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Música - June 10, 2012

“Memorias de un huapanguero”: Son para Milo 2012, día 1

Caminamos a la estación Constituyentes de la línea 7 del metro. De ahí, a pesar del calor y lo atestado, fue rápido el trayecto a la estación Tacuba, de donde transbordamos a la línea 2. En pocos minutos llegamos a la estación Normal.

Al salir, nos recibió la imponente silueta roja de la escultura del escultor chihuahuense Sebastián en memoria de los estudiantes caídos en la zona el 10 de junio de 1971 por la represión gubernamental. Del otro lado de la calzada México Tacuba, la renovada pintura de la fachada de la peculiar iglesia de San Antonio de las Huertas lucía esplendorosa, como los vitrales que la adornan. En la esquina próxima, casi enfrente de la entrada del estacionamiento de la Benemérita Escuela Nacional de Maestros (BENM), está iniciando la construcción de un edificio (seguramente con fines habitacionales). Ingresamos a la Normal. Eran, aproximadamente, las 16:30 horas. El cielo ya se había tornado gris. Había gente, pero no estaba hormigueando la explanada. Abajo del frontispicio de uno de los edificios de la Normal, donde fulguran los altorrelieves de Luis Ortiz Monasterio, se llevaba a cabo la Muestra Gastronómica y Artesanal. En uno de los dos escenarios, el sur, empezaba a tocar el Conjunto Regional Ajuchitlán de J. Natividad Leandro “El Palillo”.

De inmediato me colé entre la gente y pude colocarme frente a ellos; Benja, por su parte, daría una vuelta por ahí. Me dio gusto escuchar a ese conjunto, tocan diferente; ¿renovado? Es que, desde la última vez que los escuché en Tlapehuala o Ajuchitlán, ya no tocaba la tamborita Félix Feliciano Rayo, ahora sí lo hizo –a quien observaba atentamente el joven Osvaldo Peñaloza Coronel, de Yolotecuani, que, además del cajón de tapeo, ya toca la tamborita–; a uno de los guitarristas lo conocí en La Laja; fue agradable ver cantar a “El Palillo”. También ver bailar al señor Rogelio, un magnífico bailador calentano. Al concluir su participación, Palillo me notificó del “difunto”: su hermano Santiago, quien tocaba la guitarra y cantaba. Un gran músico. En paz descanse. Suceso que tiene más de un año, pero no nos habíamos visto desde hace mucho tiempo. Le obsequié una vara.

En el escenario norte se preparaba el trío huasteco Estampa Huasteca; no recuerdo haber escuchado a Gerardo Ayala trovando, pues me quedé en el otro lado platicando con Palillo, Félix, Javier Tavira y Galileo Cambrón. Los dos primeros se asombraron de mi delgadez y de mi negativa a beber mezcal –por primera vez desde que los conozco–, pero se alegraron al saber que había superado un grave problema de salud. El médico Cambrón tuvo a bien obsequiarme un ejemplar del disco de “El Palillo”, que no conocía y del que espero más adelante escribir aquí mismo. Le regalé un ejemplar de una revista donde publiqué una nota sobre músicos tradicionales; en ella figura J. Natividad. Quedamos de realizar algún proyecto añejo sobre este gran músico. El disco se titula “Sangre artista” y fue realizado con esta nueva agrupación. “Casero o artesanal”, sin créditos, aunque supongo que Galileo lo produjo.

Al parecer, la presencia del grupo de “El Palillo” o, mejor dicho, su traslado de Ajuchitlán al D.F. se debió al apoyo de Javier Tavira y Galileo; es decir, ellos pusieron los gastos. Más tarde se fueron a la casa de un tío de Galileo a comer. Alcancé a ver al mariachi Los Arrieros, que tocan bien y donde están dos músicos que alguna vez vi tocando son huasteco. Uno de ellos es el violinista Fernando Morales. ¿Acaso el único destino o modo de vida bien remunerado para el músico surgido de la música tradicional es el mariachi? Y es que también vi a otros dos músicos de huasteco en mariachis: a uno que era o es integrante de Los Nahuales y a Felipe Valle Robles. Lo seguro es que de mariachi hay más chamba que de trío huasteco. Por otro lado, una situación “normal y natural” desde hace muchos años.

