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Paseos Culturales - June 21, 2011

Reciben donación de libros por parte de Hugo Gutiérrez Vega y se realiza el recorrido de “Un tranvía llamado Monsiváis”

Poniente 126, marcada con el número 86, casi esquina con Calzada Vallejo, funciona como punto de reunión para los lectores asiduos de la zona y lleva el nombre del autor de A ustedes les consta: Carlos Monsiváis (Ciudad de México, 4 de mayo, 1938-Íbid. 19 de junio, 2010).

Eduardo Aguirre, coordinador de la sala, comentó que se trata de la aplicación de un esquema novedoso, denominado Sedes Familiares, que funciona a través del préstamo de paquetes de libros, conformado con 10 títulos cada uno, los cuales se prestan entre los integrantes de una o varias familias.

De esta manera, la Sala de Lectura se vuelve más dinámica, pues cada conjunto de libros es leído por un número creciente de personas, mismas que al aceptar formar parte del programa, se comprometen a rotar el paquete entre sus allegados.

“Es un sistema que resulta novedoso porque de esta manera los ejemplares que fueron donados por Hugo Gutiérrez Vega, llegan de manera efectiva a un público amplio, que es la finalidad de una Sala de Lectura.

“Además, la casa de la cultura Carlos Monsiváis, donde se ubica físicamente la sala, intenta retomar así una costumbre prácticamente perdida: prestar libros, pero hacerlo de manera segura, tanto para los ejemplares como para el público”, expuso Eduardo Aguirre.

Al acto realizado en la Sala de Lectura acudieron algunas de las personas que estuvieron presentes en el aniversario de la sala, cuando acudió el propio Carlos Monsiváis.

Entre ellos estuvo el niño Tomás Gómez, quien recordó que supo de la existencia del escritor hasta el día en que lo conoció, “fue muy especial para mí, porque me di cuenta de que a él no le gustaba que le demostraran mucho afecto y la gente que lo recibió ese día lo llenó de elogios.

“Después de esa vez, me enteré que a él le gustaba mucho observar, algo que sin saber hice el día que lo conocí; lo primero que me pareció es que él se veía como gato complacido, por la manera en que se comportaba y disfrutaba del momento”.

Una vez concluida la ceremonia, la cual fue encabezada por Laura Emilia Pacheco, titular de la Dirección de Publicaciones de Conaculta, se realizó un recorrido en Un tranvía llamado Monsiváis.

El vehículo recorrió algunos de los puntos más importantes del norte de la ciudad, como la Basílica de Guadalupe, la Unidad Habitacional Tlatelolco y desde luego el Centro Histórico, donde concluyó su viaje en el Museo del Estanquillo.

Durante el recorrido, Eduardo Aguilar leyó algunos textos del escritor, mientras que el coro Aztecalogía, que se reúne en la Casa de la Cultura Carlos Monsiváis, interpretó sones tradicionales.

Lo llamativo del grupo que viajaba en el tranvía, provocó que la gente a su alrededor pusiera mucha atención, y como si escucharan los textos de Carlos Monsiváis, comenzaron a aparecer los personajes que a él le inspiraron algunas de sus reflexiones.

Los rituales del caos acompañaron el viaje del autobús, el tráfico, el ruido de las construcciones, el vendedor del crucero, los policías, los jóvenes curiosos, incluso las mamás adolescentes aparecieron a lo largo de la ruta.

Mientras, en el interior del tranvía, se recordaba que Carlos Monsiváis observó como nadie la vida en la capital del país y que como sus habitantes, la amó y la padeció durante toda su vida, lo cual hizo que se convirtieran en un binomio indisoluble.

Incluso las reflexiones de Carlos Monsiváis respecto de la religiosidad del pueblo mexicano fue llevada a la ficción a través del libro de cuentos Nuevo Catecismo para indios remisos.
JRA    

Fuente: (CONACULTA)

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