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Cine - September 21, 2011

“Alamar”, una cinta de Pedro González-Rubio sobre el amor padre-hijo

expresión para acercarse a la niñez, un reto difícil dada su gran complejidad por lo que implica el imaginario infantil; sin embargo, todas las sociedades coinciden en que es la etapa del descubrimiento, la fase inicial en el camino por la vida.

En el ciclo de estrenos de la Cineteca Nacional se exhibe “Alamar”, película de Pedro González-Rubio (“Toro negro”, 2005), historia con una notable influencia del cine documental que tiene como eje central la idea-presencia de la niñez y su relación con la figura paterna, en este caso fuertemente conectada mediante el escenario del mar como un elemento y un personaje insustituible para construir la atmósfera del filme. Jorge es un joven pescador de raíces mayas que literalmente vive sobre las aguas del Caribe mexicano, en compañía de “Matraca”, su padre, ha aprendido a conocer y a vivir del arrecife caribeño, y éste para ellos no sólo es una fuente de manutención, sino sobre todo es la fuerza central de su existencia, pues Jorge y Matraca también forman parte de la vida del mar al que muestran un respeto ancestral. Jorge tiene un hijo llamado Natan, un pequeño de cinco años que tuvo con una, otrora esposa, italiana. Tras el divorcio, ambos padres han acordado, por lo que se deduce de la película, que el chico viva en Italia, pero antes, y previo a lo que será una ausencia indefinida, Natan pasará unos días con su papá para luego ir al lado de la madre.

La ópera prima de González-Rubio es un trabajo que, basándose en un tema tan simple como la convivencia padre e hijo, amén de una producción muy modesta, logra una profunda y emotiva experiencia humana. De antemano, el final ya lo conocemos desde el inicio de la cinta: la inminente separación de Jorge y Natan, no obstante, “Alamar” parecería ser una de esas creaciones cuyo resultado se pone muy por encima de su propósito inicial, pues es sorprendente cómo a partir de un sencillo argumento el director nos brinda una película con una gran carga emotiva, más allá de las diferencias sociales como la económica o cultural, y se convierte en una obra de lenguaje universal a partir del macrocosmo de la infancia, interactuando todo momento con los adultos y los majestuosos escenarios naturales presentados de forma cuasi documental, traduciéndose en una obra cinematográfica auténtica, inagotable en sus emociones y de una poderosa estética visual, que también nos remite al cine contemplativo, sin caer en pretensiones que suelen derivar en deshumanizadas actuaciones, planos injustificados o secuencias previsibles.

“Alamar” es el universo a través de la mirada infantil, una metáfora donde el tiempo, la vida y todo lo demás cabe en la mano de un niño; un mundo temporal, que sólo dura en el transcurso de la infancia, donde no caben convencionalismos y todo se sale de su lugar, porque la vida misma es un juego.

“Alamar” (México, 2009), dirección, guión y edición: Pedro González-Rubio; fotografía en color: P. González-Rubio, Alexis Zabé; música: Diego Benlliure; producción: P. González-Rubio, Jaime Romandía; reparto: Natan Machado (Natan), Jorge Machado (Jorge), Néstor Marín (Matraca), Roberta Palombini (Roberta).

Comentarios a esta nota: benjamin.solis@azteca21.com

Foto: Una escena de una cinta que explora el mundo infantil a partir de la relación padre-hijo.
Cortesía. Cineteca Nacional.

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