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Buenas Noticias - November 10, 2012

Recupera su esplendor el extraordinario retablo del altar del Templo de San Martín de Tours, en Huaquechula, Puebla

La inversión hecha por el Instituto para los trabajos de conservación fue de 2 millones 240 mil pesos, y mediante la labor de un equipo de restauradores se logró devolverle belleza y unidad estética a dicho altar que mide 14 metros de altura y 10.5 de ancho.

El retablo de Huaquechula se integra por cinco relieves de más de 400 años de antigüedad, 18 óleos sobre tela —17 de ellos hechos en 1675 por Villalpando—, y cuatro esculturas de diversas temporalidades.

La restauradora Amalia Velázquez de León Collins, directora de Conservación e Investigación de la Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural (CNCPC) del INAH, informó que además de su antigüedad, el altar sobresale “por su riqueza ornamental, que consiste en corladuras de plata con pigmentación roja, amarilla y verde que le da un brillo homogéneo y singular”.

“Esta técnica —abundó— fue un recurso decorativo común en la Nueva España durante el siglo XVI, pero hasta el momento no la habíamos encontrado en tal magnitud, es decir, decorando toda la pieza, solo como parte de algunos detalles, como es el caso del retablo de Huejotzingo, en Puebla, también del siglo XVI”.

La experta indicó que previo a la restauración de la pieza, se hicieron estudios de la estructura del retablo, con el objeto de saber el tipo de madera con que fue elaborado, conocer su policromía original y determinar si presentaba debilitamiento por ataque de termitas.

Asimismo, a los lienzos se les hicieron análisis de rayos X para obtener información precisa sobre las capas pictóricas; estudios de luces para visualizar las variaciones de barnices y repintes, y muestras estratigráficas que en microscopio permitieron precisar los elementos constitutivos de los pigmentos, la densidad del tejido y el tipo de tela.

La restauradora Amalia Velázquez detalló que una vez obtenidos los resultados, se hicieron los diagnósticos del grado de deterioro de cada elemento. “En el caso de las 18 pinturas de caballete, se encontró que una de ellas no fue hecha por Cristóbal de Villalpando, pues la manufactura y antigüedad no corresponden a la época en que él produjo sus obras; se trata del cuadro de Los Desposorios, fechado para finales del siglo XVIII”.

De acuerdo con la experta del INAH también se encontraron algunos repintes poco afortunados, consecuencia de por lo menos dos intervenciones anteriores, la primera hecha a finales del siglo XVIII, y la segunda en 1886 por Antonio de Padua García, según se sabe por su firma localizada en una de las pinturas.

“Debido a que las obras pictóricas tienen pérdida de los fondos, se decidió respetar los repintes hechos en el siglo XIX; además se les dio estabilidad estructural, una limpieza detallada y una ligera reintegración de color”, anotó Velázquez de León Collins.

Por su parte, Pablo Vidal Tapia, restaurador que se encargó de coordinar las intervenciones, refirió que las obras pictóricas —con escenas de la vida de la Virgen María y de santos franciscanos— corresponden a las primeras que hasta ahora se conocen, creadas por Villalpando, “por lo que su estudio permitirá a investigadores de arte e historia saber cómo fue la evolución artística del pintor novohispano, y advertir cómo fue su técnica en los comienzos de su carrera”.

En lo que respecta al estado de conservación que presentaba el retablo, el especialista dijo que éste sufrió una serie de intervenciones: primero en el siglo XVII, cuando las pinturas sobre tabla, que quizá tuvo originalmente, fueron sustituidas por las de lienzo hechas por Villalpando; y posteriormente, en el siglo XIX, cuando las obras pictóricas fueron repintadas y la estructura del retablo retocada con color blanco para darle una apariencia neoclásica.

“Los principales deterioros del altar eran algunos desajustes estructurales menores, ataque de termitas a nivel superficial, y —principalmente—, repintes burdos de pintura de cal que impedían ver la policromía original, integrada por tonos rojos, amarillos y verdes sobre corladura de plata”, puntualizó el restaurador Pablo Vidal.

Para atender el deterioro, dijo, primero se hizo la fumigación del retablo y de la iglesia completa, a fin de combatir cualquier presencia de termitas; se quitaron los repintes y se hizo una limpieza fina; posteriormente se restituyeron los faltantes en las tallas y molduras con cedro, y se fijó y consolidó la policromía rescatada debajo de la pintura de cal; finalmente, se puso hoja de oro donde fue necesario.

Vidal Tapia precisó que los cinco relieves de madera —cuatro de ellos correspondientes en la parte inferior y con representaciones de los 12 apóstoles, y uno en la parte superior, con la figura de Dios Padre— también presentaban ataque de insectos, faltantes en tallas, un recubrimiento de tono blanco que impedía observar la corladura original, y suciedad.

En este sentido, los especialistas del INAH se encargaron de dar estabilidad a la madera y de aplicar injertos de cedro en las partes faltantes, eliminaron la capa blanca para dejar visible la corladura verde original del siglo XVI, y limpiaron a profundidad.

“En tanto las cuatro esculturas de madera —que representan a San Miguel Arcángel (siglo XVII), San Francisco (siglo XIX), San Martín de Tours y un Cristo— fueron sometidas a un proceso de limpieza para recuperar su brillo original; solo a la obra del arcángel hubo necesidad de reponer el antebrazo derecho y las alas, pues las que tenía no le correspondían”, abundó Pablo Vidal.

Por último, durante los trabajos de restauración del retablo de Huaquechula, también se registró y consolidó la pintura mural que se halló detrás de éste, conformada por una cintilla de flores y medallones con emblemas del siglo XVI.

Fuente: (INAH)

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