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Del Toro - May 9, 2012

Pablo Hermoso de Mendoza, un centauro en el siglo XXI

Por supuesto, nos estamos refiriendo a Navarra cuya vinculación con el mundo de la tauromaquia es más que obvia. De manera que este apellido que parece castizo es más vascuence de lo que asemeja, concretamente de Estella.

Pablo Hermoso de Mendoza, es un gran jinete, un grandioso torero a caballo, pues como su apellido noble indica sólo aquellos grandes podían disponer de montura para ir a la batalla. La batalla que nos ofrece Pablo Hermoso de Mendoza, es una batalla sincera, artística, domada y dirigida, en la que  D. Pablo se compenetra hasta tal punto con el caballo que llegan a fundirse en uno. Nuestro torero caballero, de esta manera, se convierte en un centauro, un ser mitológico que en griego significa matador de toros.

El centauro (kentauro en griego) es un ser con torso de humano y cuerpo de caballo. Qué magnífica definición para referirnos a este gran rejoneador que con elegancia, ingenio, técnica y perseverancia convierte a sus caballos en sus propias extremidades, anulando sus instintos y sometiéndolos a su voluntad por encima de sus miedos y que, con la suerte como aliada, se enfrenta a un bravo oponente.

Hablar de Pablo Hermoso, es hacerlo también de su cuadra (de la actual y de la histórica), ¡qué sería de un caballero sin caballos! Por nombrar algunos de ellos lo haremos de Helios, Ícaro, Quechua, Roncal, Cafetero, Chicuelo, Dominguín, Oro Viejo… porque ellos han sido, o son, Pablo en la arena. Son parte importante de ese centauro que lleva triunfando en los ruedos desde que hace 23 años tomó la alternativa en Tafalla. Desde entonces, sus faenas engrandecen la historia taurina de finales del siglo XX y principios del XXI.

Lo que sí es cierto, y no tiene nada de mito y sí de hito, es que Pablo Hermoso, arrasa donde va. Ahí queda su campaña americana y la grandiosa tarde de ayer en Palavás (Francia). Ir a ver a  Pablo Hermoso en directo es apostar por el arte en dos sentidos, lo puramente estético -en el encuentro con el toro- y lo propio de la doma de un animal. Los quites, cabriolas y otros tantos movimientos sorprendentes de una cuadra excelente denotan la sintonía entre el rejoneador y sus caballos.

Su cercanía y transmisión, es decir, su relación con los aficionados en momentos cumbres y  ante las reses, engrandece, aún más si cabe, el valor de este caballero que, si en la Edad Media nos encontráramos, seguro que sus hazañas serían cantadas por los juglares y trovadores de todas las cortes europeas. Mejor aún… podrían servir también como epopeyas mitológicas de la antigua Grecia, las mismas que narran las historias de aquellos dioses del Olimpo que nos fascinaron con seres tan legendarios como los centauros.

Fuente: (burladero.com)

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