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Por la Espiral - May 24, 2012

La fiesta de la democracia

Lo indeseable sería repetir otro escenario postelectoral como el acontecido en 2006. El  nuevo presidente electo necesita serlo totalmente legitimado y sin pormenores de dudas. No hacerlo vulnera la democracia.
Precisamente, los griegos definieron a la democracia de la forma más bella: demos, pueblo y cratos, poder. El poder que reside en el pueblo. En los albores del siglo XXI se liga a la democracia con el don del bienestar económico, según pretende defender, la propia ideología estadounidense.
Dice Anthony Giddens, que la crisis de la democracia viene de no ser suficientemente democrática. En “La tercera vía. La renovación de la socialdemocracia”, el sociólogo inglés explica que la democratización está desbordando la democracia y la desproporción ha de ser consignada.
Para mayor énfasis, en el ámbito global emerge un fenómeno creciente: una menor proporción de personas  expresa su confianza en los políticos y al mismo tiempo, aumenta el desencanto en  la democracia.
Aunque todavía persiste determinado interés en acudir al llamado de las urnas es innegable la erosión en la imagen de los políticos elegidos para distintos cargos populares. Ninguna cae más rápido que la del presidente en la medida que pasa el tiempo y las  promesas de campaña son  incumplidas.
Otra lección totalmente comprobada es la postura y visión del candidato en campaña a la actitud asumida ante las presiones derivadas del ejercicio del poder.  Muchos candidatos avezados terminan siendo pragmáticos en el gobierno.
También aquellos que prometen grandes cambios en lo económico simplemente sucumben ante la resistencia de las mismas fuerzas económicas.
Para Domenico Fisichella, en “Dinero y democracia. De la antigua Grecia a la economía global”, es importante determinar qué factor está pesando más en la construcción de las democracias modernas, sí la concepción del homo politicus o la del homo economicus.
El investigador italiano argumenta una relación (prácticamente  intrínseca) entre política y economía, entre  dinero y democracia, “un asunto tan antiguo como vital”.
A COLACIÓN
Con la mano de la globalización “meciendo” la cuna de las relaciones políticas al interior de los países, valdría la pena analizar la correlación existente entre el incremento del abstencionismo en etapa de crisis económica o de escándalos de gobiernos corruptos.
Al respecto, Seymour Martín Lipset, desarrolló en 1950 la  hipótesis de que “el crecimiento económico promueve la democratización y las crisis económicas tienen el efecto contrario”.
Otro investigador, Robert Barro, continuó las ideas del sociólogo  estadounidense al explorar una fuerte y positiva relación entre prosperidad y propensión a la democracia.
Benjamín Friedman,  economista estadounidense, afirma que “una sociedad tiende con mayor probabilidad a volverse más abierta, tolerante y democrática cuando el nivel de vida de los ciudadanos aumenta y se dirige en dirección opuesta cuando el nivel de vida se estanca”.
Todas estas concepciones son aportaciones relevantes al respecto de la organización política de los seres humanos y la forma de concebir el poder.
La que hoy en día nos ocupa tiene que ver con la construcción de la democracia, una tarea nada fácil.
A las próximas elecciones de México hay que poner especial atención en  los jóvenes primerizos votantes, no dejarles caer en el ostracismo y evitar el apoderamiento de la apatía.
A ellos hay que hacerles entender lo esencial de su participación en la fiesta más cívica de todas: no es únicamente cruzar una papeleta, anularla o dejarla en blanco, los nuevos electores forman parte de un relevo generacional natural que permitirá reforzar los andamios del funcionamiento de la sociedad y de su  organización política a partir de la suma de mayorías y no de la imposición de minorías.
No votar es aceptarlo todo, conformarse con lo que se obtiene, bajar la cabeza, quedarse sin capacidad para exigir una mejoría del entorno inmediato. Contrario a lo que se cree no votar tiende a reducir la participación de las mayorías y democracias de minorías jamás coadyuvarán a dar un salto cualitativo ni cuantitativo.
P.D. Le invito a que opine del tema en mi blog http//claudialunapalencia.blogspot.com

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