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Ciencia y Tecnología - January 31, 2012

Reciente descubrimiento de un entierro en el semidesierto de Querétaro abre línea de investigación sobre los rituales que practicaron en la “Gran Chichimeca”

El depósito funerario tiene características que no corresponden a ningún tipo de enterramiento mesoamericano registrado por los arqueólogos

Ciudad de México.- 30 de Enero de 2012.- Análisis preliminares de un entierro de la época prehispánica que recientemente dejó al descubierto un deslave en el semidesierto de Querétaro, en el municipio de Peñamiller, advierten que podría tratarse del descubrimiento de un sistema funerario no registrado hasta ahora por la arqueología, cuyas características particulares remiten a grupos sedentarios de la Gran Chichimeca que convivieron con pueblos prehispánicos de Mesoamérica.

La arqueóloga Fiorella Fenoglio, responsable de la excavación, explicó que el depósito funerario tiene características que no corresponden a ningún tipo de enterramiento mesoamericano conocido, aunque es similar a otro entierro localizado hace seis años a ocho kilómetros de ese lugar, lo que hace pensar en un patrón de entierros prehispánicos inédito; pero advirtió que se necesitan más excavaciones para verificar si existen más sepulturas iguales y poder asegurar que se trata de una práctica común de un grupo cultural.

La investigadora del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta) comentó que el entierro descubierto en diciembre pasado, corresponde a un joven que al morir tenía entre 15 y 18 años, sepultado con la mitad de una olla y de un huilanche (roca utilizada como metate) tapándole la cabeza y acompañado de cuatro herramientas elaboradas en hueso, al parecer dos punzones y dos pulidores para cerámica o estuco.

“Sobre los dos objetos que parecen ser punzones se encontraron cientos de fragmentos de un material orgánico que podría ser papel o piel con pigmentos rojo, rosa, verde, blanco y amarillo, que indican haber estado plasmados con cierta combinación”.

Fenoglio explicó que los materiales que acompañaban al personaje son propios de culturas sedentarias, no obstante que en la región, los entierros descubiertos por la arqueología pertenecen a grupos nómadas de cazadores recolectores, quienes habitaron en el semidesierto queretano desde tiempos más remotos.

Asimismo, destacó que esta sepultura es extraordinaria no sólo por los materiales que contenía, sino por el sistema funerario aplicado: “Al parecer, quienes enterraron al joven aprovecharon una cavidad natural de la loma, la excavaron más profunda, calculamos un metro, de manera horizontal —no vertical como estamos acostumbrados a ver las fosas—, y colocaron bloques de piedra para formar una especie de cueva, donde depositaron al fallecido junto con los objetos.

“Luego taparon el espacio; el tapiaje no lo encontramos porque el entierro quedó al descubierto en el perfil de la loma, como consecuencia de los deslaves y el escurrimiento de agua de lluvia, pero quedan señales en la estratigrafía (capas de tierra)”.

Un dato importante en el contexto arqueológico —describió Fiorella Fenoglio— es que en la pared de enfrente al perfil donde se recuperó el entierro, hay una parte de la estratigrafía que se rompe; es decir, la formación natural de las capas de tierra está pareja y de pronto se ve una pequeña sección con piedras al parecer colocadas de manera intencional, como si estuviera tapiado un hueco. “Queremos excavar para corroborar si se trata de otro entierro. De ser así, estaríamos frente a un sistema de enterramiento desconocido y comprobaríamos que esta área se utilizó para sepultar a la gente de esa manera.

“No tenemos registrados en Querétaro, ni en lo que fue Mesoamérica, evidencias de este tipo de enterramientos. Otro caso con las mismas características se registró en 2006, a ocho kilómetros de este sitio se encontró un entierro en el perfil de una loma, metido y probablemente también tapiado, por eso suponemos que se pueda tratar de una tradición funeraria usada en esa región. Tenemos proyectado regresar al sitio entre febrero y marzo para continuar con las excavaciones y comprobar si hay más sepulturas iguales.”

Respecto al origen cultural del entierro, la arqueóloga del INAH tiene dos hipótesis: una es que pertenezca a un “grupo intermedio”, es decir, seminómadas con tradiciones de características de Mesoamérica. “Entre 900 y 1100 después de Cristo, los grupos mesoamericanos convivieron con los cazadores-recolectores de la Gran Chichimeca, producto de las modificaciones de la frontera entre ambos territorios”.

Posteriormente, algunos grupos nómadas permanecieron con sus costumbres de cazadores recolectores, pero otros adoptaron las mesoamericanas, dando origen a los llamados “grupos intermedios”, que tiempo después derivarían en los pames.

“Lo que queremos investigar es si fueron dichas sociedades cazadoras-recolectoras de tradiciones mesoamericanizadas, las que utilizaron estos espacios ubicados en las lomas para enterrar a sus muertos”.

La segunda hipótesis formulada es que se trate de alguno de los grupos prehispánicos que habitaron en esa región entre 500 a.C. y 900 d.C., como teotihuacanos o chupícuaros o bien un pochteca (comerciante) que murió en el camino y se enterró en este lugar. “También podría ser miembro de otro grupo sedentario que habitaba esta zona y que acostumbraba enterrar a sus muertos ahí, el cual tendríamos que identificar”.

Cabe destacar que en los estudios preliminares para calcular la posible antigüedad de un contexto arqueológico, por lo regular la ciencia se basa en la identificación del tipo de cerámica, cuyas características de la forma, materiales y diseños pictográficos dan un referente ya establecido en tablas de comparación; sin embargo, en esta ocasión no es posible hacer esta correlación debido a que la olla que acompañaba al esqueleto es de color negro y no presenta características que permitan ubicarla en alguna cultura específica, explicó Fenoglio.

“En este caso lo que podría dar una pista respecto a la cultura y periodo al que pertenece el entierro, son los fragmentos de pigmento porque pueden ser característicos de alguna tradición cultural ya conocida”.

Los restos de los objetos de la ofrenda y la osamenta se resguardan en el Centro INAH-Querétaro para ser limpiados y restaurados. Tanto los huesos como los fragmentos con pigmento serán analizados para determinar a qué cultura y época pertenece el entierro.

Liga del video del entierro descubierto en Peñamiller, Querétaro: http://youtu.be/Az_xikoWAgU

Fuente: (INAH)

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