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Sitios Arqueológicos - June 22, 2012

Diez representaciones en piedra de 900 años de antigüedad son mostradas en la Zona Arqueológica de Tehuacalco, en Guerrero

Se trata de representaciones alusivas a temas y deidades acuáticas, entre ellas a Tláloc, dios de la lluvia, que se localizan en la cancha del juego de pelota de ese sitio, informó Miguel Pérez Negrete, arqueólogo del Centro INAH-Guerrero, quien explicó que éstas fueron descubiertas en 2007, pero que por cuestiones de conservación no se dejaron expuestas.

“Dentro de las figuras talladas también hay espirales, que simbolizan manantiales de agua, y chalchihuites (pequeñas cuentas de piedra verde) que representan gotas de lluvia divina; en conjunto, se considera que los petrograbados reproducen la morada de las deidades acuáticas, Tláloc y Tlaltecuhtli, esta última deidad de la tierra, relacionada en este contexto con la agricultura y la fertilidad”, explicó el arqueólogo, responsable del sitio prehispánico.

De acuerdo con el especialista, de las diez representaciones monolíticas hechas en granito y arenisca  —de aproximadamente 50 cm de ancho y largo—, dos aluden a un personaje decapitado y a la conmemoración del ciclo denominado Fuego Nuevo.

En la cosmovisión prehispánica, dijo, tal celebración consistía en una magna ceremonia que se realizaba al finalizar un periodo calendárico de 52 años, con la finalidad de bajar simbólicamente el fuego del cielo, y con ello lograr que la vida persistiera por 52 años más. El petrograbado que alude a dicho momento, está representado por un barreno (palo vertical que perfora una tabla horizontal), encima del cual se observa la representación de una flama.

Pérez Negrete comentó que hasta el momento no se ha determinado qué cultura creó los petrograbados; aunque su antigüedad se ha estimado data de alrededor de 1100 d.C., lo que se ha inferido a partir del fechamiento de la etapa constructiva del juego de pelota en la que fueron encontrados los grabados.

Estas representaciones, dijo, fueron intervenidas por arqueólogos y restauradores para darles limpieza y estabilidad, luego de las afectaciones que presentaban debido a las lluvias torrenciales y el sismo registrados en Guerrero, a mediados de 2010.

“Debido a las fuertes lluvias de agosto y al temblor de principios de septiembre, el sitio prehispánico sufrió afectaciones, como deslaves en casi todas sus estructuras, así como desprendimiento de las tapas de los taludes de la cancha del juego de pelota y agrietamientos sobre las banquetas.

“Para atender los daños, expertos del INAH colocaron una mezcla de cal y arcilla en los espacios de las estructuras donde la tierra, que fungía como relleno, se había deslavado, toda vez que la cal proporciona una consistencia mucho más firme y duradera”.

El arqueólogo Pérez Negrete abundó que en la cancha del juego de pelota las labores de mantenimiento fueron mayores, porque las tapas de los taludes que se integran por pequeñas piedras —datadas para la última ocupación del sitio de 1350 a 1521 d.C., en que el grupo prehispánico yope reutilizó las estructuras— perdieron adherencia al deshacerse los núcleos de arcilla que los mantenían firmes, y se colapsaron sobre las banquetas provocando agrietamientos.

“Al retirar las tapas de los taludes que se colapsaron, se logró exponer la etapa constructiva anterior que ya había sido excavada en 2007, pero que se mantuvo oculta, la cual corresponde al momento de construcción de la cancha, alrededor de 1100 d.C., y sobre la cual están la decena de petrograbados, que creemos fueron colocados durante la consagración de la estructura”, comentó.

El especialista agregó que en lo que respecta al petrograbado del Fuego Nuevo, que posiblemente fue creado años después de la construcción de la cancha, se desprendió de la banqueta en 2010 y este año se reintegrará a la estructura y se dejará expuesto.

Pérez Negrete recordó que cinco de los petrograbados ya habían sido identificados con anterioridad, ya que durante investigaciones realizadas en el sitio durante 2007, se hizo el registro de una etapa constructiva anterior, respecto a la que era visible en aquel momento, pero nada se dejó expuesto.

Fue hasta el año pasado, tras los fenómenos naturales registrados, que los arqueólogos se dieron a la tarea de quitar parcialmente la última etapa constructiva, con la finalidad de que los bajorrelieves quedaran visibles al público.  

El nombre de la Zona Arqueológica de Tehuacalco, proviene de la palabra náhuatl tehuacalli, que se refiere a las pozas o pequeñas oquedades prehispánicas que fueron creadas por el hombre en las piedras con fines rituales.

Fue ocupado en un primer momento por grupos agrícolas, aproximadamente de 1500 a.C. a 650 d.C., según se ha inferido por material hallado, como vasijas completas y semicompletas, fragmentos de braseros y sahumadores, así como herramientas líticas y de concha marina, encontradas en cuevas ubicadas en los cerros que colindan al oriente con el sitio, principalmente en el Cerro La Compuerta.

Posteriormente, de 650 a 1350 d.C., el lugar fue reocupado por grupos prehispánicos aún no identificados, que construyeron las 23 edificaciones hasta el momento registradas. Los especialistas consideran que dichos grupos tuvieron influencia de las culturas teotihuacana y tolteca, de acuerdo con los rasgos iconográficos registrados, así como por los tipos y formas de la cerámica encontrada.

“Esa fue la etapa de mayor esplendor de esta zona, pues fue la época en que se construyeron los grandes monumentos como el santuario dedicado a la lluvia, conocido como conjunto La Encinera, además de El Palacio, conformado por un templo; los aposentos del gobernante y dos pequeños palacios administrativos, así como la cancha del juego de pelota, fechada aproximadamente para 1100 d.C.”, explicó el arqueólogo.  

Finalmente, de 1350 a 1521 d.C., las estructuras fueron reutilizadas por el grupo prehispánico conocido como yope, el cual posiblemente encontró en decadencia el sitio al llegar, por lo que en algunas estructuras colocó resanes hechos con piedras muy pequeñas, lo que contrasta con el sistema constructivo del apogeo en Tehuacalco, en el que se usaban grandes cantidades de arcilla y piedras de más de media tonelada.

La Zona Arqueológica de Tehuacalco se localiza en el punto intermedio de Chilpancingo y Acapulco, y se puede acceder por dos vías: desde la carretera libre México-Acapulco, hasta tomar la desviación del crucero La Haciendita-Carrizal, y por Tierra Colorada, tomando la autopista del Sol.

Fuente: (INAH)

 

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