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Libros - July 10, 2012

Poesía mexicana (19): “Otras horas”, de Jorge Valdés Díaz-Vélez

Generalmente, el texto que aparece en la contraportada o en una solapa de algunos libros y que versa sobre el contenido de éstos es ilustrativo y busca destacar sus virtudes para hacerlo más interesante al lector y así éste lo adquiera. Pero hay ocasiones en que puede cumplir cabalmente este propósito y añadirle un comentario de estricto valor literario. Creo que éste es el caso, por eso me voy a permitir reproducir textualmente lo que dicen una y otra, respectivamente, en “Otras horas” y en la página web de la editorial: “Con este nuevo poemario, Jorge Valdés Díaz-Vélez ofrece al lector la más intensa y depurada muestra de su quehacer poético. ‘Otras horas’ es un libro atravesado en varias direcciones por referentes universales que se transforman y se enriquecen gracias a la voz del autor: los cuatro elementos, las coordenadas de espacio y tiempo, la nostalgia y la esperanza, el recuerdo y el olvido, la música y el silencio, las certezas, las pérdidas, las distancias, el amor y una sensualidad de altos vuelos, dan fondo y forma a este conjunto de poemas en los que respira la Poesía con mayúscula, original, verdadera, eterna y habitable. En estos versos nada es sólo lo que parece: todo símbolo es múltiple, toda sugerencia se ramifica, cada palabra se puebla de significados insospechados y cada significado se oculta y se revela en las palabras, también en las no dichas.

“Jorge Valdés Díaz-Vélez (México, 1955) es uno de los poetas mexicanos más importantes de la actualidad. Autor de temáticas universales, cultiva una poesía apegada a las formas clásicas a través de las cuales ha ido experimentando hasta alcanzar una deslumbrante madurez poética. Traducido al francés, italiano, neerlandés, portugués, rumano e inglés, es autor de 11 libros de poesía; los más recientes son: ‘Los alebrijes (Madrid, Hiperión, 2007), ‘Tiempo fuera’ (1988-2005) (Universidad Nacional Autónoma de México, 2007) y Qualcuno va (Ed. bilingüe italiano-español, Foggia, Bari, Sentieri Meridiani Edizioni, 2010). Está incluido en las más relevantes antologías de poesía mexicana publicadas en Bélgica, Colombia, España, Inglaterra, Italia y México; entre otras, en ‘La poesía del siglo XX en México’ (Madrid, Visor, 2009) y ‘Mexican Poetry Today: 20/20 Voices’ (Londres, Shearsman Books, 2010). Se le han otorgado el Premio Latinoamericano Plural (1985), el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes (1998) y el Premio Internacional de Poesía Miguel Hernández-Comunidad Valenciana (2007). Es miembro de carrera del Servicio Exterior de su país. Ha ejercido como diplomático en las embajadas de México en Argentina, Costa Rica, Cuba y España, y en el Consulado General en Miami, Estados Unidos de América”.

Es cierto, muchas veces transcribir u ocupar lo que ya dijeron otros es útil para sumar caracteres, pero, en este caso, dada la dificultad de conseguir ejemplares y la pertinencia, ese ejercicio se justifica. A esas buenas notas añadiré algunas mías. En endecasílabos perfectos, el primer apartado, “Gymnopédies”, amén de la obvia referencia griega, clásica y musical, la voz poética nombra a Satie desde el primer poema y le confiere a éste y a toda la sección un aire musical, un movimiento pausado, un constante contraste entre el influjo de la luz y la evocación e invocación de instantes a través del sonido, de la palabra, de la composición. Esta última, en la obra de Valdés Díaz Vélez, desempeña un papel fundamental, tanto que varios podrían considerarse como verdaderos poemas-cuadros (¿impresionistas?). Parafraseando el título de una película mexicana, la poesía del autor mexicano es una hecha para sí y por sí misma como fin primario. El arte como medio y fin, como necesidad vital.

II

La música penetra los estantes,
acaricia el salitre de los techos
y vuelve al tragaluz un cielo falso,
un canto elemental a su infortunio,
páramo a la ciudad que afirma y niega.
Me levanto hacia mi estremecimiento.
Recojo la mirada en incorpóreas
esculturas del cuarto en que oscurece
el apátrida gris del tiempo humano.

La segunda sección, “Mirador”, de ambiente nocturno y espectral, es una lucha contra el tiempo o, mejor aún, un testimonio del artista que es, va siendo y dejando de ser en el tiempo. Como la música, estos poemas son en el tiempo, están hechos de sus astillas o instantes derramados, siempre con un halo de luz –nocturna–. En el tercero, hay ecos del “Nocturno de San Ildefonso”; por eso, homenaje poético, está dedicado a Octavio Paz. La lluvia, la ciudad, la tormenta, además de la noche, son los elementos o temas que aparecen una y otra vez. Como señalé que señaló antes el texto citado al inicio, es un canto a los sentidos. Sí, el poeta nacido en Torreón es un poeta sensual, autor de una poesía hecha por y para los sentidos.

XIII

Nada de lo que diga dará cuerpo
al milagro de un pétalo. Acaricio
su vértigo y temblor, su luz en fuga
hacia la oscuridad que asperja el día
y alumbra el refulgir de su deseo,
un latido solar de la belleza.
Suave punta dormida entre mis yemas.

En la tercera sección, “Insular”, el poeta utiliza métrica diversa (versos heptasílabos, tetrasílabos, eneasílabos, endecasílabos…) para poemas más independientes entre sí, cohesionados por esta misma condición, pero también amparados por temas o asuntos que se vuelven una presencia frecuente en su ejercicio literario: el sueño, la ciudad, Ulises, el amor, la música y sus variaciones, Cavafis –como personaje–, el mar, el tiempo como nostalgia o pérdida, el amor, la mujer, la flor, la rosa, el sexo… Poemas que, por su elaborada composición, podrían ser unas tarjetas postales de colección.

Rondó

II

Lenta, pero deprisa, la ruptura
del tenso amanecer dobla una rama
y subraya el contorno de la cama
con sus dedos turgentes. No hay premura

en el ámbar del viento ni en la impura
forma de plenitud. Sólo derrama
su fragancia la flor que arde en la llama
cautiva de raíz por su hermosura.

Desde su vastedad, llevo mi mano
hacia el pubis rosáceo de la aurora.
Voy hacia el corazón que se demora
en dar a su cadencia el fruto humano

de la noche que al irse difumina
el cáliz natural de cada espina.

Para cerrar “Otras horas”, título que toma de un verso –usado como epígrafe– del poeta español Ángel González, tenemos una serie de poemas cortos, tankas, que cumplen el cometido de una letanía del amor que nunca morirá mientras viva el amante: perseverar en la contemplación –reconstrucción– de los fragmentos –de nombres algo crípticos– que componen una historia de amor.

Citlali

Venus, arriba.
Entre la leche tibia
del horizonte

se dispone a volar.
Mariposa del alba.

Así, entonces, no fue gratuita la inclusión de los textos de la contraportada y de la solapa. Ante la poesía inteligente e intuitiva, sensual y sensible, cálida y evanescente, luminosa e iluminada de Jorge Valdés Díaz-Vélez no quedan más que la reverberación y el goce que sólo producen el arte y la certeza de la finitud de todos los instantes maravillosos que constituyen la vida. Como la poesía misma.

Comentarios a esta nota: gregorio.martinez@azteca21.com

Foto: Portada de un libro que es bello por fuera y por dentro.
Cortesía: Quálea Editorial.

Nota patrocinada por:
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