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Por la Espiral - December 29, 2011

Fukushima: el suceso de 2011

La serie de desastres en Japón a partir del terremoto de 8.9 grados del 11 de marzo de 2011, con las posteriores olas gigantes, los miles de muertos y los daños materiales encontraron en Fukushima y su central nuclear la peor de las pesadillas, una que con el impacto ambiental provocado puso la alerta en varios países.
La verdadera dimensión de las consecuencias por el descontrol de los reactores nucleares en Fukushima es desconocida por la mayoría de nosotros que fuimos únicamente testigos mediáticos de los días, semanas y meses de esfuerzos por tratar de controlar la fuga de radiactividad que contaminó agua, tierra, aire, animales y personas ubicadas en distintos radios y extradios de la planta.
Hasta hoy en día las pruebas de contaminación nuclear siguen dando positivas por ejemplo en la leche extraída de las vacas de pueblos aledaños a la zona de la central.
Este desastre es el peor de la historia de la energía nuclear aún por encima de las bombas de Hiroshima y Nagasaki; o el accidente de 1986 en  Chernóbil e inclusive que el de 1979 en Three Mile Island.
Por ello insisto en subrayar que las consecuencias de la energía nuclear liberada al medioambiente todavía son desconocidas y por lo menos, por cuestión de ética, el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) debería dar una explicación sumaria global acerca de los niveles reales de contaminación,  no olvidemos que  la planta está ubicada en la costa de cara al Pacífico.
Además estaba considerada dentro del grupo de las 25 centrales nucleares más potentes del mundo por su gran capacidad, lo que hace más trágico todavía todo el tiempo qué pasó fuera de control.
Algunos científicos japoneses analizaron  las aguas de la costa y han encontrado contaminación nuclear, el problema es que no han revelado cuánto mar adentro hay partículas radiactivas mezcladas con fitoplancton y zooplancton que comen tantos peces como aves.
Hasta la fecha la OIEA únicamente cifra entre 8 a 10 años el tiempo que demorará desmantelar parte de la planta de Fukushima y construir una especie de “cementerio” para enterrar los núcleos tal y como hicieron en Chernóbil.
A COLACIÓN
Las lecciones de Fukushima son las de la naturaleza: los seres humanos somos pequeños y endebles ante su majestad natura.
De allí que el suceso nuclear abriese nuevamente la polémica y el debate favor ó en contra acerca de la utilización de la energía nuclear para compensar la demanda energética en un mundo donde la energía fósil es insuficiente y tiene un futuro escaso.
Hasta Ángela Merkel, canciller de Alemania, mandó revisar las 19 plantas nucleares, acordando  junto con el Parlamento el cierre escalonado de todas antes de 2020 después de considerar su  verdadero riesgo.
Desde Estados Unidos, las posiciones son encontradas: por un lado hay quienes argumentan que la sostenibilidad de la industrialización pende de un hilo sobre todo porque las energías fósiles suponen el fin algún día de la industrialización principalmente si atendemos las razones de oferta y demanda.
Entonces es la energía nuclear la que figura como salvadora no  únicamente del régimen capitalista sino del sentido más puro de la producción.
Por ende, hay políticos que argumentan que la energía nuclear es limpia y la respuesta futura al déficit derivado por los no renovables y otros quienes, recuerdan el alto costo para la vida humana de producir electricidad a base de uranio y plutonio.
Qué pena que el tema de la utilización de la energía nuclear se equipare igual al del aborto, la religión y muchos otros derivados de usos y costumbres, porque al menos debería existir un criterio generalizado al respecto del riesgo enorme que presupone la utilización del uranio y plutonio.
Si como consumidor me preguntan al respecto de la energía nuclear, contestaré que  prefiero esgrimirme a un horario de utilización de electricidad que a vivir por muchos años con los efectos colaterales en insumos y otros productos para la alimentación, incluyendo el aire y agua que afectarán a otras generaciones. Vamos, que luego de Fukushima no queda lugar a dudas de lo que es políticamente correcto  y razonable para la vida humana.
En todo caso cuando los desastres pasan es precisamente para que los seres humanos reflexionemos, valoremos hacia el futuro y tomemos las decisiones pertinentes. Fukushima no debe olvidarse jamás.
P.D. Le invito a que opine del tema en mi blog http//claudialunapalencia.blogspot.com.

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