Había que darse una vuelta por los puestos instalados en la “zona comercial”, en el área de la Muestra Gastronómica y Artesanal. Como es costumbre, muchos de los locales son atendidos por los propios músicos. Así, vi a Anastasia Guzmán “Sonaranda”, Yolotecuani, Chintete, Chicolín de los Parientes de Playa Vicente hablando con Gilberto Gutiérrez de Mono Blanco, el violinista del trío Sol Poniente, de Amatlán, tocando son huasteco con otros músicos, al maestro Lalo Bustos, Luis Miguel Cruz Lara de La Zafra, a otros músicos tocando sones jarochos, haciendo su propio fandango…

También saludé a Ramón Sánchez, de Zazhil, a César Hernández Joyner, de Nostalgia Huasteca, al fotógrafo Eduardo Vera, quien me informó que ya sacó su libro sobre los maestros del son, a los tlapehualenses Manuel Munguía Novas y Roberto Ventura Pérez que mantienen viva la revista de política y cultura regional “Ámbito”, en la que dan espacio a artículos de música tradicional, a Rigoberto Salmerón, a Pedro Paredes y a sus hijos, integrantes de El Gavilán del Violín (ya no “Gavilancillo”, pues Gustavo ha crecido). Por cierto, me dijo Manuel que entre él y Roberto se encargaron de los gastos del traslado de la familia Paredes…

Un gusto enorme fue saludar a Ysrael González Castillo, del Conjunto de Arpa Grande El Lindero. Desafortunadamente no los pude escuchar bien ese día porque se soltó un tremendo aguacero precisamente cuando me encontraba en el área comercial… Pero con él hablé al siguiente día. Cuando volví al entarimado, sonaba Furia Huasteca. En seguida tocó el turno a Mono Blanco. Me imagino que por ahí tendrían alguna tocada y aprovecharon… No lo sé, lo cierto es que durante su participación se vivió un gran momento. Gilberto, el líder de este grupo emblemático de son jarocho, manifestó que era un honor tocar en el Son para Milo, donde se toca “la música que no existe para la radio ni televisión culturales ni para las otras” e invitó a la gente a votar, por quien quisieran, pero que no dejaran de votar. Además, dijo que tratarían de estar ahí año con año. Digo que fue un momento climático porque la gente coreaba las rolas de ese gran grupo, Gilberto manifiesta su pensar libremente y porque así fue. ¡Qué bien!

Aún tuve oportunidad de charlar con el zimapanense Marcelino González, a quien tenía mucho que no veía, a César Hernández Azuara de Los Brujos de Huejutla, a David Durán Naquid, director de Los Jilguerillos del Huerto, quien me comentó que se realizará un festival musical en Turicato los días 24 y 25 del presente. A pesar de la lluvia, la cantidad de asistentes aumentó considerablemente y desde ese día se prefiguró, supongo, una asistencia histórica al Son para Milo. Después de la marimba Alma de las Américas, el Trío Aguacero deleitó a sus numerosos seguidores. ¡Qué gusto escuchar cómo coreaban y zapateaban “La orquídea”!

Enumero todos estos detalles porque el Son para Milo es un lugar de encuentro de numerosos amigos y expresiones musicales, el caldo de cultivo de muchos proyectos y la plataforma ideal para que los músicos y el público se reconozcan y planteen necesidades. Esto no es sencillo ni fácil, y es otra de las grandes posibilidades que permite el Son para Milo, una manifestación cultural única en el país en un escenario fundamental para la historia de la educación en México. Ya pasaban de las 21:30 horas. Me había reencontrado con Benja, quien me comentó que estuvo platicando con los hermanos Juárez Joyner y recorreindo locales. Estábamos mojados y cansados, pero contentos. Había valido la pena. Apenas era el primer día…

Comentarios a esta nota: gregorio.martinez@azteca21.com

Foto: Conjunto Regional Ajuchitlán.
Azteca 21/Gregorio Martínez M.

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