Home Arte y Cultura El poeta Tomás Segovia nos heredó una especial visión del erotismo, señala Hugo Gutiérrez Vega
Arte y Cultura - November 8, 2011

El poeta Tomás Segovia nos heredó una especial visión del erotismo, señala Hugo Gutiérrez Vega

mujer, falleció a los 84 años a causa de un cáncer de hígado.

Un camino que él mismo poeta definió el 21 de mayo de 2010, cuando recibió un homenaje en el Palacio de Bellas Artes con motivo de su cumpleaños 83. “Yo no pertenezco ni a un país ni a otro, ni a ningún grupo, generación, corriente literaria ni nada parecido. Esto no lo he buscado, simplemente creo que así fue mi destino, pues he andado de un sitio a otro, cambiando de países, incluso de regiones dentro de los países”.

Sendero que también lo llevó  a la escritura. En una entrevista con Crónica a principios de este año contó como se volvió poeta: “Hay varias maneras de contarlo, unas más aburridas que otras, pero en realidad fue la casualidad lo que me llevó a la escritura, no una revelación del talento. En la Casa de España en París me eligieron para escribir una carta porque era el niño que menos faltas de ortografía tenía. Describía los juegos, canciones y fiestas. Se publicó en el boletín Ramillete. Ese fue mi primer texto”.

Ese peregrinaje terminó ayer cuando su viuda,  María Luisa Capella, dijo que el autor de El Sol y su eco y Cantata a solas había falleció a las 14:30 horas en su casa de la ciudad de México, acompañado por su familia hasta el último momento.

Uno de sus amigos más cercanos, el también poeta Hugo Gutiérrez Vega lamento el deceso de Tomás y señaló que deja una obra llena de sensualidad y luz a Hispanoamérica.

Por su parte, Christopher Domínguez Michel destaca que Segovia que fue un autor que consideraba la poesía, más que un oficio, una actividad de índole artesanal, en la que lo fundamental era el dominio de la métrica.

Sus versos giraban en torno al día, la luz, las estaciones y, por encima de todo ello, sobre la mujer como la “suprema experiencia” de un poeta.

OBRA. Nacido en Valencia, España, el 21 de mayo de 1927, Tomás Segovia sale de su país para ir a Francia. Ese viaje lo llevaría a México en la adolescencia donde estudió Filosofía y Literatura en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Años después,  y en la década de los cincuenta publicaría sus primeros poemas.

De esa labor creativa sobresalen sus libros La luz provisional, Cuaderno del nómada, Lapso y Fiel imagen, El Sol y su eco, Anagnórisis, entre otras.

La calidad de su trabajo lo llevó a recibir distintos galardones. El Premio Xavier Villaurrutia, el Octavio Paz, Premio Magda Donato, el XV Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo y el Premio Alfonso X de Traducción en varias ocasiones. Obtuvo la beca Guggenheim en 1950 y fundó la Revista Mexicana de Literatura en colaboración con Juan García Ponce.

PARÍS. En una entrevista con Crónica publicada el 8 de enero cuenta cómo se volvió escritor y dijo: Fue una casualidad lo que me llevó a la escritura, no una revelación del talento.

Ya en la Casa Española en París, una de los sitios donde había niños refugiados por la Guerra Civil Española, que también se ubicaban en Inglaterra, Bélgica y otras naciones europeas, los menores hacían un boletín llamado Ramillete con la supervisión de los maestros.

Un día, indica, llegó la invitación a la Casa de España donde estaba y me seleccionaron para escribir la carta por tener buena ortografía. “Lograba de vez en cuando escribir haber con “h”. Y en la carta, relata, describía un patio con columpios y lo que cantábamos. Fue publicada en Ramillete y “cuando mi abuela vino a buscarnos a mis hermanos y a mí a París, lo recortó. Ahora puedo presumir que soy un escritor publicado a los 10 años en París”.

