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Arte y Cultura - June 20, 2011

Recuerdan a Carlos Monsiváis en Bellas Artes

capacidad polémica y, sobre todo su humor, son el permanente chubasco que cae sobre el desierto de la solemnidad”.

Es el homenaje en el Palacio de Bellas Artes al cronista. Una evocación sobre sus inicios en las letras con José Emilio Pacheco y Sergio Pitol, de su activismo social que generosamente ofrecía a cualquier causa, de sus luchas contra la inequidad, la discriminación de minorías o la crítica severa a la inevitable ineficiencia de las autoridades.

Son los recuerdos de sus amigos que estuvieron en la mesa: Elena Poniatowska, Martha Lamas, Jenaro Villamil y Javier Aranda. Pero también las añoranzas del pueblo, como el hombre que, tras los discursos, dijo que Monsiváis le regaló El principito y de ahí comenzó su gusto por la lectura.

La sala Manuel M. Ponce estaba llena. Los familiares, sus colaboradores y la gente se reunieron para evocar su obra, su humanismo y figura en el recuerdo titulado Amor perdido, un año sin Monsiváis.

MEMORIA. Es tiempo que mira cómo la ausencia de Monsiváis no pasa por el calendario. Y sería Javier Aranda, quien moderó la mesa, quien recordaría que el escritor se inició como tal a los 16 años con una crónica en la publicación El preparatoriano, en la cual ofrecía su apoyo al pueblo guatemalteco. “Carlos siempre tuvo afán por las causas perdidas y nunca dejó ese destino. Pero también con sus crónicas nos contó el cuento de la realidad”.

Después Aranda daría la palabra a Elena, y señaló que “Monsi” la consideraba como su mamá. Ella leyó el texto Monsi después de Monsi, el cual fue escrito para la ceremonia íntima del viernes pasado, cuando se depositaron las cenizas del escritor en el Museo del Estanquillo.  

Ahí plasmó los recuerdos, la adopción de dos gatos que nombró “monsi” y “váis” y que circulan por toda su casa. Ellos le recuerdan al “gato” que era Monsiváis. Pero más allá de la memoria, Poniatowska dijo que “de tanto escribir de movimientos sociales, Monsiváis se ha convertido en un movimiento social”.

Porque en esencia, “fue el intelectual que protestó más y mejor contra la violaciones a los derechos humanos, es el ciudadano que mejor denunció la inmensa ineptitud y la codicia rampante de los políticos que nos gobiernan y el que dio una buena bofetada a la demagogia monolítica”.

Tocaría el turno a Sergio Pitol y rememoraría su encuentro con Monsiváis en 1954. Sus lecturas y como las fueron expandiendo. “Carlos fue muchas cosas, pero sobre todo nuestra conciencia común más lúcida y penetrante. Su persona y obra se convirtieron en una guía moral para moverse en este México del que tanto escribió y que supo ver claramente. A su muerte hay una suerte de desamparo, nadie podrá tomar su lugar”.

Por esto, agrega, ya se extraña su prosa transparente y aguda, sus comentarios certeros y eficaces. “A través de sus libros sigo dialogando con él, como desde aquel 1954”.

Largos aplausos siguieron al texto de Pitol titulado Homenaje a Carlos Monsiváis; vendría el turno para Martha Lamas,  quien recordó el gran apoyo que el escritor dio al movimiento feminista en México.

Después, Jenaro Villamil, quien colaboraba en la escritura de la columna Por mi madre bohemios, propuso que se establezcan cátedra para leer o releer la obra de Carlos Monsiváis, “porque es un puente para el diálogo de los diferentes temas nacionales”.

Tras los discursos, el público, ese que también es muy cercano al autor, recordó los encuentros que tuvo con el autor y, sobre todo, al hombre sencillo y amable que siempre fue.

Fuente: (cronica.com.mx)

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