era la música, pero no como instrumentista, sino como compositor.

Ibarra ha sido un joven inquieto, tal vez tantas mudanzas que lo llevaron lo mismo a Monterrey, Coahuila y Tamaulipas que a Colima y al Distrito Federal, le dejaron la necesidad de estar en constante movimiento. Así que, paralelamente a sus estudios musicales consiguió un intercambio en la Alianza Francesa para estudiar francés, él ofrecería un par de conciertos, el instituto le enseñaría el idioma.

“Siempre quise hablar francés porque yo tenía un maestro que nos enseñaba a muchos escritores de ese país y un día dijo que la literatura hay que leerla en su idioma original para que seas capaz de comprender mejor las obras. Esa idea se me quedó y me volví admirador de todo eso, desde entonces tuve la inquietud de conocer Francia, aprendí a dominar el idioma y busqué la forma de irme”, dice. Cuando el país dejó de ser la opción para seguir estudiando composición tomó la decisión de marcharse, pero no tenía dinero. El viaje tuvo que prolongarse y para obtenerlo se fue a Matamoros a dar clases de música durante dos años. Allá conoció a su esposa y después concursó para una beca en la Escuela Normal de Música de París y la ganó.

En 2007, recién casado, voló a Francia. La beca no era suficiente para mantener a dos, así que tuvo que echar mano de actividades paralelas a su carrera y durante un tiempo fue lavaplatos en un restaurante italiano de la ciudad.

“Conocí a un compañero que también tenía que trabajar para poder tener una vida más tranquila, allá todo es muy caro, el alquiler de un departamento puede ser imposible para un estudiante, él me dijo que en ese restaurante podía trabajar y así lo hice durante un tiempo, porque buscamos apoyo en la Casa de México en Francia y nos ayudaron con alojamiento”, cuenta.

Hoy, el compositor mexicano Víctor Ibarra, de 34 años de edad, estudia en el Conservatorio Superior de Lyon, y hace su doctorado en Ginebra y es uno de los compositores jóvenes con presencia en Francia.

Próximo estreno

En 2011 ganó el primer premio Internacional de Composición del Auditorio Nacional de Música-Fundación BBVA en España, uno de los más importantes de ese país por su monto, 30 mil euros. Como parte del premio la obra ganadora sería además interpretada por la Orquesta y Coros Nacionales de España en la temporada 2012-2013. El concierto tendrá lugar en el Auditorio Nacional de Música de Madrid los próximos 1,2 y 3 de febrero.

“Mi vida en Francia ha sido muy buena por una razón muy importante, mi esposa. Estar casado con una mexicana me ha ayudado a mantenerme emocionalmente bien, en casa hablamos español, procuramos hacer muchas cosas que tienen que ver con nuestra cultura. Y como compositor creo que mi nacionalidad sí ha marcado una diferencia en este país porque cuando llegué le presenté mi primera obra que escribí a la maestra Edith Lejet y no sé qué era lo que esperaba escuchar de un joven que venía de un país tan lejano y distinto a Francia, pero le gustó y fue ella la que me dijo que debía entrar al conservatorio y por eso pedí mi solicitud”, recuerda.

Calificó para el Conservatorio de Lyon y para el de Ginebra, academias que sólo aceptan a los mejores músicos. La respuesta fue positiva en las dos escuelas.

“Es inevitable, no es un cliché ni un lugar común, la fuerza latina tiene un gran impacto porque es diferente y porque la consideran muy viva, al menos mi trabajo lo han recibido muy bien y he podido conseguir que varios músicos toquen mis obras”, cuenta el compositor jalisciense.

En México la obra nueva suele tener un destino fatal, se estrena una vez y se guarda en las gavetas, salvo que existan festivales dedicados a lo contemporáneo. Ibarra, asegura, que es un fenómeno que se extiende al mundo de la música. “Aquí también es muy difícil que las obras tengan una fácil salida, pero uno no puede dejar de hacer las cosas o sólo crear pensando en las becas o en darle gusto a una orquesta, un ensamble; mi necesidad es escribir, es lo que hago, es lo que soy y sigo adelante. Por suerte, mi obra ha sido escuchada por mucha gente, pero también sé que se debe a que soy un músico muy dedicado”, dice.

Ganador de premios, que ha conseguido que toquen su obra en países como Austria, Alemania y Reino Unido, Ibarra explica que su obra tiene un interés estético muy definido: el diálogo entre lo visual y lo musical. De hecho, Silensis, que se estrenará en España, está basada en obra de Antoni Tapies. “Estudio el imaginario visual, me interesa mucho la obra plástica. Por ahora aquí seguiré, escribiendo y abriéndome camino en este país, pensando siempre en el mío”.

PARA SABER
El camino

Formación. Ibarra nació en Guadalajara en 1978.Estudió Flauta en la Escuela Nacional de Música de la UNAM con Rubén Islas y Composición con Herbert Vázquez y José Luis Castillo Rodríguez, completando su primera etapa académica con Edith Lejet en París y con importantes compositores e intérpretes. Actualmente estudia doctorado en el Conservatorio de Ginebra con Michael Jarrell.

Reconocimientos. Entre los más sobresalientes se encuentran el Premio Nacional del Festival de Composición de Morelia, el Premio “Rodolfo Halffter”, el Premio INJUVE-CDMC y el Premio Zeitklang. Su trabajo se ha interpretado en México, Reino Unido, Estados Unidos, España, Francia, Austria, Alemania y Suiza por ensembles como el Cuarteto Arditti o el Ensemble Intercontemporain, entre otros.

Fuente:  (informador.com.mx)

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