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Toros y Deportes - May 24, 2011

Bronca al juez que le niega la oreja a un Sergio Flores que ha estado enorme en Madrid

lo es. Capacidad, valor del que se palpa pero no se ve, dominio, fondo de armario y ambición. Sergio Flores viene para quedarse. Con dos faenas distintas, pero igual de comprometidas. Con el mismo asiento, el mismo aplomo, la misma verdad. Igual acento, mismo pulso. Flores ha puesto su nombre en órbita. ¿Qué más da si se enteró o no la gente, qué si el incompetente de Trinidad volviese a hacer un nuevo ejercicio de cerrazón lobuna y le negara una oreja que cualquier aficionado decente le hubiera concedido a capón?, ¿Qué más da?, si Sergio Flores viene para quedarse.

De momento es una casa pero pronto será un Palacio. Con Flores dentro. Flores para hacer un cesto, una casa que ya es y un palacio que será. De un proyecto a una casa y con miras a un Palacio. Así es Sergio Flores. Flores para un palacio. Cuando se abrió capote frente a su primero, relució su fondo. Disposición, pata hacia adelante, suavidad y compás. En el quite, chicuelinas de las de rozar los pitones los muslos, ligadas a tafalleras airosas. Aquí habrá Flores.

Ese segundo fue un novillo encastado. Con fondo de mansito, exigente, temperamental. Con más carbón que bravura. Un animal con más espinas que Flores. Pero ahí estaba Flores. Para convencer que a la casta se la vence con mando, con temple, con gobierno y con exposición. Con tres cambiados por la espalda abrió una faena de las tirar y ligar. Fácil es decirlo y complicado hacerlo. La cara suelta del de Montealto, había que domarla sin perder el sitio. En redondo, tres tandas, ligadas, de fácil muñeca y formidable seguridad. Flores para una casa. Para adornar las de un Palacio. Ni una renuncia, en una faena de apretar y apretar. Sin parar. Flores con la espada, también. El público pidió lo que Trinidad no concedió. Otra medalla de hojalata para un Trinidad lobuno. ¡Mal aficionado tienes que ser para sacar la escuadra, el metro de chapucero y ponerte a contar pañuelos, señor Trinidad!.

Sergio Flores volvió atacar con el quinto, un novillo que se movió suelto y se rebrincó siempre. Exigente su embestida por no ir nunca metido, por medir en cada embroque. Papeleta para el azteca que volvió a brillar a un nivel alto. La casa la llenará de Flores. La entrada, el pasillo. Todo. Hasta que llegue el Palacio. Porque aquí, sacó el ‘manito’ cabeza, inteligencia. Para pensar, para resolver, para llevar, para traer, para aguantar, para dar al novillo las ventajas y para tirar de él con rigor y temple. Ni un respiro al toro, ni una concesión a nada. No fue fácil cogerle al utrero ni la velocidad tan cambiante ni sacarle los brazos para evitar los punteos al final de cada muletazo. Seria tarde de Sergio Flores. Un cesto que ya es casa –con Flores- y pronto será un Palacio.

Montealto lidió una novillada de buena estampa, de líneas bien formada, de variados tipos y buenas hechuras. No fue mala pero tampoco buena. No fue brava pero tampoco mansa. Los hubo que apretaron en el caballo para buscar después sus querencias naturales. Se movió, sí. Pero la faltó fondo. De buena condición, el jabonero quinto apuntó clase, humilló, quiso, se empleó. Pero duró, dos tandas. No lo hizo mal el sexto, que tuvo ritmo y clase, hasta que se cortó la conexión. Y entre medias, un primero con más movilidad que entrega; Un segundo encastado, exigente y temperamental; Y un cuarto, deslucido, que se distrajo siempre y se negó.

López Simón se hincó de rodillas en sus dos bazas. Al jabonero le toreó en redondo de hinojos con ligazón, corriendo la mano con gallardía y saber. La tomaba bien el novillo que se paró pronto. Circulares, distancia corta, toro parado y lo que parecía no fue. El sexto de nuevo quiso más que pudo. Recio el de Barajas, que se justificó en las primeras tandas de una faena que perdió gas hasta convertirse en nada.

Thomas Dufau tiene oficio y se nota. Sabe lo que se hace pero le cuesta expresarlo. Al que abrió le ligó una labor de muchos muletazos y poca brillantez. Buena resolución y nada más. El cuarto le volteó cuando se le quedó debajo. Trabajo largo y afanoso del francés frente a un novillo que enseñó la bandera blanca muy pronto. Lo mejor, la estocada.

Ni rompió la novillada, ni terminó de explotar la tarde, pero habrá Flores en casa. De Sergio Flores. La entrada inhóspita de ahora se adornará en breve. Con Flores. O con plantas. Lo mismo da que me da lo mismo. La casa será un Palacio. Con tardes como las de hoy, Sergio Flores tendrá casa. Y Palacio. Con Flores.  

Plaza de toros de Las Ventas. Decimocuarto festejo de la Feria de San Isidro. Casi lleno. Novillos de Montealto, mansos y bajos de raza en líneas generales. El mejor fue el tercero, aunque se acabó pronto. Thomas Dufau, saludos tras aviso y ovación; Sergio Flores, ovación tras petición y bronca al palco y ovación; y López Simón, ovación con saludos y silencio.

Fuente: (mundotoro.com)

 

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