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Por la Espiral - April 13, 2012

México: la economía del mañana

Para ese año, el Consejo Nacional de Población (Conapo) estima más de 139 millones de mexicanos, para entonces el  bono demográfico habrá culminado dejando una estela de 36 millones de personas mayores de sesenta años en un país cuya economía e infraestructura no está capacitada para atender a adultos de la tercera edad.
Si dios me presta vida en 2050 tendré 78 años de edad y aunque deseo emular a Jane Fonda, pienso en todas las enormes dificultades que, como adulto de la tercera edad enfrentaré de vivir en México: calles mal trazadas,  accesos inadecuados para minusválidos y con sillas de ruedas; una falta de respeto total para permitir el paso al peatón; baños públicos,  teatros, estadios, museos y un sinfín de zonas de ocio desfavorables para la movilidad de las personas de andar difícil.
Es verdad, lo anterior acontece en pleno 2012 y de todo corazón  deseo que en las décadas venideras logren subsanarse  las dificultades y sean resarcidas todas las carencias en cuanto a lo concerniente a servicios públicos.
Ojalá algún día se pueda pasear con tranquilidad dentro de la misma ciudad sin  temor de caer en una alcantarilla, romperse una pierna en una calle mal  pavimentada o tropezarse con la raíz de un árbol desnuda sobre el cemento.
Sueños más profundos: que los puentes peatonales no sean más una trampa mortal y que, de manera efectiva, permitan el trasiego de personas.
Cuando avizoro el país de cara al 2050 lo hago bajo la quimera de que exista orden dentro del caos porque con el tamaño de la población actual cunde una especie de “ley de la selva”, los problemas con el tráfico son reales, la gente aparca en sitios no permitidos sin importar el bloqueo de zonas transitadas; los letreros de prohibido son ignorados  y se pasa por alto la mayor parte de las señalizaciones y normas de urbanidad básicas para una convivencia respetuosa.
Este país con 30 millones más de personas casi todas concentradas en grandes urbes como ciudad de México, Guadalajara, Nuevo León y  otras en expansión como Morelia, Mérida, Cancún, Puebla, Querétaro y Pachuca traerán consigo retos de considerable envergadura por el tamaño de la población y los asentamientos urbanos, uno fundamental relacionado con el  suministro del agua potable; aunque tenemos dos más como son la contaminación y la huella ecológica.
De cara a ese futuro que tarde o temprano llegará es menester delinear  lo mejor posible la expansión urbana estimada a partir de incorporar elementos imprescindibles como la planeación de las nuevas megaciudades.
En lo personal temo por un mañana gris, las  esperanzas menguan en la medida en que gobiernos y gobernantes, legisladores y asambleístas y políticos ansiosos de poder pasan por alto lo relevante de aplicar políticas correctivas dentro de la propia configuración del sistema laboral; carecen de  visión de estadistas para planear la expansión;  mejorar la infraestructura y endurecer las normas en pro del civismo y la civilidad.
A COLACIÓN
El Fondo Monetario Internacional (FMI) argumenta que así como va el mundo en materia demográfica y la extensión de la longevidad del ser humano, tarde o temprano no habrá sistema de pensiones, ni finanzas públicas que soporten la carga de las jubilaciones.
Menudo drama resulta vivir más años para el ser humano porque incrementa la tendencia hacia los desequilibrios en la medida en que seamos más y no alcanza para todos; el impacto en el sector laboral es igualmente acucioso porque las empresas y sus planes de retiro no están preparados para una vejez prolongada lo mismo que las pensiones en el sector público.
Si los trabajadores de hoy son los que pagan a los jubilados de la actualidad  gracias a sus aportaciones, con el cambio piramidal esperado en  buena parte de la demografía global dentro de unas décadas no habrá suficientes personas en activo para pagar las pensiones de más población en edad de retiro pero a todas luces jovial aunque ronde la tercera edad.
¿Y si el ser humano incrementa en diez años más su esperanza de vida cuando lleguemos al 2050? ¿Y si mi Afore Bancomer que administra mi cuenta de ahorro para el retiro no existe más dentro de 25 años porque sucedió una quiebra de las afores? ¿Y si el gobierno se declara insolvente en tres o cuatro décadas para pagar las jubilaciones? A veces el futuro espanta.
P.D. Le invito a que opine del tema en mi blog http//claudialunapalencia.blogspot.com

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