Home Toros y Deportes En la Monumental México… Fermín Rivera, sencillamente luminoso
Toros y Deportes - January 7, 2013

En la Monumental México… Fermín Rivera, sencillamente luminoso

Una de las frases más socorridas, pero menos certeras en cuanto a la plena visión de lo que al arte se refiere, es aquella de Bergamín que indica sobre la música callada del toreo, seguramente haciendo una metáfora con relación a que el arte de la tauromaquia es también música; como igualmente es poesía, e inequívocamente arquitectura en su desarrollo y por las formas que la conforman, las que también llevan a la escultura en movimiento en cada instante que aparece la manifestación del artista. Por ello, hay ritmo, cadencia y armonía; y no puede ser callada.

¡No podría ser callada!

El toreo no puede ser una música callada, porque es una manifestación tan estentórea, tan sublime, tan arrebatadora, tan rica en matices, que por sí misma conmueve, emociona y conduce a trascender en los caminos de la sublime locura a los convocados por el artista.

Si fuera callada… nadie se daría cuenta de su existencia.

Esto es justamente lo que vivimos este domingo en cuestión en la Monumental México, cuando Fermín Rivera nieto, ha conseguido consumar una imponente propuesta artística de alcances inimaginables, porque el toro que tuvo frente a él no tenía nada que ofrecer.

No… no había nada que hacer, y lo más sencillo hubiera sido que Fermín tras mostrar la plausible voluntad, abandonara todo, y nadie le habría recriminado; pero el artista tiene un sentido que le lleva a entender que el reto va más allá de lo que el común de los mortales comprenden, y fue por eso que consintiendo a un inválido, a un descastado ejemplar, ha conseguido iluminar, demostrando que el toreo es grandeza.

¡Qué faena más buena!, ¡más radiante!, ¡más inteligente!, ¡más serena!… ¡sí!, serena, con un inválido, todo lo que tuvo que hacer Fermín, mantenerlo en pie, encelarlo para que anduviera, aguantar el paso lentísimo de la embestida, y después de todo… ¡crear arte!

Cada trazo que iban apareciendo en los sentidos momentos escultóricos, resultaron una experiencia inenarrable para el gozo del espíritu.

No hubo falsas poses ni demagogias baratas.

¡Hubo verdad!

Sí, una irrebatible verdad que hizo trascender la propuesta del artista, haciendo cimbrar a la Monumental México, y tañer las campañas de gloria, demostrando a través de su creación que la tauromaquia es arte.

Sí, arte como por ejemplo, cuando surgieron esos naturales tan asombrosos como estruendosos. Largos, sentidos de una avasalladora pasión que enloqueció a la asistencia. Y con la derecha, qué decir, se fueron sumando paso a paso cada pase, brillando en el inmediato porvenir, con el fundamento del contenido y fascinando con la belleza de las formas.

Porque en el arte, la consecuencia necesaria de la creación es la estética, y cuando surge con esta estentórea verdad quedamos en estado de gracia y… en paz con uno mismo.

Por lo anterior, por tan aleccionador espacio de luz, debo decir que tampoco creo en aquella frase de Belmonte, que asegura que el torero se abandona cuando torea.

¡No!… no puede ser.

Quizá se pudiera abandonar, si al menos agregara algo externo a su ser, algo que en verdad fuera superior a sus sentimientos y a sus sentidos, y le obligara a abandonarse quedando fuera de sus cabales, y por lo tanto, por ese abandono no tendría tiempo de existir.

A ningún artista le ocurre eso del abandono, porque cuando surge la creación, es cuando está más con él, está más con su luminosa esencia que le hace vivir momentos que sólo él percibe, que sólo él entiende… que sólo él comprende.

De lo que sí se olvida es de la existencia de los que estamos a su alrededor, porque somos extranjeros en su creación; porque sólo tiene tiempo, entendimiento y comprensión para él, para oficiar a través de la liturgia y plasmar su luminosa obra que se está gestando por medio de su avasallante inspiración, con el fuego de la pasión entendida.

Y con ello, se explica aquella maravillosa frase existencialista que dice todo…

cuando un artista crea es el centro del universo.

Y así vimos en medio de ese redondel avivado por el fuego de la pasión del artista a, Fermín, en la absoluta concertación, en la total comunicación con él. Tanta verdad expuesta no era coincidencia, sino la entrega misma, permanente, y por ello, pudimos ser ungidos de su arte.

En este luminoso contexto que nos guió, Fermín Rivera nieto -quien volvió a estar imponente con su pésimo segundo-, no tenían tiempo de existir Capeita, a quien el buenazo de Gilber, con la preocupación que le caracteriza por las estadísticas de los toreros, tras una faena simplista, abusando del pico de la muleta, toreando a suficiente distancia para recordar que en la distancia está el olvido, y un espadazo más que habilidoso, le dio una oreja que al final sería protestada, y que por supuesto, en nada le servirá por esa falta de sustento; y por ello, no pudo decir nada con el quinto.

Como falta de sustento también mostró, Christian Ortega, que no debió haber venido a comparecer en el coso titular del México, tiene un buen apoderado, pero no basta con sólo con eso; hay que hacer mucho más para convencer de que se es torero. Dio tanta pena verle en la absoluta indefensión delante de dos toros a los que únicamente tenía que poderles, pero eso que parece tan sencillo, en Christian resultó un océano interminable de indecisiones, y sobre todo, su segundo toro que le pudo cambiar la vida, le recordó que no es por ahí.

Lo aleccionador para todos, ha sido la luminosa comparecencia de, Fermín Rivera nieto, quien nos convenció de que es torero… POR LA GRACIA DE DIOS.

Fuente: (torosenelmundo.com)

@PERIODISTAURINO

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *