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Libros - June 2, 2011

Poesía mexicana: “La luz de la serpiente”, de Héctor Esquer (7)

paracaídas, a una verdadera lucha del ángel del lenguaje por alcanzar la Poesía. No siempre sale airoso del encuentro, es cierto, mas el valor de su intento reside en sus logros, en versos auténticamente iridiscentes, en imágenes insólitas, en sujetarse lo más posible a una estética propia.

Algún sentido oculta el día señalado

La esfinge mira el azul que transcurre por la sal
el matrimonio con la Ira
la luna a pedazos sobre las aguas
el ángel alimentado por azules antiguos
poetiza cadáveres y góticas ternuras
y tierras que amarga la sangre

De allá vengo
de palabras en cuencas maduras
vacío de veladoras que incuban salamandras

Mueve esa estatua las dudas
la luz
el ojo invidente
7 distancias el ángelus
el martes de otro saludo
lo obsceno de una parábola
la religiosa sostenida por la belleza multiplicada
durante el sueño
se vuelve agua
transcurre y moja silencios
sed en la inclinación del arte
y la sabiduría.

Héctor Esquer nació en un pueblo del sur de Sonora en 1958, pero desde 1978 vive en San Luis Potosí, donde ha desarrollado su labor poética y profesional. En 2009, cuando lo conocí, era director del Museo Othoniano. De acuerdo con el texto de la solapa de “La luz de la serpiente”, ha publicado otros poemarios: “Saberse en otros pasos” (Cuadernos Othonianos, 1992), “Evangelio silvestre” (Editorial Ponciano Arriaga, 1998), “La edad del milagro” en “La densidad del aire. Antología de cinco autores potosinos” (colección “Ala del tigre”, U.N.A.M., 2000), “Héctor Esquer” (Cantera de voz autores potosinos, Secretaría de Cultura, 2004) y “Las tentaciones de Lucifer” (Cante, S.L.P.; supongo que es de 2006). Además, obtuvo los premios “Filomeno Mata”, de periodismo, en 1994, en el género de Crónica; y en literatura, el “20 de noviembre de poesía Manuel José Othón”, los dos otorgados por el Gobierno de San Luis Potosí.

No es difícil conjeturar que “La luz de la serpiente” tiene relación evidente con su anterior poemario, “Las tentaciones de Lucifer”, tal vez incluso sea continuación de éste. Lo que sí es cierto es que en el que da pie a esta nota, Héctor Esquer utiliza un epígrafe de Fernando Pessoa (firmado como Ricardo Reis) que bien puede ser tomado como el leitmotiv de su material poético: “Nada te pese que no te amen. Te sienten quien eres y eres extranjero”. Así, podemos afirmar que el tema de este poemario del poeta sonorense-potosino es el ángel caído, o el ángel rebelado, Lucifer.

Sin embargo, puede considerarse el tema como el pre-texto, como el punto de partida de Esquer en su búsqueda de una posible ¿reivindicación? del ex querubín o de luchar contra la satanización de éste. Su libro está estructurado en siete partes o poemas (divididos a su vez en estrofas): Hostia de manzana, Hostia de árbol, Hostia cítrica, Hostia de paisaje, Hostia de ángelus, Hostia de mar Muerto y Un crucifijo sagrado. En el prólogo, Anuar Chalita Cajiga –mecenas que hizo posible la edición, junto a Yezmin Cajiga de Chalita, Ane Cajiga de Siade e Ivonne Yamin de Cajiga, como consigna el mismo Esquer en el libro– señala: “En la sombra de cada uno de estos poemas se deja morir la flor mostrando la hermosura de marchitarse. […] Con valentía, el autor nombra la serpiente y la posiciona en el lugar que le corresponde: cerca del Padre. […] Ayer vi las ilusiones madurar y esparcirse sobre estas páginas y vi el tiempo comulgar con su poesía mística que nos acerca a la realidad…”. Difiero de su opinión, pues no creo que la poesía contenida en “La luz de la serpiente” sea mística, tal vez la roce; forzando el término, quizás sería religiosa, en el sentido de exaltar a ese ángel caído; en último caso, es poesía que se atreve a tocar temas poco frecuentados en nuestra tradición poética, sobre todo con esa amplitud, con ese ímpetu, con ese tesón, con esa fuerza.

Es inevitable pensar en las influencias de Esquer, podría pensar, además de Pessoa, en Baudelaire, Byron, Huidobro, Girondo, Othón, Villaurrutia, López Velarde, Neruda, Gorostiza, Nicolás Guillén… Más allá de las posibles influencias, habría que destacar las metáforas que explotan, los versos destellantes, la resignificación de las palabras, el valor de la parábola. También es preciso decir que en ocasiones el poema “cae” en coloquialismo, en imágenes desafortunadas, en desigual calidad.

La luz es la más viuda esposa
camaleón y salamandra
reptil en la hora de fatiga
último cumpleaños
sangre por los desaparecidos
ojo de aguja piedra negra
adiós que inicia peregrinación
sierpe que cae desde sus vértebras
escultura de arena
buscadora de espejos
porvenir más allá del Más Allá
sabor a sentimiento
eclipse a últimas pupilas
gotera que perfora desastres
sembradora de aves…

“La luz de la serpiente” es un poema de largo aliento que a veces pierde cohesión, en pos de una sucesión de imágenes poderosas. El poeta fascinado por sus descubrimientos lingüísticos sacrifica sentido, unidad interna, del poema en su conjunto. No obstante, Esquer emprende una gran aventura, un canto –a veces letanía– lleno de alusiones, paráfrasis, numerología, exégesis entre lo bíblico y lo científico. Un torrente verbal que en ocasiones se sale de madre e intenta no caer en lo panfletario, en lo críptico, y evitar complacencias o facilidad; en suma, un poema que nos brinda imágenes esplendentes con una voz propia, auténtica, impregnado de erotismo sutil, en el que la poesía se enseñorea en aras de la asunción del ángel caído, ¿redimido?

He vuelto amado por el sudor y la sangre
el día exorcista de gentiles y buenos
el oído caracol que reitera el veneno
hasta igualar el peso del destino
lo descifré con jugo de limón
polvo de muertos

He poseído demonios
y desperté estatuas de agua
la furia se abatió sobre el beso…

Comentarios a esta nota: gregorio.martinez@azteca21.com

Foto: Portada de un poemario atrayente, no exento de enigmas.
Cortesía: La casa del tiempo.

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