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Por la Espiral - July 19, 2012

Replantear el consumo

Hace poco en una cena escuché a la esposa de un corresponsal de televisión señalar que soñaba con que, algún día, su marido tendría en su billetera una famosa tarjeta de color negro diseñada para grandes empresarios y en la que no existe tope de gastos. “Es como tener el mundo a tu alcance, no frenarte por pensar que hay algo que no puedas comprar”.
En mi interior pensé en esos grandes errores cometidos por los  asalariados que sueñan en ser, imitar y convertirse en la otra clase de los propietarios de medios de producción o de grandes fortunas que incluso suelen ser más cuidadosos y austeros (sobre todo tacaños) en su forma de gastar.
Entonces recordé que los asalariados solemos dibujarnos un mundo de bienestar ficticio, una burbuja que explota ante el asomo de una crisis económica (dejando a personas y familias en una situación vulnerable) y es  cuando reflexionamos que sin el salario de cada quincena no habrá forma de cubrir la hipoteca, el crédito automotriz ni siquiera para el mínimo de las tarjetas de crédito.
De seguir con estos patrones de consumo y de conducta, nunca estaremos lo suficientemente preparados para hacer frente a las caídas del ciclo económico. Simplemente analicemos el materialismo a nuestro alrededor: nos dicen que somos lo que poseemos, el clásico tanto tienes tanto vales; décadas tras década el ser humano vive con el estrés de pagar la hipoteca porque se trata, del patrimonio de los hijos –cuando los hay.
Los parámetros de una supuesta realización económica llevan mucho tiempo trastocados y las generaciones más jóvenes corren el mismo riesgo que sus padres de continuar con el mismo patrón de consumo.     Por eso es que ayudar a estas nuevas generaciones a liberarse del comportamiento económico de masas tiene mucho que ver con la educación y orientación que los padres transmitan a sus hijos, sobre todo porque los niños de entre 8 a 11 años de edad tienen padres que han pasado por lo menos, más de dos crisis económicas.
El conocimiento implica una transmisión generacional por ende, hay argumentos de base que pueden enseñarse como una advertencia para  evitar futuros errores, uno esencial: el crédito jamás será una extensión del ingreso y que el ahorro es la clave de la inversión y el camino para ser autónomos.
En un reciente editorial en España leí que esta crisis económica nos llevará a recuperar los principios básicos, a disfrutar nuevamente de las cosas más sencillas y olvidarnos de la obsesión por poseer.
Y es que, aún cuando organismos internacionales pronostiquen recuperaciones en el PIB de la mayoría de los países afectados,  lo cierto es que ningún gurú se atreve a decirle a una familia que todo lo que  perdió –comenzando por su empleo-, le será resarcido en el corto plazo.
En buena parte del mundo hay una destrucción de capital, social y moral y la recuperación será muy lenta. Por ejemplo, en México, el golpe de 1995 (-6.2% PIB)  y 2009 (-6.5% PIB) sigue lastrando la calidad de vida de los mexicanos de forma cuantitativa y cualitativa. No nos hemos recuperado.
Por tanto, nos queda seguir ajustándonos,  repensar una decisión de consumo y no sucumbir ante las tentaciones de temporada;  aprender a elegir,  tomar la opción correcta y valorar la importancia de la administración del presupuesto personal y/o familiar.  Llevar un patrón mensual de gastos ayuda para equilibrarlos ante el ingreso.
Estoy segura que cuando, usted amigo lector, aprenda a controlar su “yo consumista” y elija adquirir un bien tras un proceso de razonamiento en el que destacó las ventajas sobre de las desventajas, irá aprendiendo a ser un mejor ser económico dominando su “yo superfluo”.
De lo que se trata es hacer rendir el dinero, también recuperar los lazos afectivos por encima de los materiales; sentirse realizado no por el coche de marca o del año,  sino porque el trabajo proporciona muchas satisfacciones y la  vida en general brinda   recompensas cotidianas.
Esta larga crisis deberá llevarnos a replantear nuestra posición como consumidores, el comportamiento como seres económicos, la verdadera razón que nos hace humanos capaces de disfrutar sin necesidad de sacar la billetera o la tarjeta de crédito o regresar a casa con una docena de bolsas de la compra. Por que todavía las sonrisas son gratuitas.
P.D. Le invito a que opine del tema en mi blog http//claudialunapalencia.blogspot.com

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