Home Entrevistas Poesía mexicana: José María Espinasa (6)
Entrevistas - May 20, 2011

Poesía mexicana: José María Espinasa (6)

universidad estadounidense. Paz y Pellicer también han sido poetas y con otras facetas: diplomáticos, promotores culturales, editores… En tu caso, que eres editor, crítico, promotor, poeta, ¿cómo ajustas tus tiempos para crear tu obra poética?

Mira, no sé si ha habido alguna época de la humanidad en la que un poeta pueda vivir de su poesía, a lo mejor sí y no la conocemos, pero la nuestra no, no es una época en que la poesía pueda darte un modo de vida. Normalmente, como ocurrió con la generación anterior a la mía, muchos poetas trabajaron de publicistas. Una vocación repetida y normal es que el poeta trabaje en zonas aledañas a su oficio de poeta, en la edición, dando clases, haciendo traducción, en la promoción cultural. Auden decía en uno de los ensayos de “La mano del teñidor” que el poeta no debía trabajar en cosas cercanas a la cultura y mencionaba el ejemplo clásico de Eliot, que era gerente de banco y es uno de los grandes poetas del siglo XX; los ejemplos en contra serían 99 por ciento. Yo no siento que mi participación como editor, como crítico, como editor de revistas, como profesor, como promotor cultural, me haya dificultado mi escritura de poesía, sí me ha quitado tiempo. También es cierto lo que dice Ángel González, uno no es poeta las 24 horas del día ni los 365 días del año, nadie lleva una aureola sobre la cabeza diciendo que es poeta. Uno se gana la vida como puede, vamos, hay una legitimidad en eso, habrá quien da clases, habrá quien es editor, habrá quien es promotor, habrá quien es médico… Hay importantes poetas que son médicos…

Elías Nandino es uno de ellos…

Sí, también hay ingenieros que han escrito obras maestras de la literatura. Creo que ahí hay un azar en la vida, yo soy hijo de un profesor de filosofía y una profesora de literatura, crecí con libros desde pequeño, me casé con una escritora. En fin, estoy rodeado de eso, si eso me ha hecho daño o no… digo, no hay decisión posible, no hay manera de… eso es lo que yo he querido, digamos.

Quizás sea importante que aparezca esta antología porque creo que tú eres más conocido por una de tus facetas profesionales, digamos la de editor, que la gente te reconoce más como editor, en la que llevas muchos años…

La primera publicación que hice fue en 1966, hace casi cuarenta años…

Finalmente, la gente te identifica más como editor o promotor cultural, de ahí la importancia de que los lectores tengan a su alcance esta antología o reunión de poesía… Octavio Paz esencialmente era poeta, pero también era un gran ensayista…

Y un gran editor, a él le debemos tres revistas extraordinarias, como la “Taller” de los años cuarenta, el “Plural” de los años setenta y “Vuelta” hasta el final de su vida. Yo no soy de los que cree que el poema debe quedarse en un cajón y que lo descubran cien años después. A mí sí me gusta que mi poesía sea leída y que la poesía que se escribe en mi tiempo sea leída. Entonces, el azar que te lleva por el camino editorial, bueno… Siempre cuento que regresé a México en 1983 pensando en encontrar trabajo en cine y alguien me dijo que en la UAM [Universidad Autónoma Metropolitana] Azcapotzalco había un puesto de editor. Yo entendí que era editor de cine y me fui para allá con mi currículum. Cuando llegué, me di cuenta de que lo que buscaban era un editor de impresos, de programas de mano, de folletos, de carteles, y cambié mi currículum ahí porque necesitaba el trabajo. A partir de ese momento, he tenido la suerte de encontrar trabajo en esos campos. De hecho, Ediciones Sin Nombre [ESN] nace cuando, casi al mismo tiempo, me quedo sin trabajo en el periódico “La Jornada”, donde era el jefe de Redacción del suplemento cultural, y en la revista “Tierra Adentro”, donde era el jefe de Redacción, entonces era como quedarte con un motor andando, pero ya no tener pista por donde correr. Entonces tenía la obligación de presentar un libro de un apoyo que me había dado el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, y dije: “Si tengo el tiempo y el conocimiento, lo hago yo, no me espero a que una editorial me lo haga”. Al principio, sólo se iba a hacer ese libro, pero después se dio la casualidad y tuvimos la suerte de que otros escritores dijeran: “Pues hazme también el mío…”, encontramos ciertos apoyos y pudimos empezar una aventura editorial que lleva quince años.

