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Del Toro - October 25, 2011

Ocho con ocho – Antoñete

Huerta, JaIme Rangel y Eloy Cavazos, hasta la fecha  y para muchos, es el festival más emotivo en la larga historia de la plaza.

Recuerdo que días antes del festival, pase por el lobby dónde se hospedaba los toreros españoles y me encontré con Aurelio García Montoya novillero andaluz que vino a México para actuar en la Plaza México en la temporada novilleril 1972 recomendado por Paco Camino (destacando por su entrega y aquí se quedo a vivir) me dijo que esperara un rato, que vendrían Antoñete y Curro Vázquez en unos minutos a tomar una copa.

Fui a hablar por teléfono y a poner un pretexto creíble para no asistir a la reunión a la que me dirigía y no me arrepiento de haber faltado, por dos horas tuve la fortuna de platicar con seres humanos plenos de bonhomía, picardía y sapiencia de vida y taurina.

Años más tarde, Ali Chumacero me puntualizó que la faena de Atrevido de Osborne, tejida por las manos sabias de Antoñete, le parecía lo mejor que había visto en su vida y que le consiguiera una copia de ser posible del video, se lo comenté a Julio Téllez y en Toros y Toreros de Canal 11en los noventa, pasamos la faena en una fecha muy cercana al cumpleaños del querido maestro nayarita ya desaparecido, para celebrarlo.

Antonio Chenel Antoñete nació en Madrid el 24 de junio de 1932, la Guerra Civil obligó a su familia a mudarse a Castellón, en 1940 se instaló con su familia en una vivienda cercana en la plaza de las Ventas, ese hecho y que su cuñado Paco Parejo fuera el mayoral de la plaza de toros, le permitió presenciar muchas corridas.

Su primera época que alcanza hasta 1975, tiene su punto más alto con la faena el 15 de mayo de 1966 al toro ensabanado de Osborne Atrevido, lo cual para siempre le ganó un sitio entre los toreros preferidos de Madrid, tanto que el domingo 23 de octubre de 2011 un día después de su muerte, se lo manifestaron los aficionados en el duelo de cuerpo presente, en las Ventas.

En aquel día de 1966, demostró Antoñete el estilo ortodoxo y clásico,  la sobriedad y el quehacer reposado que le acompañaría durante toda su carrera; una trayectoria larguísima, marcada por algunas cornadas de gravedad y también por varias retiradas y reapariciones en los ruedos, tras dos años de inactividad, Antoñete regresó a los ruedos en 1977, toreando sobre todo en Venezuela.

Su reaparición en España se produjo el 22 de mayo de 1981 en Madrid, se inició así el período más brillante de su carrera, una lapso de tiempo de cinco años, entre 1981 y 1985, durante los cuales quedó convertido definitivamente en figura del toreo, cuando contaba ya con más de cincuenta años, un hito indiscutible de esta época vuelve a producirse en Las Ventas: su faena al toro ‘Cantinero’ de Garzón, el 7 de julio de 1985, ha pasado a la historia de la Tauromaquia como uno de los ejemplos más perfectos y puros del toreo.

Ese mismo año de 1985, ‘Antoñete’ anunció una nueva retirada de los ruedos, en México a principio de 1985 fue padrino de confirmación de alternativa de Manolo Mejía y  luego vino al festival taurino, se mantuvo alejado de ellos hasta 1987, en que volvió a vestirse luces para mantenerse en activo hasta 1997 y, más esporádicamente, hasta el año 2000, durante ese tiempo, el torero madrileño actuó siempre que su salud, frágil, se lo permitía,  a pesar de ello, todavía consiguió algunos triunfos.

Su retirada definitiva de los ruedos se produjo en 2001, tras sufrir una crisis respiratoria cuando lidiaba una corrida de José Luis Marca en la plaza de toros de Burgos, Antoñete con su voz apagada de tanto fumar, no se alejó nunca del mundo del toro, y durante los últimos años de su vida compartió sus conocimientos taurinos, ejerciendo como comentarista de corridas junto al periodista Manuel Molés, recuerdo todavía sus elogios a  nuestro paisano Juan Pablo Sánchez el año pasado en su presentación de novillero en Madrid.

Tenía todas las cualidades que necesita un gran torero: conocimiento del toro y de la lidia, valor, arte, torería. En la memoria del corazón brillan destellos imborrables: aquella forma de doblarse con el toro, aquella media verónica, los cites de largo, dejando venir al toro, los ayudados por bajo, cargando la suerte, su punto débil fue oficiar con la espada.

Hago este recuerdo de un hombre excepcional,  y de memoria recuerdo que cuando se retiró definitivamente en Burgos, Pepe Dominguín escribió, en forma de carta a su hermano Domingo: “Te escribo consternado: Antoñete se va. Y esto duele” Eso sentimos hoy los que tuvimos la suerte de emocionarnos con su arte y el orgullo de estrechar su mano, se fue uno de los seres más representativos del toreo, y un gran ser humano.

Fuente: (suertematador.com)

 

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