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Columnista Invitado - November 13, 2012

Iniciativa de reforma legal para prohibir las corridas de toros

Normalmente el tema no daría para mucho, sería simplemente un pretexto para que los verdes justifiquen tal nombre, sin embargo, considerando el éxito de esfuerzos similares en Barcelona y su presión en el D.F. vale la pena dejar en claro por qué dicha propuesta es incorrecta antes de que tome fuerza.

Coincido en buena medida con la opinión de los anti taurinos, hay muchos elementos de la llamada “fiesta brava” que me parecen verdaderamente deleznables, no encuentro divertido ni artístico ver sufrir a un animal indefenso –y tampoco al toro-.  Por eso nunca he pagado por asistir a una corrida, pero de ahí hay exigir que la ley las prohíba hay mucho trecho.

El problema de fondo es similar al que comentábamos la semana pasada, una vez más los ecologistas, en su loable pero desviado celo por proteger al medio ambiente, se llevan entre los pies la libertad de los seres humanos, ponen, en este caso, a los toros, antes que a las personas y eso es una peligrosa tontería.

En su seudo religioso culto a la naturaleza, los verdes, en el mundo entero, están dispuestos a poner en riesgo no solo una “diversión” como el toreo, sino el empleo, las tradiciones, las opiniones y la libertad de millones de personas, convertidos en sacrificios involuntarios ante el altar de la “madre naturaleza”.

No, amigos ecologistas, la naturaleza no es nuestra madre ni nuestra abuela, vamos, ni siquiera nuestra suegra, es simplemente una herramienta que debemos proteger no por el bien de los conejillos y las hadas del bosque, sino porque de ella depende la subsistencia, el bienestar y la calidad de vida de las personas.

En este caso intentan prohibir las corridas de toros, pero el mismo razonamiento es utilizado por PETA y el resto del movimiento “verde” a nivel internacional para impedir, entre otras cosas, el uso de animales en investigaciones médicas, poniendo en riesgo la vida y la salud de millones de personas. Y eso no se vale.

Los animales son eso, animales, no tienen derechos ni obligaciones, no cantan, bailan ni recitan poesía como en las películas de Disney, simplemente siguen su instinto y tratarlos como algo más es mera cursilería que, cuando se convierte en ley, adquiere un inocultable tufo a tiranía o, al menos, a demagogia.

En otras palabras: la protección del medio ambiente no debe realizarse a expensas de la gente; la vida, la libertad y la propiedad de los seres humanos son primero, Bambi va después.

Ahora, que si vamos a ponernos exagerados, la pregunta obvia para los verdes sería ¿se bañaron hoy? Pues, si lo hicieron –ojala que sí- asesinaron a millones de animales, muchos más que todos los toros utilizados en las lidias desde hace miles de años en la isla de Creta y lo hicieron simplemente para sentirse limpios, con un motivo tan egoísta como el de quienes acuden a las corridas de toros: simplemente porque les gusta.

Los verdes tienen todo el derecho a pensar que las corridas de toros son un acto barbárico y a promover su punto de vista, pero no a imponernos esa opinión en la ley. El acudir o no a la fiesta brava debe ser decisión de cada quien y, amigos ecologistas, lo maravilloso de respetar la libertad es que, si logran convencer al público, este sencillamente dejará de acudir a las plazas y ahí se acabará la faena, sin necesidad de legislaciones, gritos ni sombrerazos.

No dudo que los diputados del PVEM sean bien intencionados y comparto muchas de sus inquietudes respecto a la fiesta brava, pero la prohibición no es el camino. Si realmente quieren lograr un cambio La receta es muy simple: no vayan a las corridas, no compren boletos y hablen con sus conocidos para intentar convencerlos, los aficionados a la fiesta brava harán lo propio y, al final del día será la decisión de los ciudadanos la que marque el rumbo. ¡Olé!

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