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Entrevistas - July 27, 2011

Fernando Jimón forma parte del proyecto “Pop Tonalá”, que consiste en hacer “skates” forradas de una capa de barro bruñido

años antes, Lázaro Cárdenas murió con la idea del nacionalismo mexicano. Sí, la vida a veces parece que hace gestos de ironía.

Era 1994 y Carlos Salinas de Gortari estampaba su firma para abrir las fronteras y no volver a cerrarlas jamás. Mientras, Internet salía de los laboratorios de las universidades, la guerra entre las naciones ya no se daba con fusiles sino en los mercados. La globalización en México había comenzado.

Despúes de hablar con él largo y tendido, su historia podría sonar así: “Mi nombre es Fernando, Fernando Jimón; tengo 16 años y una gran responsabilidad, seguir con la tradición de mi papá, de mi abuelo, del papá de mi abuelo y del abuelo de mi abuelo. Soy la quinta generación de una familia de artesanos de Tonalá que necesita evolucionar. Sí, ya sé que suena presumido pero sí creo que la responsabilidad es mía porque mis otros hermanos no les gustan tanto como a mí: Dalia apenas tiene 14 años, Aria sólo 10 y el más chico es Marco Antonio y apenas tiene 6. A mí me gusta ensuciarme las manos cuando pinto y darle forma a lo que siento a través del barro. Si Dios quiere voy a estudiar la carrera en Idiomas pero lo que quiero hacer el resto de mi vida es lo que me enseñó mi papá; la tradición de trabajar el barro, los idiomas sólo me van a ayudar a vender”.

Fernando y sus hermanos son hijos de la tecnología. Nacieron con un celular en el bolsillo, entienden lo que es un #TT (un tema importante en la red social de Twitter) y ponen “Me gusta” tanto como repasan pasajes ajenos en Facebook. Pero también son artesanos; viven y piensan en función de figuras que se forman en la imaginación y que luego llevan a la realidad a través del barro, la madera o el metal. Sin embargo, ahora Fernando tiene otra misión: “quiero trascender, porque sé que somos buenos en lo que hacemos… la patineta sólo fue el principio”.

La patineta en serie

Detrás de una caja de cristal reposa una tabla de madera forrada de tradición. El proyecto se llama Pop Tonalá y consistió en hacer patinetas forradas de una capa de barro bruñido en la que se plasma la tradición de un pueblo milenario, que se ha dedicado principalmente a las artesanías: Tonalá, Jalisco.  Por lo pronto crearon 16, pero la idea es producir para vender.

Ricardo Duarte, promotor del proyecto aclara: “Teníamos  que montar la tradición a nuestros tiempos. Empezamos con tenis Converse que no es una idea nueva sino que comenzó con gente de Oaxaca. Nosotros lo adecuamos y ahora tenemos el proyecto de las patinetas, que acabamos de presentar en Papirolas. Si todo sale bien, en Octubre próximo vamos a presentar la empresa formalmente, en el marco de los Juegos Panamericanos. Vamos a comenzar a comercializar tenis, patinetas, playeras y tablas de surf; tenemos que empezar a hablarles a los jóvenes para que valoren lo que tienen”.

El también director de Cultura de Tonalá sabe que la artesanía en México refleja la diversidad cultural y la riqueza  de nuestros antepasados. “Pero también es una manera de adecuarnos al mundo globalizado… si no lo hacemos, podemos perderla”. Cuando se le pregunta sobre la seriedad del proyecto, que consiste en formar una empresa de este tipo, Duarte no duda en decir: “es que nosotros no la vamos a administrar. Se trata de que sean los mismos artesanos quienes tomen las riendas. Nosotros vamos a impulsar en un principio y después vamos a asesorarlos para que adquieran conocimientos de administración y marketing.

Cambiar la visión

“La cultura es dinámica, los procesos no. El riesgo que se corre si (los artesanos) no se ajustan a los tiempos de la globalización es que, por miedo a modificar, dejen de competir” dice Christian Desentis, profesor investigador en el área económico-administrativa  de la Universidad de Guadalajara, quien reconoce que los esfuerzos que se hagan para acercar las tradiciones a los jóvenes “siempre serán valiosos pero nunca suficientes”.

¿Llegan tarde a la competencia? se le cuestiona. “Recuerda que las carreras largas son de resistencia no de rapidez. Somos fetichistas, y creo que en el momento en que Madona o un artista reconocido use esos Converse el éxito lo tendrán asegurado. Son cosas que tenemos aquí pero no las vemos. No se ama lo que no se conoce” esgrime Desentis.

El éxito no es la fortuna

Ildefonso López ahora es la voz dolida de un cuerpo maltrecho. Acaba de salir de una operación de emergencia porque tenía fuertes dolores en la vesícula. Su historia dice que hace siete años este mixteco originario de Oaxaca comenzó, junto con 20 personas más, el proyecto Pintando Pasos, con el que la empresa Converse de México marcó la pauta como empresa de responsabilidad social al permitir la producción de tenis con grabados originales propios de esa etnia.

Ildefonso cuenta que, mes con mes, se venden entre 15 y 17 pares a 3 mil pesos cada uno en algunas de las tiendas del consorcio estadounidense, sobre todo en México (Converse dice que son 30 pares mensuales). El monto, íntegro, es para los artesanos. “Todas las ganancias van a parar a un fondo común que tenemos para la construcción de un centro cultural y ceremonial que estamos haciendo en Oaxaca, y claro, para que las familias de los trabajadores puedan subsistir”.  De 2004 a la fecha el proyecto les ha dado ganancias suficientes para tener terminado la primera fase del proyecto del centro cultural mixteco.

¿Qué significa para ellos la conservación de su cultura a través de tenis Converse? “El asunto de la identidad es inexplicable. Se siente y se vive pero no se explica. Uno va por la vida buscando su historia, saber quiénes somos, a qué venimos. Somos una cultura con un lenguaje propio, una forma de vivir ancestral, somos una cultura originaria y la gente del pueblo lo lleva muy presente. Es vivir sabiendo quienes somos” dice el recién operado.

Volver al futuro

Fernando Jimón lleva prisa, sus manos moldean a toda velocidad. En el momento de la entrevista está haciendo un jarrón que quiere presentar a un concurso nacional. Después de hacer una patineta para el proyecto Pop Tonalá, Fernando se entusiasmó más con su trabajo. Dice que al jarrón le va a invertir 150 pesos, pero que si lo vende la podría ofrecer hasta en mil 500. “Siempre hay gente, sobre todo los gabachos, que valoran las cosas hechas a mano y el tiempo que le invertimos”.

Todos los días la rutina de Fernando consiste en levantarse, ir a la escuela, regresar al taller y por la noche ir a estudiar inglés. Jueves y domingo son intocables porque son los días que sale a vender sus piezas al tianguis.
Si uno sólo se guía por las apariencias, pensaría que Fernando es  taciturno y hasta un poco serio, pero cuando habla queda claro su destino: “Mi nombre es Fernando, tengo 16 años y una gran responsabilidad, seguir con la tradición de mi papá, de mi abuelo, del papá de mi abuelo y del abuelo de mi abuelo”.

Fuente: (informador.com.mx)

 

Era el destino. Habían pasado 291 días desde que el Tratado de Libre Comercio de América del Norte había entrado en vigor cuando él nació. Llevaría el nombre del abuelo y del padre; también el oficio, pero eso sería después. Ese 19 de octubre de 1994 tuvo lugar el nacimiento de Fernando Jimón. Ese mismo día, pero 24 años antes, Lázaro Cárdenas murió con la idea del nacionalismo mexicano. Sí, la vida a veces parece que hace gestos de ironía.

Era 1994 y Carlos Salinas de Gortari estampaba su firma para abrir las fronteras y no volver a cerrarlas jamás. Mientras, Internet salía de los laboratorios de las universidades, la guerra entre las naciones ya no se daba con fusiles sino en los mercados. La globalización en México había comenzado.

Despúes de hablar con él largo y tendido, su historia podría sonar así: “Mi nombre es Fernando, Fernando Jimón; tengo 16 años y una gran responsabilidad, seguir con la tradición de mi papá, de mi abuelo, del papá de mi abuelo y del abuelo de mi abuelo. Soy la quinta generación de una familia de artesanos de Tonalá que necesita evolucionar. Sí, ya sé que suena presumido pero sí creo que la responsabilidad es mía porque mis otros hermanos no les gustan tanto como a mí: Dalia apenas tiene 14 años, Aria sólo 10 y el más chico es Marco Antonio y apenas tiene 6. A mí me gusta ensuciarme las manos cuando pinto y darle forma a lo que siento a través del barro. Si Dios quiere voy a estudiar la carrera en Idiomas pero lo que quiero hacer el resto de mi vida es lo que me enseñó mi papá; la tradición de trabajar el barro, los idiomas sólo me van a ayudar a vender”.

Fernando y sus hermanos son hijos de la tecnología. Nacieron con un celular en el bolsillo, entienden lo que es un #TT (un tema importante en la red social de Twitter) y ponen “Me gusta” tanto como repasan pasajes ajenos en Facebook. Pero también son artesanos; viven y piensan en función de figuras que se forman en la imaginación y que luego llevan a la realidad a través del barro, la madera o el metal. Sin embargo, ahora Fernando tiene otra misión: “quiero trascender, porque sé que somos buenos en lo que hacemos… la patineta sólo fue el principio”.

La patineta en serie

Detrás de una caja de cristal reposa una tabla de madera forrada de tradición. El proyecto se llama Pop Tonalá y consistió en hacer patinetas forradas de una capa de barro bruñido en la que se plasma la tradición de un pueblo milenario, que se ha dedicado principalmente a las artesanías: Tonalá, Jalisco.  Por lo pronto crearon 16, pero la idea es producir para vender.

Ricardo Duarte, promotor del proyecto aclara: “Teníamos  que montar la tradición a nuestros tiempos. Empezamos con tenis Converse que no es una idea nueva sino que comenzó con gente de Oaxaca. Nosotros lo adecuamos y ahora tenemos el proyecto de las patinetas, que acabamos de presentar en Papirolas. Si todo sale bien, en Octubre próximo vamos a presentar la empresa formalmente, en el marco de los Juegos Panamericanos. Vamos a comenzar a comercializar tenis, patinetas, playeras y tablas de surf; tenemos que empezar a hablarles a los jóvenes para que valoren lo que tienen”.

El también director de Cultura de Tonalá sabe que la artesanía en México refleja la diversidad cultural y la riqueza  de nuestros antepasados. “Pero también es una manera de adecuarnos al mundo globalizado… si no lo hacemos, podemos perderla”. Cuando se le pregunta sobre la seriedad del proyecto, que consiste en formar una empresa de este tipo, Duarte no duda en decir: “es que nosotros no la vamos a administrar. Se trata de que sean los mismos artesanos quienes tomen las riendas. Nosotros vamos a impulsar en un principio y después vamos a asesorarlos para que adquieran conocimientos de administración y marketing.

Cambiar la visión

“La cultura es dinámica, los procesos no. El riesgo que se corre si (los artesanos) no se ajustan a los tiempos de la globalización es que, por miedo a modificar, dejen de competir” dice Christian Desentis, profesor investigador en el área económico-administrativa  de la Universidad de Guadalajara, quien reconoce que los esfuerzos que se hagan para acercar las tradiciones a los jóvenes “siempre serán valiosos pero nunca suficientes”.

¿Llegan tarde a la competencia? se le cuestiona. “Recuerda que las carreras largas son de resistencia no de rapidez. Somos fetichistas, y creo que en el momento en que Madona o un artista reconocido use esos Converse el éxito lo tendrán asegurado. Son cosas que tenemos aquí pero no las vemos. No se ama lo que no se conoce” esgrime Desentis.

