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Música - July 2, 2012

Memorias de un huapanguero: Nano Stern, trovador chileno, en el “Son para Milo” 2012

Pasados algunos días de ese encuentro fortuito, mas asaz agradable, inicié una charla con el cantautor andino, de quien he tenido la curiosidad por conocer su trabajo en el omnipresente YouTube, el cual, francamente, me ha gustado por la calidad de su letra y por la música con que las viste. Así, me han cautivado “Flor de cactus”, “Un gran regalo”, “Por ti”, “Los espejos”, “Azul”… En seguida, el intercambio de preguntas y respuestas.

Nano, ¿qué hiciste en México, fue la primera vez que venías? Háblame al respecto.

Fui a tu país invitado por la II Feria Internacional de Música (FIM) de Guadalajara. Viajé desde Chile con toda mi banda y dimos dos conciertos. Luego pasé por el D.F. en tránsito un fin de semana y justo caí parado en el Son para Milo. Pasé al D.F. a visitar a unos amigos, que conocieron pocos días antes a Alegre, un violinista, quien tocó ese domingo y nos invitó a asistir. ¡Fue una coincidencia maravillosa! Fue mi primera vez en México y espero que la primera de muchas más.

¿Asististe los tres días al Son para Milo?

No, sólo el domingo 3 de junio.

¿Qué te pareció, qué impresión te dejó?

Maravilloso, ver cómo la tradición está viva, la mezcla de sonidos, colores, olores y sabores que hacen que el son no sea sólo una creación costumbrista de museo, sino una manifestación real del impulso creativo de un pueblo tan rico como lo es el mexicano.

¿Ya tenías algunas referencias: conocías a algún grupo, músico…?

El mundo del son en México es nuevo para mí y lo voy descubriendo como un niño maravillado frente al mar. De lo poco que voy conociendo me impresiona el Trío Chicontepec.

El Trío Chicontepec, del maestro Rolando Hernández “El Quecho”, ¿lo oíste tocar o en disco? Vi que compraste algunas cosas en Son para Milo, ¿qué te llevaste?

Siempre ando en busca de música, pues donde hay música, hay músicos, y donde hay músicos, hay amistad (¡y generalmente una buena fiesta también!). Estando allí aproveché para comprar varias compilaciones de son, entre ellas la “Antología”, que me parece de un valor tremendo. Hace poco, de gira por Buenos Aires, compré las grabaciones editadas por Leda Valladares, que hacen lo suyo con el folclor argentino. Les recomendaría que consiguieran los discos de Margot Loyola, “La cueca” y “La tonada”, en los que ella recopiló muchas grabaciones del campo chileno. Asimismo, los discos de corte tradicional de la gran y única Violeta Parra, en los cuales ella interpreta magistralmente las canciones y danzas que fue aprendiendo a lo largo de nuestra loca geografía.

La relación entre México y Chile es o ha sido amplia, ¿qué te causa a ti México y su cultura, su música?

México me provoca muchas cosas. Para empezar, una enorme empatía y, por lo tanto, las ganas naturales de seguir estrechando el abrazo con los hermanos de allá. La verdad es que estuve sólo cinco días, en ese corto tiempo logré sentir cosas muy reales y cruzarme con muchas personas que están en la misma frecuencia. Me parece que es uno de esos países tremendamente fracturados en su cotidianidad. Hay una constante dicotomía entre la profunda sabiduría que esconden sus culturas ancestrales y la terrible ola de violencia que sume a todo en una onda muy paranoica. Culturalmente, me parece que hay una profundidad tremenda y que la influencia de las culturas ancestrales es omnipresente, lo cual hace que todo esté bañado en historia. Lo mismo pasa con la música. Siempre agradezco a las coplas y décimas que nos permiten vernos reflejados unos a otros, hermanos americanos.

Imagino que sólo anduviste por Guadalajara y el Distrito Federal, ¿qué te provocan el recuerdo y el contraste de esas dos ciudades, que apenas vislumbraste?

Te digo, ésta fue mi primera visita a México, y realmente quedé con un calor enorme en el interior. Siento una alegría inmensa por haber sembrado la primera semilla de amistad con un pueblo hermano, como lo son ustedes. Mis primeras impresiones son intensas, me llevo el recuerdo de los sones, vivos y zapateados. Me parece que México es un país privilegiado, pues cuenta con una tradición viva, que se nutre fuertemente de tradiciones ancestrales que datan quién sabe de cuántos milenios. La influencia precolombina sigue siendo fuertísima y eso me maravilla. Es más, junto a Bolivia, creo que son los dos países más conectados con su raíz que conozco en Latinoamérica. También me llevo la sensación de hermandad con los amigos que alcancé a hacer en esos poquitos días. De Guadalajara rescato la belleza de su Centro, el arte que abunda y, por supuesto, el tequila fresco. El D.F. me pareció de una intensidad abrumadora y excitante. Agradezco enormemente a la vida haber caído justo en el “Son para Milo”, que fue una total sorpresa que no figuraba en mis planes.

He escuchado algunas canciones tuyas, me placen de manera particular “Los espejos”, “Casualidad” y “Un gran regalo”. Sé que provienes de una familia musical, pero ¿qué motiva al joven cantautor Nano Stern a sumarse a una larga lista de cantores latinoamericanos: Atahualpa, Violeta, Mercedes, Jara, Zitarrosa…?

Yo fui cayendo de a poco y circunstancialmente al canto enraizado… De niño estudié violín clásico y luego en la adolescencia me la pasé tocando rock y jazz. Creo que fue el grupo “Los Jaivas” el que me hizo abrir los ojos al mundo del folclor, en el que hoy me muevo con alegría y respeto irreverente por la tradición.

Escuché una vez a Luis Ortúzar “El Chincolito” aquí, en México, ¿cómo describirías el actual movimiento del canto popular en tu país?

Chile tiene una increíble tradición de cantores, pero ésta se vio seriamente amenazada con la represión de Pinochet. Hoy, hay una nueva generación, a la que pertenezco, que fue criada en democracia y no tiene miedo a cantar las verdades verdaderas. La verdad, Chile vive un momento muy fértil en lo musical y me alegro mucho de estar vivo ahora. No lo cambio por pasados añorados ni futuros proyectados.

Así concluye el diálogo con este músico chileno, quien ha compartido con gusto sus impresiones y opiniones en “Memorias de un huapanguero”. También esta conversación me da pauta para vislumbrar otra posibilidad más para el “Son para Milo”: participación de artistas de otros países hermanos –como Nano, por ejemplo–, con lo cual se fortalecerían los lazos de amistad entre nuestros países, se volvería más real la fraternidad latinoamericana y el Encuentro de Música Tradicional Mexicana sería un punto de encuentro musical latinoamericano… Bueno, hasta aquí la charla con Nano Stern. Pronto reanudaré esta serie con otra entrega. Hasta entonces.

Comentarios a esta nota: gregorio.martinez@azteca21.com

Foto: Nano Stern y su guitarra.
Cortesía: Fernando Stern.

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