Al llegar a México casi tenía 15 años, señala Tomás Segovia e ingresé a la preparatoria. “Naturalmente era una persona decente y quería ser futbolista. Jugaba en el equipo de la escuela que fue uno de los mejores de esa época, pero era malo. Fui el peor portero del mundo. Nunca jugué un partido oficial, era reserva del reserva, pero entusiasmo no me faltaba”.

Un día, en medio de todo eso, recuerda, el profesor de literatura, nos dijo: a mí me interesa que se aprendan la lengua, que se expresen bien y quiero que me hagan un texto, con tema libre, o los que no quieran escogerlo, se los dejamos. El tema era la infancia de García Lorca y nos leyó un artículo sobre el poeta.

Esa casualidad me hizo escribir un texto delirante que se llamaba Cómo me imagino el pueblo de García Lorca. “Era como una bandada de palomas y copas de cristal que se derramaban en el valle que circundaba su pueblo”.

A la clase siguiente el maestro dijo: tenemos en Segovia a un escritor y recuerdo que en ese momento colgué las botas de futbol, “me compré una pipa y ya era escritor. Esta es la manera más aceptable de contarlo”.

Sintetiza Tomás Segovia que esas son las casualidades, “porque de no darse, habría sido futbolista y médico, lo que mi familia había planeado para mí”.

DESARROLLO.  Al comenzar a escribir sus primeros poemas y textos, Segovia dice que lo hacía con “plena incultura, sin preparación literaria, “tenía pocas lecturas y mucho desconocimiento de autores”.

Con el paso del tiempo, rememora, fui conociendo a los compañeros y a los que escribían. “Me avergonzaba mucho en las pláticas porque los oía hablar de libros y escritores y yo no sabía nada. Una anécdota: estaban algunos amigos que hablaban lenguas, hablaban de Paul Valery y yo sólo he leído un libro de él y todo lo que decían del poeta no lo entendía. Lo que pasó es que yo había leído un libro de otro Valery y ellos hablaban del poeta. No sabía que había dos Valery”.

Eso, recuerda, me llevó a leer mucho, muy desordenadamente. Una de las razones es que comencé a trabajar a los 18 años haciendo correcciones y traducciones, en la Librería Francesa y en medio de esos trabajos me las arreglaba para leer. “Leía en el transporte, al caminar cuando salía de la librería y en casa”.

Fue una etapa muy importante, porque en la misma Librería Francesa, donde poca gente se paraba, “aprovechaba los libros y los devoraba. Los dueños no se enojaban y ese hábito no se ha terminado”.

En las Fuentes

Quién desteje el amor

ése es quien me desteje

no es nadie

El amor se deshace solo

como la trenza del río

destrenzada en el mar

No estoy de amor tejido

estoy tejido de tejerlo

De sacar de mis íngrimos telares

este despótico trabajo

eternamente abandonando

el fleco que se aleja

a la disipación y su bostezo idiota

y sólo escapo de su horror

recogiéndome todo sin recelo

en el lugar donde nace la trama.

y sólo escapo de su horror

recogiéndome todo sin recelo

en el lugar donde nace la trama.

Obras sugeridas

La luz provisional

El Sol y su eco

Anagnórisis

Cantata a solas

Fiel imagen

Zamora bajo los astros

Cuaderno del nómada

Lapso

Noticia natural

Sonetos votivos

Cartas de un Juvilado (novela)

POEMA

En las fuentes

Quién desteje el amor

Ése es quien me desteje

No es nadie

El amor se deshace solo

Como la trenza del río destrenzada en el mar

No estoy de amor tejido

Estoy tejido de tejerlo

De sacar de mis íngrimos telares

Este despótico trabajo

Eternamente abandonando el fleco que se aleja

A la disipación y su bostezo idiota

Y sólo escapo de su horror

Recogiéndome todo sin recelo

En el lugar donde nace la trama.

Fuente: (cronica.com.mx)

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