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Del Toro - November 22, 2011

Ocho con Ocho – ¡Confirmó¡

cimbró al público de La México que concurrió en buen número pero que se quedo sin trofeos por sus fallas con la espada.

El Payo obtuvo una oreja protestada y Sebastián Castella voluntad sin  poder remontar la falta de acometividad de los toros de Bernardo de Quiroz que tanto agradan a las figuras del toreo en México.

No habían pasado ni dos minutos de haber saltado a la arena Pescador  y ya habíamos visto buen toreo  de capa, el capote de Juan Pablo, que adormeció la embestida de su enemigo con verónicas de enjundia alta. Sólo era un anticipo de la obra que cinceló el Aguascalientes que nos depositó en las playas de la esperanza y nos hizo salir hablando de su faena por la espada inconclusa.

Tras sus verónicas clásicas, llegó el turno para la muleta. Y Juan Pablo con claridad de ideas se empeño en torear: desde la sinfonía de ayudados de inicio, puro sentimiento, hasta la pureza de redondos y naturales en un palmo merced al temple y la ligazón, que cerraba ora con arrebatadoras esculturas de los pases de pecho con toro y coletudo fundidos en una faena de altos vuelos.

Porque el toreo, como en la prosa, cuando es auténtica, encuentras rumbo, ritmo y modo de manera prodigiosa surgiendo de la inspiración. Ya que el toreo cuando lo interpretan con pureza es el duende que transmite a las alturas, nacido de la técnica bien aprendida en España por Sánchez pero interpretada desde su manera mexicana de sentir el toreo ¡Vaya amalgama!

Y del desigual encierro de la Bernaldo de Quiros , el peor presentado fue el de regalo de Juan Pablo al que obsequio por no haber rematado su gran faena al sexto, un toro sin remate muy protestado por la concurrencia que no dio opciones a Juan Pablo. Y es que la corrida de Bernaldo de Quiroz tuvo la nobleza en general pero no la fuerza necesaria como para dejarse torear, la ganadería hidalguense en busca del toro light con bravura noble hasta el extremo que vislumbramos en el sexto, incurre de la falta de codicia y acometividad en la mayoría de sus astados.

La actuación por parte de El Payo fue seria, pero a mi modo de entender poco comprendida por el público capitalino, que se dividió cuando el juez Roberto Andrade le concedió una oreja de su primer toro y luego a pesar de tratar de sacar lucimiento de un toro aplomado y estar cercano al percance en su segundo turno, en lugar de aplaudir el esfuerzo, lo recriminó sin argumentos.

Sebastián Castella y su administración bien harían en apuntarse a otro tipo de corridas, si bien el año pasado indultó a un toro de Teófilo Gómez, no pasa desapercibido el hecho de que en La México el público si bien reconoce el valor, variedad e imaginación del francés ya le quisiéramos ver con otro tipo de astados que presagia mayor codicia, acometividad y así disfrutar a plenitud de su tauromaquia excelsa.

Buen debut de Juan Pablo Sánchez hijo, sobrino y nieto de torero por la parte paterna, por la materna, algunos recordarán  una oportunísima fotografía de Olivares de Ovaciones que le dio la vuelta al mundo, la de Rafael Rodríguez, que recorriendo a hombros el anillo de la plaza más grande del mundo, lo carga, quien sufre en ese acto el robo de su cartera a pesar que va escoltado por dos policías, el 2 de abril de 1950 se disputaron la Oreja de Oro Fermín Rivera, Silverio Pérez, Antonio Velázquez, Luis Procuna, Rovira y Rafael Rodríguez.

Pues el aficionado a quién robaron era el por aquellos años,  estudiante de ingeniería civil Jorge López Yáñez,  fue padre de Bertha la madre de Juan Pablo, por lo tanto era su abuelo materno., el Ingeniero Jorge falleció hace algunos años.

El trofeo fue para Velázquez y en son de protesta la Porra de Ingenieros bajaron al ruedo y pasearon a Rafael hasta la calle.

Sirva para la historia, de quién apenas apuntamos las primeras letras, en una historia que la auguramos muchos será brillante y halagadora para él, y para México.

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