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Entrevistas - June 6, 2012

La actriz jalisciense Sofía Olmos asevera que a pesar de su acondroplasia, “los límites te los pones tú”

Con el Tutú (Un Tutú muy apretado) llevo 63 funciones y ninguna ha sido parecida a ninguna. Siempre hay que estar atento al público porque los niños se identifican mucho con el personaje y empiezan a gritar, se emocionan. En las funciones con adultos o jóvenes es otra reacción y hay que saber lo que está pasando para ir recorriendo la obra juntos.

Yo creo que cuando se me quiten los nervios voy a dejar de hacer teatro, porque no estará la emoción y la adrenalina. Me gusta mantener la sorpresa del encuentro, porque desde que me encontré con el teatro fue una sorpresa, y siempre ha sido lo que me llama la atención: buscar que otras cosas puedan ser.

Todavía tengo muchas preguntas para las cuales no tengo respuesta. Siempre me estoy preguntando ‘y ahora cómo le hago’,  ‘cómo puedo traer un personaje a este cuerpo’. Porque mi cuerpo es muy raro. Sin tratar de ocultarlo u obviarlo, ¿cómo lo puedo meter al teatro, qué le puedo dar yo al teatro y qué me da a mí; qué podemos hacer juntos?

Exploración del propio cuerpo

En mi casa soy la única de la familia con acondroplasia, y siempre me educaron con que yo era normal. Nunca me pasó por la cabeza que yo era diferente. Y como soy la menor, siempre fui la pequeña, la chiquis.

Con mis papeles en el teatro lo veo como un antes y un después. En la universidad, papel que me daban papel que hacía. Serios, cómicos, sin ningún problema. Mi primer proyecto como profesional fue interpretar a la poeta Sylvia Plath, y si algo me agobiaba del físico es que ella era güera, ¡hazme el favor! (risas).

Y hasta hace unos años empecé a decir ‘creo que soy diferente’… ‘creo’. Y empecé a cuestionarme: ‘a ver, si no quiero ser payaso y no quiero ser torero, entonces ¿qué quiero ser? La comedia me gusta mucho y se me facilita, pero también quiero hacer otras cosas’.

Por esa época me gané una beca para preguntarme qué onda con este cuerpo en el teatro, y fue ahí que empecé a buscar las asociaciones, porque mi mamá nunca me llevó.

Encontré la Asociación de Gente Pequeña aquí en Guadalajara, y llegué con mis ideas extravagantes de hacer teatro y de hacer ejercicio, porque es muy común que te digan que porque eres diferente, no puedes. Y yo llegué diciendo ‘yo ya lo hice; ya me metí a clases de yoga, a clases de acrobacia, y ya vi que sí se puede, ¿cómo que no? ¡Hay que hacerlo!’

Me metí a clases de teatro físico, a talleres, máscaras, técnicas de ballet, con cuanto maestro me encontré en México. Luego iba a la asociación y les platicaba lo que encontraba. Iba a Casa Inverso y lo mismo. Fue una etapa muy bonita de exploración personal. De decir, ‘¿qué hago con esto si ya lo tengo?’

Sin límites autoimpuestos

Después vino el “Tutú”, que es teatro para niños, y para mí es como el meollo porque los niños pueden ser muy agradecidos o muy hirientes. Porque no les explican que hay gente diferente y que no tienes por qué burlarte ni señalarlo, sino conocerlo. Y el” tutú” cuenta la historia de esta niña que es gordita, que es la diferente de su grupo y que quiere hacer algo. Y yo pues soy diferente, ¡pero quiero hacer teatro!

De cierta forma es una condición que te hace sentir muy solo en el mundo. Volteas a todos lados y no ves a nadie igual que tú. Y eso sí es algo que si no lo sabes vivir, te llega a afectar. Y en la asociación me encontré personas muy solas que me preguntaban por qué era yo así. Y yo no entendía cuál era el problema.

