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Libros - July 14, 2011

Poesía mexicana: “Eso que ilumina el mundo”, de Armando González Torres (9)

trayecto que eligió el poeta y ensayista, casi cual eremita intelectual. Asimismo, cada uno de aquéllos incluye siete apartados temáticos (excepto el primero, con seis) o títulos que le sirven al autor para reflexionar sobre la existencia, para imbricar una serie de aforismos acerca de los temas que le interesan, que le permiten marcar su territorio literario y definir como singular su obra a partir del fragmento, de las variaciones sobre un mismo tema, de la experimentación –del dominio– formal, de los libros publicados.

La editorial Almadía incluyó este libro en su colección “Estuario”, de ensayo, lo cual está bien porque implica que esa decisión sirve para clasificar el tipo de literatura que escribe González Torres. Sin embargo, no estamos ante un libro de ensayos como estamos acostumbrados a entender este género; tampoco es un libro convencional de poesía –ni siquiera eso es, dirán algunos–, aunque varios de sus aforismos, si se acomodaran como se estila en los poemarios, bien podrían ser considerados como poemas. Polémico desde el título, se apunta en la contraportada, este libro “propone un viaje espiritual que no tiene un itinerario estable, sino que busca prolongar ese extravío, ese equívoco creativo que confunde deliberada y lúdicamente el pensamiento con el lenguaje literario”.

Quizás en esto último resida la mayor virtud del poeta-ensayista: su capacidad de crear un estilo, de estampar su impronta en las palabras elegidas, de advertir la realidad con base en una imaginación implacable, en un bagaje cultural amplio –mas sutil, excepto en el epígrafe inicial, de Papini– y en un conocimiento y dominio del lenguaje, de sus meandros y recovecos, de sus miserias y riquezas. Así, eso que ilumina el mundo, infiero, es la inteligencia humana, es decir, su ejercicio disciplinado y constante, y su reflejo en la escritura, que, por otro lado, es depurada, precisa, afilada, luminosa.

Sin temor se podría afirmar que éste es, básicamente, un libro ontológico, en el que Armando González Torres se solaza –o libera, aparentemente, su ser atormentado– en elaborar disquisiciones sobre los fantasmas morales y tautológicos que recorren la existencia del Hombre, incluso de la sociedad. Pero siempre con el rigor y la sabiduría del filósofo –¿del intelectual?– que no busca la verdad absoluta, o tal vez ya la encontró: no hay verdades absolutas, y su libro, hecho de fragmentos luminosos, como asteroides en el firmamento, nos muestra sus visiones por un mundo hipócrita y mediocre, decrépito. Y lo hace de un modo contundente, despiadado, inmisericorde; pero no exento de ironía, de un humor que exige, más que sensibilidad, inteligencia al lector.

En sus breves páginas desfilan temas universales –Dios y su ausencia, el olvido, el amor, el mal, los pecados, el lenguaje, las palabras, el silencio, la enfermedad…– a los que González Torres les da otra sacudida y logra otorgarles otra significación, les exprime su significado común para conferirles savia nueva, otras posibilidades basado en la imaginación, en el lenguaje poético. Sus imágenes son poderosas y, a veces, escalofriantes, pero todo es válido para trazar la deshumanización que padecemos, es decir, para reflejar la vacuidad existencial que rige nuestras vidas. En este sentido, su libro es parte de “Eso que ilumina el mundo”, que nos permite reconocernos en las debilidades del otro, pero también en sus fortalezas, y así tratar de seguir siendo…

Comentarios a esta nota: gregorio.martinez@azteca21.com

Foto: Un libro que en su fragmentación intenta dilucidar eso que llamamos vida.
Cortesía: Almadía.

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