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Música - May 19, 2012

Memorias de un huapanguero: “Los Camperos de Valles” en el Centro Nacional de las Artes (CENART)

A la memoria del escritor Carlos Fuentes, cuya estatura intelectual y visión crítica le harán falta a este México tan falto de ideas lúcidas y universales, humanistas…

Por Gregorio Martínez Moctezuma
Coordinador editorial

Ciudad de México. 19 de mayo de 2012. El domingo 13 de mayo se efectuó un concierto extraordinario en la Plaza de las Artes del Centro Nacional de las Artes (CENART) de esta ciudad que cumplió con las expectativas de todos, o al menos eso creo. Con todos me refiero a todos los que somos parte de la fiesta huapanguera, a los que la hacemos, a los que la vivimos… O quién sabe, por supuesto, puedo equivocarme en mi apreciación. Lo cierto es que ese domingo, que amaneció nublado y con amenaza de lluvia, Los Camperos de Valles tuvieron su segunda presentación en ese importante recinto cultural en menos de un año; la primera aconteció el domingo 9 de octubre de 2011 en la Plaza de la Música con motivo de dar a conocer el disco antológico y libro “El gusto, 40 años de son huasteco” (Discos Corasón, México, 2011).

Decía al inicio que fue un concierto extraordinario. En efecto, las actividades al aire libre y gratuitas de música tradicional no son tan habituales en el CENART –sí hay o ha habido de otros géneros: EuroJazz, bolero…–; también la actuación de un trío huasteco de renombre es algo poco frecuente en la Ciudad de México. Que se llene o rebase la capacidad del foro o espacio asignado y que se genere una verbena por este tipo de conciertos ya no es extraordinario: es lo normal, lo esperado. Quizás debido a esa escasez de oferta. No es la primera vez que se realizan ni que se colma el espacio. ¿No habla esto de una demanda o de un público cautivo? ¿No se puede programar un ciclo completo y fijo para la música tradicional mexicana en el CENART? Digo, para nuestra fortuna aún quedan o sobreviven músicos tradicionales y muchos otros que tocan y se basan en la música tradicional mexicana en diversas ciudades del país. Así, un concierto extraordinario dejaría de serlo por la sencilla razón de la frecuencia y la calidad de los músicos.

Pergeño estas líneas robándole tiempo al sueño y dedicación a mi cotidiana labor editorial que da de comer a mi familia y al que suscribe, pero debe saberse. Así, recuerdo rápidamente lo sucedido el 9 de octubre de 2011 en la Plaza de la Música. Esa ocasión se presentó “El gusto” –que ya había sido presentado oficialmente una semana antes en el Museo Nacional de Antropología, con la participación musical del Trío Chicamole y de un trío de jóvenes músicos potosinos, entre ellos un hijo de Marcos Hernández, pero sin Los Camperos–, una antología de colección, y el espectáculo fue denominado “El gusto, Los Camperos de Valles e invitados”; estos últimos serían, al parecer, el Trío Chicamole y Esperanza Zumaya “El falsete de la Huasteca”.

Ese domingo resultó inolvidable para un servidor, pues fue, parafraseando la canción de mi paisano José Alfredo Jiménez, el domingo negro de mi mal. Fue un concierto pletórico de emociones, de asistentes, de sorpresas, de bailadores. Sobre todo éstos se dieron un banquetazo o, mejor dicho, un tarimazo de aquellos. La cantante de Pánuco no se presentó por alguna razón que desconozco. No fue el “Chalo” –que sí estuvo en Antropología el 2 de octubre anterior–, pero sí Juan Jesús Aguilar, con quien no pude hablar porque ya me sentía mal y tenía que partir al médico.

El domingo 13 de octubre de 2012, siete meses después, el legendario trío potosino volvió al CENART para participar en el espectáculo “Huapango, Son de la Huasteca. Los Camperos de Valles”, donde fueron el atractivo principal del programa, completado por el Trío Chicamole y la señora Cleopatra “Paty” Chávez, trovadora tamaulipeca, quien tiene su propio trío, Cielo Huasteco, pero esta vez sólo intervino como trovadora. Ambos conciertos, hay que añadir, fueron organizados por Discos Corasón, que tiene tres grabaciones en su catálogo de Los Camperos de Valles y varios huapangos incluidos en sus antologías de son mexicano y huasteco. Ah, también participaron en el espectáculo varias parejas de bailadores, destacando una que vestía al estilo hidalguense, don Teofilito y doña Juana.

Como es costumbre, se volvió a reunir la comunidad o familia huapanguera –asegún se sientan parte de una u otra los asistentes– en la Huasteca Chilanguense: César Hernández Azuara y Rodolfo González Martínez, de Los Brujos de Huejutla, Gerardo Ayala, trovador del trío Estampa Huasteca, Ramón Sánchez, del grupo Zazhil, Aideé Balderas, de CONACULTA –quien me informó que mi proyecto (un libro) no quedó entre los seleccionados en la novena Convocatoria de Estímulos a la Creación Cultural Huasteca; llevo cero de dos proyectos presentados a esa instancia federal, quizás el tercero sea el vencedor o afortunado–, César Juárez Joyner y Héctor Pérez, del trío Nostalgia Huasteca, Laura Olivia Montesinos, Alejandro Flores, Ángel Aparicio Hernández, del trío Cenzontle; muchos bailadores de estilo tradicional, como don Julián Tello, y muchísimas personas más, infaltables en este tipo de conciertos. Incluso también vi al fundador de la fiesta huasteca de Amatlán, el pintor don David Celestinos Isaacs, y a la señora Antonia Vera, de la Asociación Civil Huitzilin Unidos por la Cultura, de Tepetzintla.

En fin, que Discos Corasón –en estas dos ocasiones reseñadas a vuela pluma– ha traído a Los Camperos de Valles al CENART para promocionar los tres discos del trío con su sello y su viaje a Francia en octubre pasado, “El gusto”, su “Antología del Son de México”, al Trío Chicamole y su disco “Huapango en wi-fi” y la participación de su violinista, Casimiro Granillo, en un espectáculo colombiano de espíritu latinoamericano, “Ondatrópica”, en las próximas olimpiadas en Inglaterra. Qué bien.

Ah, las prisas y las notas tomadas sin concierto. Es verdad, en muchos sentidos Los Camperos de Valles son el mejor trío huasteco de México o uno de los mejores, así como también Camilo Ramírez es un digno sucesor de don Heliodoro Copado y de Joel Monroy en la vara del trío. El Trío Chicamole es muy bueno, sin duda, y habrá que esperar unos años para ver hasta dónde llega o qué otros discos da a conocer. Ésos, infiero, eran unos de los objetivos que los organizadores querían enfatizar al planear su espectáculo. Expectativas cumplidas. Por mi parte, quiero cerrar esta entrega de estas “Memorias…” con el deseo de que pronto vuelva a hablar de este trío de hidalguenses en este espacio y con algunos de los versos de esa gran artista popular que es doña Paty Chávez, los cuales esa tarde cantó en el CENART:

En tres estados hermanos
hoy no hay línea divisoria
sólo nos une la euforia
y al estrecharnos las manos
retoñan los mismos granos
sobre una misma razón
con el huapango y el son
voces de grandes troveros
Chicamoles y Camperos
en un solo Corasón…

Comentarios a esta nota: gregorio.martinez@azteca21.com

Foto: Un concierto extraordinario en un escenario digno de nuestra tradición.
Azteca 21/Gregorio Martínez M.

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