Soy muy afortunada de la educación que recibí, porque conmigo no hay ningún límite. Los límites te los pones tú. Pero la gente que conocí ahí no creció en estos ambientes, ellos sí se enfrentaron a otras cosas. Hay casos de gente que los escondieron, gente que no tiene educación porque no los llevaron a las escuelas.

Desafortunadamente por mis horarios ya no voy a la asociación. Fui a un congreso, a platicar con ellos, les dije que cuándo empezábamos las clases de físico. También yo traía otras ideas y otras búsquedas, pero espero que en algún momento de mi vida podamos encontrar el punto de unión y empezar a hacer un plan.

La dicotomía del actor

Yo tengo mi grupo base que es Casa Inverso y a la vez participo en otros proyectos. Es como una doble vida: la de la casa y la de donde te invitan a participar o lo que tu quieres hacer por tu cuenta ¡Y además la de todos mis personajes, que me vuelven loca! (risas).

Creo que sólo los que lo hacemos podemos entender la dicotomía en la que vive el actor. Soy yo, pero le presto mi cuerpo y mi voz a fulano de tal; o es fulano de tal que vive en mí, y lo tengo que buscar. Y a final de cuentas todo mundo trae a sus millones de personajes, sólo que nosotros los actores nos atrevemos a buscarlos, a sacarlos, a explorar, y ese es nuestro trabajo; así de onírico como suena.

Los personajes te exigen energías diferentes y hay que ponerse en el carril. Porque a veces salen unos cuando no quieres que salgan. Es como un baúl que uno tiene a la mano y es decir, ‘a ver espérame un ratito, luego te vuelvo a sacar, ahorita tengo que ir por otro lado’.

Exige atención para no repetirse, que es el temor de todo actor. El mismo proyecto y la búsqueda te van guiando.

Ahora Tonic surge de las preguntas que traigo en estos momentos de cambio que estamos viviendo: que si viene o no, y hacia donde vamos a cambiar, que es la pregunta que principalmente nos aflige; y qué puedo decir de esto desde donde estoy.

Creo que el teatro no es para dar certezas. Ni para el que lo hace ni para el que lo ve. Es para preguntarnos miles de cosas. Ahora a dónde vamos, qué hacemos. Si ya vivimos esto, volvemos a lo mismo o tratamos de hacer algo diferente. “

FRASE

“Yo creo que el teatro no es para dar certezas.
Ni para el que lo hace ni para el que lo ve. Es para preguntarnos miles de cosas”

PERFIL

Sofía Olmos (Guadalajara, 1982) es actriz. Estudió la Licenciatura en Comunicación en la UNIVA y desde entonces empezó su profesionalización en el teatro con el grupo de la universidad. Actualmente es miembro activo de la Casa Inverso Teatro.

Entre sus obras recientes más destacadas se cuentan Timboctou (2012), bajo la dirección de Martín Acosta; Un Tutú Muy Apretado (2011), dirigida por Manuel Parra; Quitar el Uso a la Lengua para Dárselo al Corazón (2010), dirigida por Ofelia Medina; y Adiós Querido Cuco (2010), con la dirección de Susana Romo.

Sofía ha trabajado también como asistente de producción con Fausto Ramírez en ”La Vida es Sueño de Calderón de la Barca; y con Manuel Parra en El Diablito de Benjamín.

Actualmente es parte del elenco de Tonic –junto a Mónica Camacho y Manuel Parra—puesta en escena inspirada en la vida de los actores y en la obra Las Tres Hermanas del escritor ruso Antón Chéjov. Las funciones son en Casa Inverso (Santa Mónica 256), los viernes y sábados a las 20:30 horas, y domingos a las 18:00 horas, hasta el 17 de junio. 100 pesos general; 80 con descuentos.

”Hasta hace unos años empecé a decir ‘creo que soy diferente’. ‘ Si no quiero ser payaso y no quiero ser torero, entonces ¿qué quiero ser?”, explica Olmos.

Fuente: (informador.com.mx)

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