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Arte y Cultura - November 24, 2011

Exponen en Tijuana grabados de José Guadalupe Posada, máscaras de Felipe Horta, calaveras de Leonardo Linares y diablos de Ocumicho, Michoacán

infinitas representaciones, conforman Entre Dios, el diablo y la muerte, la siguiente magna exposición del Centro Cultural Tijuana.

Esta colección de arte popular en la que sobresalen las formas, el colorido y diseño de las piezas, desbordantes en imaginación y destreza, será inaugurada el próximo viernes 25 de noviembre, a las 7:00 pm, en la Sala de Exposiciones Temporales del Museo de las Californias, donde permanecerá hasta la primavera del próximo año.

La exposición incluye grabados originales del ilustrador de la muerte, José Guadalupe Posada, máscaras de Felipe Horta, calaveras de Leonardo Linares y diablos de Carmela Martínez Álvarez, de Ocumicho, Michoacán, entre muchas otras piezas, la mayoría de autor anónimo, como sucede con demasiada frecuencia en el arte popular.

Las piezas que integran la muestra pertenecen a las colecciones del Cecut y la Unidad Regional de Culturas Populares de Tijuana, cuya colaboración hizo posible esta colección de arte popular, a la cual se sumaron también piezas de colecciones privadas, “para dar muestra del sincretismo cultural que envuelve la idiosincrasia del y de lo mexicano”, señala el texto de presentación de la exposición.

Entre Dios, el diablo y la muerte documenta, a través de las piezas que reúne, parte del vasto territorio que comprende el arte popular mexicano, cuyas raíces se nutren de orígenes diversos y de tradiciones que se han estado recreando durante siglos.

La cultura mexicana es resultado de un profundo mestizaje cultural: elementos españoles y africanos se sumaron a las culturas nativas, dando como resultado una amplia gama de expresiones artísticas, gastronómicas y espirituales. A la llegada del hombre europeo, las culturas nativas eran, a su vez, diversas y no una sola, de modo que la fusión de elementos culturales resultó aún más intensa.

En el mundo precolombino, los especialistas reconocen tres grandes áreas culturales que tuvieron presencia en el territorio que hoy ocupa México: Aridoamérica, que corresponde a las culturas que florecieron al norte del Trópico de Cáncer;   Mesoamérica, que comprende los pueblos del altiplano central, el sur del país y su prolongación en lo que es hoy Centroamérica; y Oasisamérica, área cultural que se extiende desde el territorio de Utah, en Estados Unidos, hasta el sur de Chihuahua, y desde la costa de Sonora, en el Golfo de California, hasta el valle del río Bravo.

Cada una de esas tres grandes áreas culturales acusaba un desarrollo singular en cuanto a sus formas de vida, sustento material y expresiones simbólicas, que luego acabaron fusionadas con los elementos culturales traídos por los conquistadores.

“En el ámbito de la espiritualidad”, apunta el texto introductorio de Entre Dios, el diablo y la muerte, “los misioneros hicieron coincidir las celebraciones indígenas con las católicas, esto con el fin de facilitar la conversión al cristianismo de los grupos nativos de México”.

Y añade: “Los conceptos de Dios y la muerte se tocaron con el punto de vista occidental (judeocristiano), mientras que por su parte el diablo hizo incursión en la mentalidad de estos grupos, en un primer momento como representación del mal simbolizado por las deidades autóctonas de cada región”.

A partir de esa mezcla de elementos heterogéneos o sincretismo, que está en la base de la cultura mexicana, la imaginería y destreza de los artesanos, junto con el ejercicio cotidiano y el perfeccionamiento de sus destrezas, y el refinamiento de sus formas de expresión, labradas a lo largo de los siglos, se tiene como resultado la extensa variedad del arte popular mexicano, presente en la exposición.

Con el paso del tiempo y gracias a su práctica cotidiana, “algunas regiones del país se especializaron en la elaboración de piezas de cerámica y alfarería, la talla de madera y la metalistería”, mientras que otras lo hicieron en otras artes, de modo que Entre Dios, el diablo y la muerte muestra también la especialización del arte popular por región.

Por lo demás, tales son las habilidades desarrolladas por los artesanos mexicanos, transmitidas de generación en generación, que son capaces de transformar objetos de uso cotidiano en delicadas piezas ornamentadas sin perder su utilidad práctica. Y aun los artesanos más modestos añaden gracia y belleza a los objetos salidos de sus manos, así estén predestinados a cumplir en apariencia sólo una función práctica.  

Más allá de su inocultable riqueza y la delicada confección de sus piezas, la exposición Entre Dios, el diablo y la muerte es apenas una muestra de la desbordante imaginería de los artesanos mexicanos.

Si está interesado en el resto de nuestras actividades, lo invitamos a consultar nuestro portal www.cecut.gob.mx

Fuente: (CONECULTA)

Foto: Cortesía Juan Carlos Zamudio Mendoza

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