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Expos y Museos - June 3, 2012

La exposición arqueológica “Humo aromático para los dioses”, ha provocado la admiración de más de 85 mil personas

Este conjunto de piezas, que se presentan en el Museo del Templo Mayor, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, dan testimonio de cómo la sociedad mexica las usó para purificar lugares sagrados y hogares, consagrar imágenes de sus deidades, así como a los individuos que participaban en las ceremonias, y en el pronóstico del futuro.

“Uno de los ejemplares más espectaculares de la colección es un sahumador con soportes en forma de perro, animal que para los pueblos mesoamericanos, principalmente para los mexicas, significaba el fuego celeste; además, la decoración y el remate del mango tienen forma de oruga, otro elemento vinculado al fuego, pues para transformarse en mariposa necesita calor”, destacó el arqueólogo Leonardo López Luján, director del Proyecto Templo Mayor.

Al recorrer la muestra, el público podrá apreciar los diseños de este tipo de incensarios, algunos con remates en forma de garras de águila y de cabezas de “serpiente de fuego” o xiuhcoatl en náhuatl; a su vez, todas estas piezas tienen el símbolo del fuego por excelencia —hoy conocido como Cruz de Malta—, que consiste en cuatro triángulos cuyas puntas coinciden en el centro, y que además simbolizan la superficie de la Tierra y los cuatro extremos del universo.

Esta propuesta museográfica, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta), explica además el trabajo multidisciplinario por un equipo de especialistas, que se dedicó a reconstruir la historiografía de la cultura mexica a través del proceso de manufactura usos y simbolismo de los sahumadores y del copal durante la época prehispánica, y su pervivencia hasta nuestros días en ceremonias religiosas de diferentes pueblos indígenas del país.

“La muestra ofrece al público, por medio de 72 piezas en total, información vasta sobre las materias primas, procesos de manufactura y decoración, simbolismo y usos de los sahumadores en la antigua Tenochtitlan; pero también da al visitante la posibilidad de conocer, de manera cercana, el trabajo de diversos investigadores, como arqueólogos, restauradores, geólogos, químicos y biólogos interesados en recuperar el pasado prehispánico”, refirió López Luján.   

De acuerdo con el arqueólogo, los sahumadores —llamados en náhuatl tlemaitl, que significa “brazo de fuego”— son recipientes cóncavos en los que se depositaban carbones incandescentes y copal, cuyo aroma se liberaba durante los rituales a través de acanaladuras; también, constan de un mango largo, en cuyo interior tienen algunas canicas de cerámica que producen un sonido similar al crótalo de una serpiente, así como remates de diversas figuras.

A partir de la investigación realizada por la bióloga del INAH, Aurora Montúfar, se determinó que los residuos de copal encontrados en algunos de los 36 sahumadores mexicas, corresponden a la especie Bursera bipinnata.

Dicha especie fue descrita en Historia de los indios de la Nueva España, por fray Toribio de Benavente “Motolinia”, como “hojas menudas que se sacan del maguey” de las que se obtenían resinas olorosas, las cuales eran de gran relevancia social, religiosa y económica, pues formaban parte de los productos que tributaban a Tenochtitlan las provincias de Taxco y Tepecuacuilco, en lo que hoy es el estado Guerrero.

“Esa misma resina se sigue produciendo y consumiendo por los nahuas de Guerrero durante las ceremonias hechas en el comienzo de la temporada de lluvias (en la festividad de la Santa Cruz, el 3 de mayo) e inicios del periodo de secas (en la fiesta de San Lucas, el 18 octubre), con lo que se corrobora la continuidad de su uso durante más de 500 años”, señaló la bióloga de la Subdirección de Laboratorios y Apoyo Académico del INAH.

De igual forma, a varios de los sahumadores tenochcas se les tomaron muestras de petrografía (de composición mineral), a  cargo de Jaime Torres, investigador de la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía (ENCRyM), y análisis por activación neutrónica, hechas por el químico Michael Glascock, de la Universidad de Missouri, a través de los cuales se pudo determinar que la arcilla y la arena empleadas en la fabricación de éstos, proceden del área que ocupó Tenochtitlan, por lo que se determinó que se trató de producción local.

Asimismo, los incensarios fueron restaurados —ya que se descubrieron fragmentados en cientos de partes— por 23 alumnos de la ENCRyM, quienes hicieron el levantamiento y registro, además de trabajar en arduas jornadas de restauración durante cuatro meses, lo que a su vez permitió inferir el proceso prehispánico de manufactura con el que se hacían.

“Se hizo la limpieza de cada uno de los fragmentos, proceso en el que se identificaron restos de policromía en algunos, así como de copal en el fondo de las cazoletas; luego se realizó la unión de cada una de las partes y los resanes necesarios para evitar futuras fracturas, y finalmente se realizó la reintegración cromática”, comentó la restauradora Laura Suárez, tras comentar que dichas labores son mostradas en la exposición a través de fotografías y 40 herramientas y materiales utilizados en los procesos de conservación.

La especialista mencionó que al realizar la restauración se pudo conocer la técnica de manufactura prehispánica de elaboración de los sahumadores, que consistía en “en hacer dos placas de barro (en forma de tortilla), las cuales se preparaban con arena, arcilla, fibras y agua.

“Posteriormente —agregó Laura Suárez —, una de esas placas era colocada sobre un guaje para que tomara una forma cóncava, mientras la otra era enrollada en un palo para formar el mango, al cual se le agregaban pequeñas canicas de barro para producir sonido; al final, las piezas eran unidas, pulidas y decoradas en colores blanco, azul, y negro”.

Humo aromático para los dioses… consta de ocho módulos temáticos que versan sobre procesos de excavación, restauración, análisis y manufactura de los incensarios prehispánicos, el simbolismo de sus diseños, y el uso del copal.

De acuerdo con David García, museógrafo del Templo Mayor, en esta exhibición el visitante usa todos sus sentidos a través de diversas ambientaciones, como la acústica (integrada por grabaciones de rezos en náhuatl), la aromática (con el olor a copal), la táctil (al poder manipular la réplica de un sahumador), y la visual (con los 36 sahumadores y 50 imágenes).  

De igual forma, se exhibe la reproducción de un sacerdote mexica ricamente ataviado, y que lleva consigo guajes, navajillas de obsidiana y una bolsa con copal. También se pueden observar instrumentos sacerdotales como púas de maguey y puntas de hueso utilizadas para el autosacrificio, y diversos guajes que servían para contener tabaco en polvo para su consumo durante ceremonias.

La exposición de sahumadores mexicas permanecerá hasta el 12 de agosto en el Museo del Templo Mayor, ubicado en calle Seminario. No. 8, en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Horario: de 9:00 a 17:00 horas, de martes a domingo. Costo: 57 pesos. Entrada gratuita a personas mayores de 60 años de edad y menores de 13, pensionados, jubilados, maestros y estudiantes con credencial vigente. Los domingos la entrada es libre para público nacional y extranjeros residentes.

Fuente: (INAH)

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