Que se ha nutrido de grandes nombres…

Creo que es una editorial que ha alcanzado un prestigio importante, no ha alcanzado una repercusión comercial, aunque, desde que Ana María Jaramillo la ha tomado en sus manos, esto ha mejorado mucho, es lo que nos gusta hacer, tanto a ella como a mí, más allá de que si nos vamos a hacer ricos o vamos a poder vivir o vamos a perder dinero, es lo que nos gusta hacer, y mientras podamos… cuando no podamos, pues tendremos que cerrar.

El domingo tienen una presentación importante, ¿no? [El 18 de julio de 2010, ESN presentó “Cartas de un jubilado”, novela de Tomás Segovia, en la Sala Adamo Boari del Palacio de Bellas Artes.]

Así es, el domingo tenemos la presentación de un libro que nos interesa mucho porque es una novela de Tomás Segovia, mucho más conocido como poeta y ensayista. No es la primera novela de Tomás, es la segunda, pero para nosotros es muy importante haberla publicado y lanzarla al público mexicano porque va a ser una sorpresa para los lectores y es un reforzamiento de uno de nuestros autores insignia en la editorial.

Chema, ¿deseas agregar algo?

Sí, quizás para terminar nada más en una confluencia del escritor y el editor. Creo que en la situación actual de la literatura, de la cultura y del país, el lector debe tener en sus manos la capacidad de defenderse. ¿Qué quiere decir esto? Que el escritor escribe sus libros, el editor los publica, pero esto no se concluye hasta que el lector los lee, éste debe hacer el esfuerzo de ir hacia los libros, no sólo esperar a que se los lleven, sino también él debe buscarlos. Como sabemos, en México hay un índice más bien pobre de lectura, la gente no tiene la costumbre de gastar en libros, creo que hay que empezar a cambiar esta costumbre porque es la única manera en que las literaturas alternativas, con exigencias, y los editores que apuestan por calidad y no por mercantilismo van a poder sobrevivir.

Ahora que mencionas la situación del país, seguramente recuerdas la “Antología del Centenario” que prepararon Urbina, Henríquez Ureña… vamos, representativa, grosso modo, de esos cien años de la vida literaria en México. Me gustaría preguntarte, como escritor y editor que estás inmerso en la cultura mexicana, si ahora existiera un proyecto similar, no sé si lo hay, si te lo hubieran propuesto, ¿a quiénes incluirías en ella, a sabiendas de que si se lo propusieran a alguien más seguramente habría diferencias notorias?

Creo que con la celebración del Centenario y el Bicentenario ha habido mucha polémica, ha habido mucho dispendio, se van a hacer bastantes cosas, seguramente algunas van a ser hechas sobre las rodillas para cumplir con las fechas y habrá otras que tengan un calado intelectual importante. Desde luego, a mí me habría gustado hacer algo para el Centenario, pero no tenía los recursos ni la capacidad. Creo que esto se está haciendo con mucho más sentido en universidades, en centros de altos estudios, en fundaciones, en fin, que pasadas las fiestas y los boatos habrá que valorar qué es importante de eso y qué no. Ahora que lo tenemos tan encima es ya casi un tic nervioso quejarse del asunto, veo que hay cosas que están muy mal hechas y por lo tanto dan pie para esas quejas, pero también creo que va a haber cosas que se van a hacer bien y que seguramente con el tiempo ésas son las que van a destacar. Dentro de cinco, diez años, podremos ver con más claridad qué fue lo que sí se hizo bien, sobre todo en el terreno de las publicaciones, de las investigaciones, de las revisiones de la historia mexicana. Creo que el país está pasando por un momento cultural desastroso, no nos damos cuenta todavía de lo desastroso que es porque estamos demasiado encima de ello, pero ya podemos percibir que están muy mal las cosas, no hay un culpable, son muchas razones: una sociedad que se ha despreocupado de la cultura, un Estado que tiene otros intereses, el mercado que sólo le interesa lo que se vende, que mirar la historia le parece una pérdida de tiempo, en fin, todos esos elementos amalgamados están provocando una situación… triste, hay que rescatar lo mejor de eso, lo que se haya hecho bien, y volver a buscar tener una cultura viva, curiosa, crítica, polémica, democrática…

