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Libros - April 27, 2012

Graciela Limón cuestiona la locura de la emperatriz Carlota en su nuevo libro “The Madness of Mamá Carlota”

En esta novela, “The Madness of Mamá Carlota” (La locura de Mamá Carlota) Limón nos ofrece un mural del México de la segunda mitad del siglo XIX desde el paisaje rural de los hacendados y su mano de obra indígena y mestiza hasta la suntuosa corte capitalina de los monarcas importados.

La novela se inicia con la siguiente cita de una canción mixteca: “qué lejos estoy del suelo donde he nacido…”

La cita resume efectivamente la nostalgia de las dos tramas entretejidas: tres hermanas del pueblo indígena mexicano Chontal que se refugian como sirvientas en la corte de Maximiliano y Carlota en la capital y la emperatriz belga que intenta en vano ganarse el amor y respeto del pueblo mexicano.

La historia no comienza en la suntuosa corte de los monarcas, sino en una hacienda de Cholula llamada La Perla.

La extensión de la hacienda, cuenta la novela, era tan vasta que tomaba una semana recorrerla de un confín a otro y, por lo tanto, contaba con una compleja red de peones y servidumbre para su funcionamiento.

Al comienzo de la novela, tres hermanas indígenas aparecen a las puertas de La Perla en busca de posada y trabajo.

Tila, Chelo y Lula tendrían unos diez o doce años cuando a su llegada a la hacienda, donde permanecerían diez años.

Limón describe hábilmente los privilegios de los que se apropiaban los patrones, que a menudo solían incluir la convivencia con mujeres de la servidumbre.

Es así que una de las hermanas es violada, crimen que por lo general se habría quedado sin castigo.

Como las hermanas ya habían presenciado las consecuencias brutales a las que había sido sometido uno de los peones al presentar una acusación de violación a mujeres de su familia, las hermanas deciden vengarse pero con un plan de fuga en pie.

Limón imagina con ojos bondadosos el diario vivir de la emperatriz Carlota y su deseo de congraciarse con sus súbditos mexicanos.

“Carlota anhelaba acercarse a la multitud que la rodeaba porque sabía que era la gente de su imperio, pero los sirvientes y oficiales la habían mantenido alejada e inaccesible”, escribe.

El beneficio de la duda que se le otorga al personaje de Carlota no se extiende al de Maximiliano, quien aparece como un líder vano y ensimismado.

“De vez en cuando Carlota miraba a Maximiliano como si buscara una explicación, pero solo veía satisfacción en su rostro. Este parecía estar más interesado en la opulenta arquitectura de los edificios que pasaban, vestigios de la era de sus antepasados como monarcas y virreyes de México”.

La breve estadía de Carlota en México está marcada por la desilusión al no poder acercarse a su pueblo y la traición que experimenta por parte de su propio esposo.

En la segunda parte, la trama se traslada a Europa, tras la acusación de Maximiliano de la supuesta locura de su esposa.

Es aquí donde Limón expone de modo bastante convincente que Carlota no había perdido el juicio como se le atribuye, pero que ese diagnóstico fue una estrategia para silenciar sus ideas liberales en cuanto al pueblo mexicano y al rol de la iglesia católica.

Esta segunda parte, sin embargo, no comparte la profundidad narrativa de la primera y parece cobrar vida solo en los momentos en que las hermanas que acompañan a Carlota se reintegran a la narración.

El gran logro de la novela está no tanto en la propuesta sobre la cordura de Carlota sino en cómo Limón recrea personajes históricos y escenarios de eventos famosos con lujo de detalles, evidencia tanto de su minuciosa investigación como de su poder creativo.

Fuente: (Agencias)

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