El éxito no es la fortuna

Ildefonso López ahora es la voz dolida de un cuerpo maltrecho. Acaba de salir de una operación de emergencia porque tenía fuertes dolores en la vesícula. Su historia dice que hace siete años este mixteco originario de Oaxaca comenzó, junto con 20 personas más, el proyecto Pintando Pasos, con el que la empresa Converse de México marcó la pauta como empresa de responsabilidad social al permitir la producción de tenis con grabados originales propios de esa etnia.

Ildefonso cuenta que, mes con mes, se venden entre 15 y 17 pares a 3 mil pesos cada uno en algunas de las tiendas del consorcio estadounidense, sobre todo en México (Converse dice que son 30 pares mensuales). El monto, íntegro, es para los artesanos. “Todas las ganancias van a parar a un fondo común que tenemos para la construcción de un centro cultural y ceremonial que estamos haciendo en Oaxaca, y claro, para que las familias de los trabajadores puedan subsistir”.  De 2004 a la fecha el proyecto les ha dado ganancias suficientes para tener terminado la primera fase del proyecto del centro cultural mixteco.

¿Qué significa para ellos la conservación de su cultura a través de tenis Converse? “El asunto de la identidad es inexplicable. Se siente y se vive pero no se explica. Uno va por la vida buscando su historia, saber quiénes somos, a qué venimos. Somos una cultura con un lenguaje propio, una forma de vivir ancestral, somos una cultura originaria y la gente del pueblo lo lleva muy presente. Es vivir sabiendo quienes somos” dice el recién operado.

Volver al futuro

Fernando Jimón lleva prisa, sus manos moldean a toda velocidad. En el momento de la entrevista está haciendo un jarrón que quiere presentar a un concurso nacional. Después de hacer una patineta para el proyecto Pop Tonalá, Fernando se entusiasmó más con su trabajo. Dice que al jarrón le va a invertir 150 pesos, pero que si lo vende la podría ofrecer hasta en mil 500. “Siempre hay gente, sobre todo los gabachos, que valoran las cosas hechas a mano y el tiempo que le invertimos”.

Todos los días la rutina de Fernando consiste en levantarse, ir a la escuela, regresar al taller y por la noche ir a estudiar inglés. Jueves y domingo son intocables porque son los días que sale a vender sus piezas al tianguis.
Si uno sólo se guía por las apariencias, pensaría que Fernando es  taciturno y hasta un poco serio, pero cuando habla queda claro su destino: “Mi nombre es Fernando, tengo 16 años y una gran responsabilidad, seguir con la tradición de mi papá, de mi abuelo, del papá de mi abuelo y del abuelo de mi abuelo”.

Oportunidad de reelaborarse

Su voz, pausada pero concisa, es única. Néstor García Canclini es un reconocido antropólogo y crítico cultural nacido en La Plata, Argentina en diciembre de 1939. Estudió filosofía y se doctoró en 1975 en la Universidad Nacional de La Plata, tres años después también se doctoró en la Universidad de París.
García Canclini ha sido uno de los principales antropólogos que ha tratado la modernidad, la posmodernidad y la cultura desde la perspectiva latinoamericana. Uno de los principales términos que ha acuñado es el de “hibridación cultural”, un fenómeno que se materializa en escenarios que se interpenetran.

-¿Cómo se han transformado las culturas populares mexicanas desde que entraron a la era de la Globalización?
Por una parte se ha agudizado una transformación social que venía ocurriendo desde antes; históricamente, en español, hemos hablado de culturas populares cuando nos referimos a culturas tradicionales con ciertos toques artesanales. Mientras que en el medio anglosajón se ha usado cultura popular para referirse a cultura masiva generada por los medios.

Lo que hemos encontrado es que la globalización crea mayor interdependencia entre sociedades distantes, ha fomentado la circulación de símbolos y figuras de los medios, popularizándolas y dándoles una difusión masiva y una aceptación muy amplia.

Más que los emblemas de las culturas étnicas, lo que agrupa hoy los gustos y las sensibilidades son las figuras que se difunden en los medios masivos, especialmente en Internet y las redes sociales.

