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Música - May 23, 2012

“Sones y huapangos 2”, de Miguel Peña y Hermanos Santiago, un caudal sonoro de música mexicana

De acuerdo con lo que menciona Alejandro Pérez Saez en el texto que acompaña a tan disfrutable producción discográfica, el Trío Peña y Hermanos de Santiago se fundó en la década de 1990 y éste es el cuarto disco que graban. Peña, en años recientes, es uno de los guitarristas oficiales de Chavela Vargas, amén de que ha acompañado a toda una pléyade de cantantes nacionales y extranjeros. Por su parte, da noticia Pérez Saez, los hermanos De Santiago son descendientes de Natividad de Santiago, quien formó parte del Mariachi Vargas de Tecalitlán, y fundadores del Mariachi Juvenil Tecalitlán.

Es muy poco lo que se puede añadir a tan sucinta y jugosa presentación, salvo que se confirma lo que ahí señala Pérez Saez: en esos tres instrumentistas tenemos a tres músicos de peso completo que dan una cátedra de acoplamiento y conocimiento musical, pues el repertorio de este disco es balanceado y permite el lucimiento y la imbricación de cada instrumento, con la medida justa del ritmo y colorido que cada interpretación requiere desde el punto de vista de los artistas. No sé por qué, pero, sin razón aparente, me recuerda a discos de Antonio Maciel en que éste cantaba sones de varias regiones del país. Quizás la asociación se deba a que eran producciones muy equilibradas, logradas, arriesgadas por salirse de lo que mandan no los cánones, sino las tendencias del mercado, tan dadas últimamente a lo “fácil” y reconocible por el cada vez más ayuno escucha. Así, una cualidad nada inane de este disco es que también brinda la oportunidad a ese público anónimo y desconocido, pero que siempre está ahí, a la expectativa, de asomarse panorámicamente a nuestra riqueza musical autóctona.

No cabe duda de que al armar este repertorio, estos gallos bien jugados, experimentados, han pensado en las enormes posibilidades sonoras de nuestros huapangos y sones, de ahí la ejecución de los rearreglados arreglos (muchos de éstos de Rubén Fuentes) tan limpios, tan frescos y, de algún modo que no sabría describir, tan novedosos. Es decir, lo mismo se puede tocar –por quien sea capaz de hacerlo brillantemente, en magistral fusión de son y ejecución– en una plaza pública de Jilotlán o Tamazula que en la Sala “Nezahualcóyotl” de Ciudad Universitaria. Tendría el mismo éxito, porque, entre otros factores, a los que crecimos escuchando música mexicana, estas cuerdas nos suenan en las venas desde el vientre materno.

Son doce pistas las que integran “Sones y huapangos 2”: “Cielo rojo”, “El caballito”, “El cuatro”, “El gavilancillo”, “El gusto”, “El relámpago”, “El tranchete”, “La madrugada”, “la petenera”, “La vaquilla”, “Las olas” y “El sihualteco”. El disco es redondito y cada quien su gusto, pero a mí me agradan especialmente las interpretaciones de la cuarta, sexta, octava, novena, décima y undécima pistas, respectivamente. El disco se encuentra a la venta en tiendas de discos y librerías de prestigio.

Comentarios a esta nota: gregorio.martinez@azteca21.com

Foto: “Sones y huapangos 2” es una delicia para el amante de la música mexicana.
Cortesía: Quindecim Recordings.

Nota patrocinada por:
Librería Las Américas
José Morán 2-b. Col. San Miguel Chapultepec. Miguel Hidalgo, D.F. Tel. 2614 6216.

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