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Entrevistas - October 10, 2011

Una novela sobre el barroco mexicano y su gran mecenas, Juan de Palafox, es la más reciente novela del escritor poblano Pedro Ángel Palou

colonial en su obra Varón de deseos Una novela sobre el barroco mexicano y su gran mecenas: Juan de Palafox.

Palou es autor de más de cuarenta libros, entre los que destacan las novelas En la alcoba de un mundo, Paraíso clausurado, Memoria de los días, Con la muerte en los puños (Premio Xavier Villaurrutia), Quien dice sombra, y los libros de cuentos, Los placeres del dolor  y Amores enormes (Premio Jorge Ibargüengoitia). También fungió como secretario de Educación en su estado natal.

El autor habla con este diario de su pasión por la novela histórica y el mercado literario mexicano.

— ¿Qué es lo que más le atrae de la novela histórica?

—  El novelista histórico es, por lo general, alguien que empieza a preguntarse por qué el presente está como está , qué cosas no se han resuelto, y que en lugar de encontrarlo en el presente se va al pasado para tratar de explicárselo. El pasado de la novela histórica no es tanto el pasado de la historia si no como vemos ese lugar, ese momento, desde  el presente. Eso es lo que me atrae de la novela histórica en general.

— ¿Qué es lo que  novelista histórico busca entregarle a su lector?

— Además de la responsabilidad con el personaje y el tiempo a novelar, hay un compromiso con el lector, porque muchos lectores se remiten a estas novelas. Si el escritor inventa o falsea la verdad histórica el lector puede quedarse con la ilusión de que es verdad. Es muy importante escribir desde el presente, pero con un apoyo documental enorme. Mi nueva novela me llevó dos años, hay otra que me llevó hasta cuatro, sólo por el proceso de investigación.

— Juan de Palafox es un personaje un tanto olvidado de la historia nacional ¿Qué lo llevó a escogerlo?

— Si uno le pregunta a un mexicano promedio que personaje recuerda de la Colonia, yo creo que lo más probable es que diga ‘Sor Juana’ o alguno más culto hable de Carlos de Siguenza y Góngora, el famoso astrónomo. Creo que ninguno, ni por equivocación,  mencionaría a Palafox porque es un personaje muy olvidado de la historia nacional aunque, tal vez, el más importante de la época Colonial. Fue el único que concentró a la vez el poder eclesiástico y el  gubernamental, fungió a la vez virrey interino y arzobispo. Es una figura esencial de la historia de México al que hay que revisar.

— ¿Cómo elige a los personajes históricos de sus novelas?

— Creo que mucho de lo que afecta mi perspectiva de a quién voy a novelar tiene que ver con aquellos personajes que son ambiguos o malinterpretados, que no se les ha entendido bien.  Me sorprendió mucho el caso de Porfirio Díaz, la respuesta de los lectores. No sólo por la cantidad de libros que se vendió o el gusto de encontrarme con los lectores, si no cuando iba a otras ciudades a presentar el libro y la gente se acercaba a decirme “qué bueno que le hizo usted justicia a Porfirio Díaz, eso es muy importante, etc.”  Es un personaje malinterpretado, pero a la vez uno con el que la gente tiene mucha cercanía. El caso de Palafox es distinto, es mucho más desconocido, busqué acercarme a él, entregarles un Palafox humano, lleno de aventura, que la gente pueda ver cercano y no lejano.

— ¿Cómo fue el proceso creativo de Varón de Deseos?

— Empecé  estudiando la propia obra de Palafox, quería entender cómo escribía, cuál era su estilo. Son 17 volúmenes de obras completas que van desde la mística a la teología y la poesía. Me importaba mucho encontrarme con quien él era. Luego leí la bibliografía tradicional  y entrevisté a algunos de los biógrafos, quienes llevaban en ese momento la causa de la beatificación. Eso me llevó al archivo de las Indias y a Firero, el pueblo de Navarra donde él nació, así como al propio archivo de la catedral y la palafoxiana en Puebla. Fue un trabajo muy grande, me acerqué a todas las aristas de la época y su filosofía.

— Usted es poblano, ¿Sentía un cariño o deuda especial a Palafox por compartir una ciudad tan clave en sus vidas?

— Claro, yo creo que para los poblanos Palafox es muy distinto que para una persona de otra parte de México. Para nosotros él forma parte de la vida cotidiana, no sólo por la biblioteca que donó, sino por sus contribuciones. Él terminó la Catedral de Puebla, inició la escuela poblana de pintura, creó la primera universidad para indígenas, abrió escuelas por doquier y visitó dos veces su obispado entero. Para los poblanos es una figura muy cercana, está en las calles y en el imaginario de la población.

— ¿Cómo es un día de escritura para usted?