Chema, sin tener tiempo para pensarlo mucho, en corto, si pensáramos en una posible antología, aunque sólo fuera de nombres, en este caso, narradores, ensayistas, poetas, de 1910 a la fecha, además de los imprescindibles Paz, Fuentes, Monsiváis, Pacheco, Rulfo, Pitol, ¿te aventarías a intentarla?

Si quieres…

Sí, creo que sería un ejercicio interesante.

Eso es bastante sencillo con los escritores ya vueltos clásicos modernos, digamos, tendrías que hacer una antología en la que estuvieran Jorge Cuesta, Xavier Villaurrutia, Alfonso Reyes, Martín Luis Guzmán –que ya estaban vinculados a la “Antología del Centenario” de alguna manera, pero cuya obra se hizo después–, Julio Torri, Genaro Estrada, Novo –prácticamente todos los Contemporáneos–, después gente como Efraín Huerta, Octavio Paz, Salvador Alvarado, José Revueltas, Mauricio Magdaleno… Creo que hace falta una buena biblioteca de los narradores de la Revolución, Era lo está intentando a su manera con lo que está haciendo Aguilar Mora con Nellie Campobello, Octavio Paz… y después la generación de medio siglo, donde desde luego tendrían que estar Carlos Fuentes, Monsiváis, Pacheco, García Ponce, Segovia, Elizondo… Claro, cuando te acercas más hacia acá, primero aumentan mucho los nombres, es decir, hay mucha gente, y después no está todavía del todo establecida la norma, gente como Roger Bartra, Héctor Manjarrez, Jorge Aguilar Mora, José Agustín, Gustavo Sainz, la Generación de la Onda, la generación muy olvidada de narradores surgidos en los setenta, como Ricardo Elizondo Elizondo, Severino Salazar, Jesús Gardea, digamos, hasta llegar a Daniel Sada y Juan Villoro…

Si mencionamos mujeres: Arredondo, Vicens…

Sí, claro, también Rosario Castellanos, Poniatowska, Garro… Tenemos mucho trabajo por hacer…

Finalmente, después de este ejercicio, podríamos concluir que la literatura mexicana es muy rica, por eso la dificultad de seleccionar, pues no faltan escritores…

No, no faltan escritores, falta trabajo crítico, ordenamiento, eso de lo que hablamos antes, de las antologías, los mapas de lectura… Una de las cosas que creo que ha sido perjudicial es que estos mapas se han hecho desde el lado académico, no desde el lado del lector.

No de la divulgación…

Exactamente.

Para aquellos que no creen en la madurez y riqueza de la literatura mexicana.

Sí, y hay muchas figuras olvidadas, como Francisco Tario, Ramón Rubín, Efrén Hernández, que ahora lo recuperaron en el Fondo… Hay muchas cosas por hacer…

Sobre todo pensando en la gente joven que no conoce a muchos autores.

Así es.

Bueno, gracias, Chema.

Gracias a ti.

Comentarios a esta nota: gregorio.martinez@azteca21.com

Foto: José María Espinasa, un escritor esencial en la cultura mexicana contemporánea.
Azteca 21/Gregorio Martínez M.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *