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Del Toro - August 21, 2012

Morante dijo no

Morante dijo que no. Que no toreaba hasta que no se disolviese una manifestación antitaurina convocada a las puertas del coso de Málaga. Morante dijo no y sacó la cara por los miles de aficionados que cada día soportan vejaciones en nombre de quienes pretendidamente defienden los derechos de los animales tildándoles de ‘asesinos’ e ‘hijos de puta’ sin trabas de ningún tipo, con total impunidad, como si en este país que presume de democrático, plural y tolerante, el insulto fuese un salvoconducto de andar por casa. Con la complicidad de unas subdelegaciones de Gobierno que les amparan y autorizan y la pasividad de una policía que acude a estas cosas como si no fuera con ellos, como quien ve llover. Esos mismos que luego van a la plaza de tiros largos a echar la tarde, a fumar el puro y pasarle la mano por el lomo a las figuras. Pura demagogia, pura incoherencia.

Morante dijo que no. Que ya está bien. Que no se puede consentir tanta hipocresía. Que vale tanto la dignidad de un torero que expone los muslos, la dignidad de quien paga religiosamente su entrada en el tendido, como la de quienes acuden a echar pestes por la boca amparados en un derecho a la libertad manoseado y prostituido, si termina donde se cercenan las libertades y la dignidad de los demás.

Y no hace falta gritar más fuertes los ‘olés’ para disfrazar los insultos, ni soportar estoicamente dando la cara por la tauromaquia, una actividad legal, histórica, ecológica y económicamente necesaria, que seguramente amaron los abuelos de los que hoy difaman porque es tendencia, como lo es pintarse las uñas de negro, sin siquiera saber dónde hunde sus cimientos la verdad del toro. Morante dijo no y puso en vergüenza a toda la caterva que día tras día autoriza linchamientos públicos contra todo lo que gira en torno a la tauromaquia. Ellos son los culpables. Ellos, los de arriba; no quienes se concentran si la ley les ampara para hacerlo.

Son pequeños gestos, pero grandes gestos. Morante dijo no. Igual que Barrera vistió de gala una ikurriña convirtiéndola en muleta para hacer brotar de ella la verdad más pura: el hombre y el toro cara a cara, mirando a los ojos a la muerte. Esa verdad sin tiempo que no tiene país, que no tiene bandera, que no tiene nacionalidad. Déjennos ya en paz de mandangas políticas, saquen al toro de sus tejemanejes. Y no pisen más una plaza si permiten que fuera lluevan insultos y consignas no a favor de los animales, sino contra los propios hombres. Tengan al menos ese ápice de vergüenza y congruencia con lo que firman.

Nadie les pide que nos entiendan. Pero sí que nos respeten. Morante dijo no en Málaga. Quizá a partir de ahora quienes autorizan concentraciones de una parte de ciudadanos que atentan contra las libertades del resto, se lo piensen un poco antes de estampar el sello y cercenar nuestro derecho fundamental a ser lo que queramos ser.

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