— Tengo mis manías como casi todos. Por ejemplo, en el escritorio en el que trabajo hay un lapicero llenos de lápices del número dos y todos tienen que estar afilados. El ritual de mi escritura comienza afilando cada uno de ellos, sacándoles punta, tomo algunas notas a lápiz, pero luego escribo en la computadora, así que es más  una obsesión que algo que me sirva realmente para la escritura, pero así empiezo. Luego escribo toda la mañana y toda la noche, en la mañana termino revisando lo que escribí la noche anterior. Al medio día lo dejo, hago otras cosas durante la tarde, ya en la noche regreso a la escritura de cosas más profundas o que me van a llevar más tiempo. En ese momento la casa ya está silenciosa y no hay a nadie a quien interrumpir.

— ¿Cómo es ser escritor en un país que tiene el estigma de que no se lee?

— Muy curioso, porque si bien es cierto que se lee poco -el promedio que conocemos nosotros es de libro y medio o algo así-  esas cifras están hechas a partir del número de libros que se vende entre la población civil que puede leer. Sin embargo, en México el libro se presta mucho porque es muy caro. Para el poder adquisitivo de un mexicano, un libro de 180 o 220 pesos es mucho para desembolsarlo. He ido a clubes de lectura donde dos personas han comprado el libro y otros diez miembros se lo han ido prestando. Es cierto que no se lee como uno quisiera, pero ya van al menos dos generaciones de escritores mexicanos que hemos ido a provincia a las ferias pequeñas del libro, a compartir nuestra experiencia, lo mismo que en secundarias, preparatorias, cárceles, acercando al libro mexicano y a su escritor a sus potenciales lectores. Eso ha llevado a que tengamos fenómenos interesantes como ver a 100 personas reunidas en Ensenada o hasta 300 en la feria del libro de León, Guanajuato, que es una feria pequeña y acaba de empezar.

— Pareciera que últimamente los mexicanos se interesan más por su historia ¿Cómo lo percibe usted?

— Creo que empezó con el inicio de la democracia. Antes, la historia que todos conocíamos era la historia oficial, la historia inventada por la revolución mexicana y por el PRI, de alguna manera ellos eran los dueños de la historia de México. A partir del inicio de la democracia en México, los mexicanos han estado ávidos de conocer más y acercase a su historia. A la vez los escritores también han estado ávidos de recontar la historia. No creo que sea temporal, se sigue leyendo mucha novela histórica aunque ya haya pasado la fiebre del bicentenario. La novela que más se lee y se vende en México es la histórica, porque estamos ávidos de esas respuestas que la historia nos da.

– ¿Qué es lo que más le apasiona de hacer novela histórica?

– Tener la oportunidad de darle voz a un personaje que no ha tenido voz, cuando sientes que lograste capturar la esencia de ese personaje. Creo que es lo mismo que les pasa a los pintores de retratos cuando logran no sólo que el personaje retratado se parezca – porque eso cualquiera con técnica lo puede hacer-  si no capta la personalidad del personaje a través de los rasgos que uno traza. Me parece que eso hizo tan exitoso el libro sobre Porfirio Díaz, ‘Pobre patria mía’, mucha gente creyó que era realmente el viejo dictador desde Francia quien hablaba, no Pedro ángel Palou, el escritor.

— ¿Está trabajando en un proyecto nuevo?

— Estoy trabajando en una novela que ganó la beca de la fundación Guggenheim, sobre la violencia de estos tiempos en México.

Estará ubicada en la zona de Ciudad Juárez y la frontera, pero tendrá que ver con todo el fenómeno del narcotráfico, ahora lleva de título provisional -que espero que se quede- Muertos que no hacen ruido que es un fragmento de la canción de ‘La Llorona’.

PERFIL
Escritor prolífico y reconocido

Pedro Ángel Palou nació en Puebla (México) en 1966. Es autor de cuarenta libros, entre los que destacan Amores enormes (Premio Jorge Ibargüengoitia), Con la muerte en los puños (Premio Xavier Villaurrutia), En la alcoba de un mundo, Paraíso clausurado, Malheridos, La Casa de la Magnolia, Demasiadas vidas y las novelas históricas dedicadas a Zapata, Morelos y Cuauhtémoc.

Ha recibido varios doctorados honoris causa en América Latina y es doctor en Ciencias Sociales por el Colegio de Michoacán, y profesor visitante en la Sorbona, París V René Descartes, en la Universidad Iberoamericana y en Dartmouth College.

En  2009 fue finalista del Premio Iberoamericano Planeta-Casa de América de Narrativa con la novela El dinero del diablo que fue publicada con gran éxito de público y crítica en 22 países de habla hispana y traducida al francés y al italiano. Condujo con Felipe Pigna la serie de televisión Unidos por la Historia, sobre el Bicentenario, para The History Channel.

”El novelista histórico es, por lo general, alguien que empieza a preguntarse por qué el presente está como está.”
Pedro Ángel Palou, escritor.

Fuente: (informador.com.mx)

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