–¿Cuáles son los riesgos de que, creaciones artísticas de este tipo, se monten en este proceso de la globalización?
No solo hay riesgos, también hay oportunidades de reelaborarse, de proceder de otra manera para situarse en un horizonte más amplio. Si sólo hablamos de riesgos estamos corriendo el riesgo de pensar que la cultura es inamovible dentro de la sociedad,  y la sociedad actual tiene un horizonte más amplio.

Estas transformaciones llevan a seleccionar las culturas tradicionales, no desaparecen aquellos elementos con mejor potencialidad para poder ser migrantes, ser turistas, para apropiarnos de nuestras raíces.

­– Entonces,  ¿Cuáles son las oportunidades que usted ve en los artesanos que decidieron evolucionar?
Es un asunto complejo porque en México las artesanías están en un proceso de retracción por muchos motivos. Desde hace dos décadas el Fonart dejó de tener el papel de impulsor que tuvo antes, se han cerrado muchas tiendas de artesanías o muchas otras se han convertido en franquicias de una cultura para turistas con características más banales.

Potencialmente, la globalización y los nuevos recursos tecnológicos dan la oportunidad de que los artesanos puedan ofrecer sus productos en internet, se pueda exportar más; pero estas oportunidades están asociadas a otras actividades no tecnológicas como el modo en que se desarrolló el turismo o la existencia o la perdida de apoyos estatales.

Hay un nuevo fenómeno, que es la feminización de la producción artesanal; ya que al irse los hombres a buscar oportunidades hacia el norte, las comunidades productoras se quedan sólo con mujeres.

– En este sentido, ¿Cómo es el proceso de socialización de las culturas populares en familias que ya tienen interiorizado el tema de la mediatización, la economía neoliberal y la inmediatez?
Lo que se observa en los pueblos o regiones donde sigue habiendo una cultura tradicional popular importante es que se seleccionan táctica y estratégicamente las tradiciones que sirven para sobrevivir o expandirse. Por ejemplo, subsisten en muchas regiones de México una potente medicina tradicional o sigue habiendo una producción musical anclada en las tradiciones como el corrido que lo hemos refuncionalizado en otro modo de representación social, como se ve en los narcocorridos.

No conozco estudios que traten el tema de cómo se están revalorando las tradiciones que son inculcadas a los niños de la generación de la globalización, quizá ese sea un tema pendiente para la academia de nuestros días.

– ¿Qué es lo que tiene que hacer el Estado para salvaguardar estas culturas populares?
La tarea del Estado no es sólo es proteger las culturas populares, en todo caso el mayor cuidado debe dedicarse no solo a los objetos sino a las personas, a las relaciones y estructuras sociales.

La  retirada del Estado respecto de la atención de las culturas populares es parte de un debilitamiento general.

– ¿Cuál es el papel que deben de jugar los medios de comunicación como replicantes de valores y representaciones de dichas culturas populares?
Por una parte un papel mucho más responsable hacia lo social. Los medios pueden ser, lo han sido, un recurso valioso para promover la continuidad y la renovación de las culturas populares tradicionales, y también (deben dar) una promoción razonada inteligente de las culturas urbanas modernas.

Pero, al igual que el Estado, que la acción de los medios tome en cuenta principalmente a las personas y no a los objetos. Que no incurriera  en la simple folclorización espectacular de objetos.

Una forma de vida

La fabricación de artesanías representa un recurso económico para los millones de artesanos que viven de ella y que por medio de cooperativas y sociedades, exportan sus productos a países miembros de la Unión Europea, Canadá, Estados Unidos, por citar algunos. De acuerdo con Dulce María López Prados, en su publicación Plan de negocios de exportación de accesorios típicos artesanales mexicanos a Italia, queda de manifiesto que actualmente existen alrededor de 12 mil empresas en el sector Artículos de regalo y decoración (sector asignado por la Secretaria de Economía) en México. 98 por ciento de estas empresas son micro y pequeñas, y en la mayoría de los casos cuentan con una estructura administrativa de tipo familiar.

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