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Libros - October 1, 2012

Publican “Remedios Varo: Los años en México”, lujosa monografía acerca de la gran pintora surrealista

Editada por RM, la lujosa obra consta de casi 120 páginas en las que se pueden apreciar reproducciones de obras como “Tejido espacio-tiempo” (1954), “Revelación o El relojero”, “Música solar”, “Roulotte”, “Ciencia inútil o el alquimista”, “Trasmundo”, “Ruptura”, “Ermitaño” y “Hallazgo” (1955); “Armonía” y “Cazadora de astros”, de 1956.

“La huída”, de 1961; “Fenómeno” y “Tránsito en espiral”, de 1962; “Invocación” de 1963, y “Fenómeno de gravidez”, de 1963, son otras de las imágenes que dan cuenta de la grandeza pictórica de Remedios Varo.

También se recogen testimonios sobre la artista, a partir de su llegada a México en 1941, en el barco que, procedente de Casa Blanca, la trajo a ella y al surrealista francés Benjamín Péret, como parte de una ola de refugiados sin precedente de la antigua República Española.

El texto de Nonaka recuerda a la figura de Varo en palabras de Leonora Carrington, quien la consideraba como una muy buena persona que no tomaba muy en serio su propio talento.

Habla de su salida de México en 1947, para participar en una expedición científica auspiciada por el IFAL, trabajando como ilustradora para el Ministerio de Sanidad y Asistencia Pública de Venezuela, investigando bacterias patógenas, produciendo dibujos para una campaña nacional antimalaria.

Luego se le encargaría una campaña para Bayer México, en la que ilustró folletos y anuncios, lo que, señala, pudo haber estimulado sus poderes de raciocinio e imaginación, en una época en la que también hizo gauches que ya presagiaban algunas ideas que después dieron forma a su producción madura.

Narra igualmente su encuentro con Carrington en la casa de André Bretón en París y luego en México, donde descubrieron realmente sus afinidades y como después, al lado de Kati Horna se adueñaron de la escena artística.

El volumen recuerda que Octavio Paz llamaba a Varo y a Carrington, hechiceras, y se refería a ellas como “Insensibles a la moral social, a la estética y al precio, Leonora Carrington y Remedios Varo atraviesan nuestra ciudad con un aire indecible y suprema distracción. ¿A dónde van, adonde las llaman imaginación y pasión”.

Según el texto de presentación del volumen, un momento decisivo para Varo ocurrió a su regreso a México procedente de Maracay, a principios de 1949, pues conoció a Walter Gruen, un exitoso y generoso hombre de negocios que se interesó en su obra y le ofreció tanto apoyo como una oportunidad para dedicarse a la pintura, y cómo la aceptación de Varo le cambió la vida.

La artista creó entonces un estilo original al emplear técnicas automáticas en áreas predeterminadas para representar sus temas con efecto íntimo y alcanzar un universo altamente consciente.

Se dice que cuando subvirtió el principio del automatismo para explorar técnicas más sofisticadas, abandonó la “belleza convulsiva” del surrealismo provocada por sueños e instintos o el caos desorientado del inconsciente.

Entonces, sus cuadros muy trabajados, con su sutil ingenio, destilaban elegancia y libres de violencia, inspiraban sueños de poesía y magia, lo que les valió se muy bien recibidos tanto por el público como por la crítica, ganándose un lugar prominente en el arte moderno en México.

También aborda la inmersión de Varo en el Misticismo, cómo se interesó en el desarrollo interior balanceado e integral que Ivanovich Gurdjieff propugnaba y cómo hizo del músico y del pintor hacedores de milagros en cuadros como “Música solar” y “Creación de las aves”. Varo además pintó a varios perseguidores de la sabiduría interior, como en “Ermitaño” de 1955, o a un peregrino descalzo cruzando el desierto, en “Camino árido” (1962).

No obstante, Varo supo construir un puente entre ese misticismo y la mente moderna en cuadros sumamente inquietantes como “Descubrimiento de un geólogo mutante” o en “Planta insumisa”.

Pero esa lecturas místicas y alegóricas de la obra de Varo pueden ir más allá, señala la investigadora Nonaka, quien es especialista en el surrealismo en México, porque especialistas como Pauwles y Bergier anotan en “El retorno de los brujos”, que detrás de lo visible está lo invisible y complicado.

Es así que una mesa, una silla, el cielo estrellado, son, en realidad, radicalmente diferentes de la idea que nos formamos de ellos: sistemas de rotación, energías en suspenso, etcétera.

Varo, entonces, pudo estar representando el misterio del universo en el que astrónomos, físicos y filósofos naturales contemporáneos han estado trabajando.

Concluye que en el mundo imaginario de Remedios Varo, la frontera entre el misticismo y la ciencia moderna se disuelve, exactamente, donde su surrealismo y sus sueños poéticos comienzan.

Fuente: (Notimex)

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