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Ciencia y Tecnología - November 3, 2011

Impermeabilizan Ex-Convento de la Natividad de María en Tepoztlán con materiales orgánicos e inorgánicos, como cal, baba de nopal, jabón y alumbre

El conjunto conventual es objeto de trabajos a la usanza prehispánica que se efectúan mediante el Programa de Empleo Temporal

Mediante la aplicación de una técnica de impermeabilización prehispánica, basada en materiales orgánicos e inorgánicos, como cal, baba de nopal, jabón y alumbre, especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta) llevan a cabo trabajos de conservación del Ex Convento de la Natividad de María, en Tepoztlán, Morelos, con los cuales revierten los problemas de humedad de la nave del inmueble del siglo XVI.

Dichas labores se ejecutan mediante el Programa de Empleo Temporal (PET), que aplican la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) y el INAH, con un presupuesto de 580 mil pesos; las tareas incluyen además trabajos de limpieza y consolidación del conjunto conventual, declarado en 1994 Patrimonio Mundial por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), como parte de la ruta de los ex conventos ubicados en las faldas del Popocatépetl.

El arqueólogo Carlos Reyes, responsable de la ejecución del PET en ese monumento que data de la época de la Colonia, explicó que el método de impermeabilización empleado se usaba en tiempos prehispánicos, y se basa en el uso de un mineral llamado alumbre, parecido a la sal de grano. “Primero se hace pintura a la cal a base de baba de nopal e hidróxido de calcio y se pinta la superficie que se va a impermeabilizar. Al secar, se le pone un diluido de agua jabonosa y al día siguiente se aplica el alumbre disuelto en agua caliente. Así se va alternando el jabón y el alumbre hasta tener tres capas”.

Sobre las ventajas de esta técnica ancestral, que data del periodo Posclásico (900-1500 d.C.), y ha sido de gran utilidad para impermeabilizar edificios históricos, como es el caso del Ex Convento de la Natividad de María, comentó que el uso de materiales orgánicos e inorgánicos permite que al caer el agua sobre las cubiertas, ésta resbale hacia las gárgolas y los techos queden  libres de humedad.

“En caso de que se filtrara un poco de agua a las cubiertas, la cal —que es un material poroso— tiene un frente de evaporación que elimina todo tipo de humedad, y eso permite que los edificios se sigan conservando. Es una técnica muy económica y va de acuerdo con los materiales de los monumentos”.

El especialista de la delegación del INAH en Morelos detalló que entre las tareas desarrolladas, se ha atendido también la humedad de las azoteas anexas al inmueble, como la del Museo de Arte Prehispánico “Carlos Pellicer”, así como la cubierta de la sacristía y el piso del coro de la capilla abierta, cubriendo un total de 1,468 metros cuadrados.  

El arqueólogo Carlos Reyes destacó que estas labores, que se realizan desde agosto y concluirán este mes, se efectúan con la participación de un grupo de 70 trabajadores (50 mujeres y 20 hombres).

Otro trabajo de gran relevancia que se hizo —dijo— fue la reintegración de una parte del muro sur del templo, que había colapsado desde hace varios años; dicho fragmento tiene una medida aproximada de cuatro metros cuadrados.

El experto comentó que en ese mismo muro se consolidaron los contrafuertes y arbotantes (arcos), se reintegraron las juntas de los paramentos y se hizo un aplanado similar al estuco prehispánico, con arena, cal y baba de nopal, con el que se cubrieron 578 metros cuadrados.

“En el Claustro Bajo se dio mantenimiento a la sala capitular, donde al retirar el piso rojo de cemento se descubrió el empedrado original que data del siglo XVI, el cual fue restaurado, registrado, enterrado de nuevo y cubierto con un nuevo pavimento, similar al mármol, que cubre una superficie de 78 metros cuadrados.

“Decidimos ocultar nuevamente dicho empedrado, con fines de conservación, además de que carecía de un diseño, lo que sugiere que no fue hecho por un alarife del siglo XVI, por lo que era muy rústico e irregular”.

Asimismo, se intervino el corredor norte del atrio del ex convento, que abarca alrededor de 500 metros cuadrados, donde se reintegraron las juntas con mezcla de cal y arena, y también se reparó el corredor sur, que presentaba hundimiento, y en el que se recuperaron las pendientes para desagüe.

El arqueólogo Carlos Reyes abundó que también se dio mantenimiento al sistema hidráulico de captación de agua de lluvia, mientras que en una de las terrazas del Claustro Alto, se retiró una parte del aplanado que se estaba partiendo para colocar uno nuevo, y hacer un acabado de bruñido con cal. Otra de las áreas que se trabaja, y con la que concluirán los trabajos del PET, es la huerta norte, donde se realizan tareas de limpieza y deshierbe.

En las labores de conservación del ex convento han participado desde jóvenes de 16 años hasta personas de la tercera edad, interesados en la preservación de este emblemático inmueble, edificado entre los años de 1570 y 1580 por habitantes de los pueblos del antiguo señorío de Tepoztlán, bajo la dirección de frailes dominicos.

El edificio histórico, representativo de la arquitectura religiosa de la Nueva España, permaneció en manos de esa orden religiosa hasta 1773, fecha en que fue entregado al clero secular como consecuencia de las Reformas Borbónicas del siglo XVIII.

En 1857 se interrumpió la vida religiosa del antiguo convento debido a la promulgación de las Leyes de Reforma; se inició entonces una etapa de abandono y, posteriormente, de sucesivas ocupaciones del monumento histórico: sirvió como cuartel ocasional de las tropas francesas de Maximiliano de Habsburgo (1864-1867), y de los ejércitos zapatista y constitucionalista durante la Revolución Mexicana. En 1935 el entonces presidente de México, Lázaro Cárdenas del Río, lo declaró museo y monumento histórico, y en 1939 lo entregó al INAH para su custodia.

El conjunto conventual alberga actualmente al Museo y Centro de Documentación Histórica de Tepoztlán, que resguarda cerca de un centenar de piezas etnográficas y arqueológicas, una biblioteca y una fototeca con imágenes de finales del siglo XIX y principios del XX.

Fuente: (INAH)

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