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Columnista Invitado - December 16, 2011

La tradición del mariachi coculense como elemento de identidad local

cantidad interminable de matices, fiel muestra de las tradiciones y costumbres de los coculenses. Ejemplo de ello lo encontramos en Rafael Méndez Moreno quien, el 25 de Julio de 1944, está en el D. F. y por su pluma corren sentimientos cuando recuerda su tierra natal, es una confesión en la que se puede apreciar el peso que tiene la tradición del mariachi en la identidad cultural de un coculense (que da vida a la historia de su pueblo y enaltece la originalidad del mariachi):

…cuando oigo tocar los mariachis de mi tierra vienen a mí los recuerdos de mi casa, mis gentes, mis afectos de infancia. Las enrramadas de San Miguel cubiertas de zempaxúchitl, la chirimía de Semana Santa, el sábado de tianguis, sus campanas alegres y templadas, sus fuegos artificiales, sus jaripeos, sus tapadas de gallos, sus levantamientos armados. Y me recuerdan también su panorámica vista desde La Cruz, sus fresnos, sus tabachines, sus picos de gallo, su pozole blanco, sus tamales y chorizo; toda una vida que ahí se compagina rigurosamente al arraigado credo religioso.

El “hijo ausente de Cocula” valora la riqueza histórica-sociocultural de su tierra natal al escuchar la música de mariachi. Su conocimiento del lugar es suficiente para que él ubique con certeza la importancia de la religión católica, pues los coculenses manifiestan su fe en Dios cotidianamente (muy a su manera) y más cuando celebran las fiestas patronales en honor a San Miguel Arcángel.

El coculense José Corona Ochoa (1972: 208-209), deja también testimonio de lo que significa para la gente de Cocula el mariachi de su tierra, indispensable en todo ambiente festivo del pueblo y convivencia juvenil:

Los enamorados trepaban por parejas a las ramas bajas del camichín y se distribuían en igual forma usufructuando los lugares más cómodos y estratégicos que hallaban. Los jóvenes sin compromiso se dedicaban a bailar y cantar tan luego como llegaba el Mariachi, que era el que iniciaba realmente la alegría.

El siguiente fragmento de la novela Mariachi, Sangre y Amor, del coculense Enrique Acosta Tortolero, es un ejemplo más de literatura inspirada en una tradición campesina arraigada en un pueblo sufrido, alegre, religioso y amoroso, con sus sentimientos a flor de piel gracias a la sensibilidad que posee para percibir su entorno y expresarse sin tapujos:

…¡Pudiera bien en complejos moverse la filosa ironía del dolor que sabe enmascararse con su propia sinceridad! Ya los milpales están”jilotiando”, echando vainas el frijolar, y si la Virgen da su licencia pa’ l año que’ ntra me’ de casar.

Los fragmentos que seleccionamos de la novela Cocula de Carlos Haro Jr., son una manifestación literaria en la que se habla del mariachi coculense muerto y vivo, apreciado por un pueblo no olvidadizo y grande en tradiciones:

La tumba se encontraba bellamente decorada con el sombrero del mariachi y su violín. El camino que llevaba a ella estaba cubierto de pétalos de flores amarillas ya marchitas. Por él llegaron cada uno de los pocos habitantes del pueblo, como un homenaje póstumo para José, el joven difunto. p. 1.

No llegaba todavía a la Plaza de Cocula, Jalisco, cuando Jesús, “El Cacarizo”, escuchó a lo lejos la música del mariachi. Tocaban un son en la cantina del pueblo. Era un domingo de 1930. p. 21.

El guitarronero coculense Don Jesús Salinas Hernández, nos deja su testimonio en el que expresa parte de lo que es la vida del músico de mariachi. Menciona a un destacado mariachero de El Saucillo, poblado rural perteneciente al municipio de Cocula, así como lo solicitado que es hasta por ricos hacendados.

El ambiente social donde se desenvuelven dos importantes músicos de mariachi es aquí narrado, dándonos la oportunidad de captar cómo los factores artístico y económico se hacen presentes para determinar la magnitud del impacto sociocultural local de la tradición del mariachi coculense:

-Toda la vida he tocado el guitarrón. Andaba en mis quince cuando me le pegué a don Salvador Flores, hombre del Saucillo, sabio en música, tocador de todos los instrumentos: hasta del armónico en la Parroquia. Lo procuraban para las mejores tocadas en Cocula y sus alrededores: las haciendas de La Sauceda, Estipac y Santiago. Muchas veces nos contrataron ricos
entre otras, San Cayetano y La Chacona, junto a Tlajomulco, a donde llegaban los mejores mariachis, cuando los que allí había se transformaron en orquestas. Tenían fama sus tapadas de gallos con ricos hasta de Guadalajara. -¿Sería de Cocula el mariachi que se llevó en una paseada mi tío don Manuel al rancho de mis abuelos?, si así fue, tengo la honra de haber bailado entonces, mi primer jarabe con doña Laura, amiga de mi tío: acompañados por un mariachi muy bueno. Los que bajaban de la sierra o subían de la costa, eran cada año más pobres, y sólo tocaban en volantines, peleas de gallos y puestos de muchachas alegres. hacendados de lejanas tierras,

El mariachi “también le atora al zapateado en su tierra y en la ajena”, donde solicitan su música hasta los ricos, por lo que se siente satisfecho e importante al dar a conocer su tradición en otros lugares.

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