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Ciencia y Tecnología - February 14, 2012

Arqueólogos del INAH hallan 23 lápidas con imágenes grabadas que aluden al nacimiento de Huitzilopochtli y al origen de la “Guerra Sagrada”

El hallazgo, que se ubicó con dirección a lo que fue el adoratorio a Huitzilopochtli, se registró a finales del año pasado por especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta), en la Plaza Manuel Gamio, junto a la plataforma circular decorada con cabezas de serpientes descubierta en septiembre de 2011.

“Los vestigios prehispánicos son de gran valor arqueológico porque es la primera ocasión en que se encuentran, dentro de lo que era el recinto sagrado de Tenochtitlan, gran cantidad de lápidas dispuestas expresamente, a manera de documento iconográfico, para crear un discurso que narra ciertos mitos de esta antigua civilización”, explicó Raúl Barrera, arqueólogo responsable de las excavaciones en el lugar del hallazgo.

Al abrir este fin de semana un ciclo de conferencias, conmemorativo al 34° aniversario del hallazgo del monolito de la Coyolxauhqui, el especialista del INAH indicó que preliminarmente se considera que tanto las lápidas como el piso de andesita rosa y lajas de basalto (de 16.7 m de largo y 3.3 de ancho) donde están colocadas, corresponden a la etapa constructiva IVa del Templo Mayor, que se edificó de 1440 a 1469, durante el gobierno del tlatoani Moctezuma I.

“Los documentos Historia general de las cosas de la Nueva España, de Bernardino de Sahagún; Historia de las Indias de Nueva España e Islas de Tierra Firme, escrito por Diego Durán, y los códices Boturini y Chimalpopoca, que refieren a los mitos del nacimiento de Huitzilopochtli y del origen de la Guerra Sagrada entre los mexicas, nos sugirieron que las imágenes talladas en estas 23 lajas de tezontle rojo y gris —cuyas dimensiones en promedio son de 50 cm de alto y 40 de ancho— están relacionadas con dichas narraciones mitológicas”, mencionó Raúl Barrera.

“El mito del nacimiento de Huitzilopochtli dice que la diosa de la tierra y la fertilidad, Coatlicue, quedó embarazada mediante una pluma que entró en su vientre mientras ella barría; molestos por ello, sus hijos, los 400 guerreros surianos (en náhuatl centzonhuitznahua) y la diosa Coyolxauhqui decidieron ir a la montaña de Coatepec, donde vivía Coatlicue, para matarla; para llegar hasta ese sitio tuvieron que pasar por diferentes lugares: Tzompantlitlan, Coaxalpan y Apétlac.

“A su llegada al cerro Coatepec, continúo el arqueólogo Barrera, Coyolxauhqui y los guerreros enfrentaron a Coatlicue y la decapitaron, en ese momento nació el dios de la guerra Huitzilopochtli, quien enfrentó a los surianos y mató a su hermana, a la cual desmembró”.

Todos los sitios que se citan en el mito, según las crónicas de Bernardino de Sahagún, están representados en el Recinto Sagrado de Tenochtitlan: el cerro Coatepec con el Templo Mayor; Apétlac con una gran losa decorada con serpientes donde eran recibidos los sacrificados, lugar localizado dentro de la zona arqueológica en la plataforma frontal de Templo Mayor.

Mientras que Tzompantlitlan fue representado con un altar de un solo cuerpo donde se colocaban los cráneos de los sacrificados —encontrado el siglo pasado por el arqueólogo Leopoldo Batres donde hoy está la calle de Guatemala—; y el Coaxalpan, con  una franja de piso al pie del Templo Mayor por donde sólo podían caminar los sacerdotes, sitio que quizá corresponda al suelo con lápidas recién encontrado.

Por otra parte, la leyenda sobre el origen de la Guerra Sagrada entre los mexicas, descrita en los códices Chimalpopoca y Boturini, establece que durante el recorrido que éstos realizaron de Aztlán hacia el lago de Texcoco, en el Valle de México, donde edificarían su ciudad, bajaron del cielo los guerreros estelares del norte, llamados en náhuatl mimixcoas, que fueron enfrentados, derrotados y sacrificados por los tenochcas.

“Ambos mitos se relacionan con el concepto de una batalla estelar, en la cual el dios de la guerra y del Sol Huitzilopochtli, sale victorioso de la afrenta contra los 400 guerreros del sur y Coyolxauhqui, lo que dio origen a las estrellas (combatientes muertos) y a la Luna (al lanzar la cabeza de su hermana decapitada al cielo)”, comentó el arqueólogo Raúl Barrera, responsable del Programa de Arqueología Urbana del INAH.

Las imágenes en relieve que presenta la veintena de lápidas, aluden a ocho serpientes con las fauces abiertas, de las cuales se puede apreciar la lengua bífida y en la parte inferior el crótalo; la representación de un escudo de guerra o chimalli con figuras de caracoles y cuentas de piedra, y dardos en dirección a la parte inferior, y trazos que quizá simbolicen chorros de sangre, detallaron Lorena Vázquez y Rocío Morales, arqueólogas involucradas en la investigación.

Asimismo, otras de las imágenes grabadas en las lápidas son: un dardo con representación de humo hacia los lados, frente al cual se halló una punta de flecha de obsidiana; la de un guerrero estelar ataviado que porta en una mano su chimalli y en la otra un lanza dardos —arma con la cual Huitzilopochtli vence a Coyolxauhqui—; así como relieves de ornamentos característicos de esta diosa, como una nariguera y una orejera.

Otra de las lápidas descubiertas tiene grabada la figura de un cautivo arrodillado con las manos atadas sobre la espalda, que posiblemente está hablando —frente a su boca está la figura de una vírgula— y del cual se aprecia la talla de una lágrima cayendo de su ojo; en otra de las piezas prehispánicas se observa el rostro de perfil de un decapitado que lleva un tocado de plumas y una orejera; además de representaciones de ornamentos, como un rosetón adornado con plumas y una flor cortada transversalmente.

“Algunas de las lajas tienen a los costados las representaciones de círculos, a manera de numerales, que posiblemente aludan a fechas calendáricas, sin embargo, se continúa con los estudios para determinar sí efectivamente indican alguna fecha”, precisó Lorena Vázquez Vallín.

Los especialistas del INAH comentaron que el hallazgo se dio durante los trabajos de supervisión arqueológica de las obras de adecuación que se realizan para la creación de un nuevo acceso al Museo de Templo Mayor.

El arqueólogo Raúl Barrera concluyó que una vez terminados los trabajos de sondeo, para determinar la existencia de algún tipo de ofrenda debajo de las lápidas, así como las labores de limpieza y restauración en las lajas, se colocará un piso de cristal para que los visitantes puedan admirar la magnificencia de los 23 relieves del siglo XV.

Fuente: (INAH)

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