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“Mi centenario y mi bicentenario”: “El Palacio Nacional”, un “vademécum” de gran valor histórico y testimonial que se disfruta de principio a fin

En esta ocasión, comentaré un pequeño volumen que llegó a mis manos en una de mis búsquedas de libros acerca de la ciudad de México. Al ver su portada, me atrapó de inmediato la fotografía a color del Palacio Nacional: se aprecia la cualidad diáfana del aire, hay pocos automóviles y personas y ¡no hay estación del metro! El título en cuestión es “El Palacio Nacional”, que, según los datos incluidos en el libro, formó parte, con el número 3, de la “Biblioteca Popular de Arte Mexicano”, dirigida por Enrique F. Gual –reconocido e importante crítico de arte de origen español llegado a México por motivo de la Guerra Civil Española–. Desafortunadamente, no se mencionan los dos títulos previos ni se anticipan otros de la colección.

La impresión del libro se realizó en diciembre de 1959 bajo el sello de Ediciones Espartaco S.A. México. El tiro fue de tres mil ejemplares. Por supuesto, su importancia primera consiste en la serie de fotografías que se incluyen, las cuales nos permiten contrastar los cambios sufridos por ese inmueble con el paso de los años. Son 36 fotografías en blanco y negro de diversos detalles y aspectos del Palacio Nacional, cuyos autores fueron A. Montes de Oca y Agustín Maya –probablemente el mismo que acompañó a la investigadora Henrietta Yurchenko en algunos de sus viajes por nuestro país–.

Pero el breve texto preliminar no tiene desperdicio. Dadas las características señaladas, lo más evidente es suponer que fue autoría de Fernández Gual. Hace recordar a Baltasar Gracián: “Si lo bueno, breve, dos veces bueno”. En muy pocas páginas hace una historia sucinta del edificio y menciona que fue construido sobre el Palacio de Moctezuma, destruido a la caída de la Gran Tenochtitlán. Nos recuerda que el conquistador ibérico, en una de sus “Cartas de Relación”, señalaba que ese palacio azteca no tenía “semejante en España en grandeza y bondad”.

También, al realizar un repaso histórico, indica que, ya construido por Cortés el actual,  en él se efectuaban obras dramáticas, óperas, conciertos y hasta corridas de toros; que ha tenido varias reconstrucciones; que ahí se firmó el Acta de Independencia en 1821; que fue Cámara de Diputados y de Senadores; que un general gringo lo infamó en 1847; que Maximiliano lo embelleció notoriamente; que fue observatorio astronómico en tiempos del general Díaz; que fue escenario de la Decena Trágica; que los presidentes Plutarco Elías Calles y Abelardo L. Rodríguez realizaron cambios importantes, como dotarlo de la actual fachada de tezontle…

Sin duda, un vademécum de gran valor histórico y testimonial que se disfruta de principio a fin, bien escrito, bien impreso y buenas imágenes. De calidad. A 52 años de su aparición pública, preserva el mismo encanto original. Ah, un dato curioso: es un libro bilingüe: el texto está traducido al inglés. ¡Qué popular…! O, tal vez, estaba dirigida al turismo y por eso no abundan los ejemplares en nuestro país. Por mi parte, no había tenido ocasión de toparme con ninguno, hasta ahora…

Comentarios a esta nota: gregorio.martinez@azteca21.com

Foto: Portada de un librito fascinante.
Cortesía: Ediciones Espartaco S.A.

Nota patrocinada por:
Librería Mavari
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