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Inolvidables - May 9, 2011

Recordando a “Pita” Amor, la poetisa rebelde y audaz, la inolvidable “Undécima Musa”

un viejo caserón de la calle de Abraham González, en la Ciudad de México, donde nunca pasó inadvertida, fue una mujer que dejó una huella sensible en el panorama cultural mexicano.

Se dice que era una de las mujeres más bellas de entonces y así debió ser para que el muralista mexicano Diego Rivera la pintara desnuda tres o cuatro veces.

Trabajó en cine y teatro antes de llegar a la literatura, donde cultivó principalmente la décima, con clara influencia de Sor Juana Inés de la Cruz y Francisco de Quevedo.

Fue elogiada por Alfonso Reyes, Albert Camus y Sartre. Compañera de Pablo Neruda durante la época mexicana del poeta, quien llegó a escribirle: “como el canto del agua cristalina que corre, te nombro franca e inmemorial, dulcísima.”.

Dentro de su obra, que lo mismo habla de la angustia de vivir, que de Dios o de la nada, incluye dos textos en prosa: “Yo soy mi casa” (1957) y “Galería de títeres” (1959), además de sus famosas décimas.

“Dentro de mis temas poéticos lo que cuenta menos es el mundo exterior y no se diga ya el físico, mucho menos el histórico”, decía Amor, cuyos poemas se escribieron siempre en primera persona, tratando de la vida y su experiencia femenina.

Otras obras de Amor son “Puerta obstinada” (1947), “Círculo de angustia” (1948), “Polvo” (1949), “Décimas a Dios” (1953), “Sirviéndole a Dios de hoguera” (1958), “Todos los siglos del mundo” (1959) y “Soy dueña del universo” (1984).

También escribió “Las amargas lágrimas de Beatriz Sheridan”, Sonetos y “La manzana de Martha Chapa”, que edita justamente 60 años más tarde del que fuera su libro inicial.

El día de su muerte, el 8 de mayo de 2000, los diarios dieron cuenta de su grandeza y reseñaron cómo, en su juventud, se convirtió en el ánima de toda su generación en la escuela de Mascarones, donde entonces la UNAM impartía la carrera de Filosofía y Letras.

“Los que la retrataron a mano o con cámara fotográfica, dejaron constancia de una mujer con mirada y sonrisa cómplices, el rostro diseñado a partir de sus enormes ojos y el cuerpo de modelo, modelado a mano, en un tiempo en que hablar de “aerobics” era tan hilarante”, señala un artículo periodístico.

El texto relata como a mitad del patio de Mascarones varios de sus contemporáneos la recuerdan con su grito de guerra, que al paso de pocos años llegaría a ser santo y seña de los cines de tres por una: “Ya llegué, cabrones!”.

Reina solitaria de un medido castillo de palabras, sonetista, rigurosa decimera, musa de pintores cuando en el mundo las había, se había limitado a decir, desde el trono que conformaba una silla de madera al centro de la sala de su casa: “La poesía soy yo”.

Amiga de grandes pintores

En su juventud, Pita mantuvo estrecha amistad con grandes pintores contemporáneos como David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco, Rufino Tamayo, Diego Rivera y Juan Soriano.

Después de la grandeza, refiere, hubo un tiempo en que Amor paseaba por las calles de la Zona Rosa, ya una señora de edad, el pelo recogido en una pañoleta, una bolsa de mano al mejor estilo de los años 50, con un atuendo multicolor, “espantando demonios a paraguazo limpio”.

Luego, ella que tantos y tantos amigos tuvo, bajó la cortina de su cotidianidad y se amuralló en su departamento de la colonia Juárez. Hasta ese sitio de regular iluminación trasladó el reino que una vez fue de carne y hueso para convertirlo en un palacio imaginario.

Allí escribiría, como una suerte de presagio, sobre un hecho conocido e inevitable: “No creo en ti, pero te adoro./ Qué torpeza estoy diciendo!/ Tal vez te voy presintiendo/ y por soberbia te ignoro./ Cuando débil soy, te imploro;/ pero si me siento fuerte,/ yo soy quien hace la suerte/ y quien construye la vida./ Pobre de mi, estoy perdida,/ también inventé mi muerte!”.

Ese presagio la acompañó hasta el lecho donde sus pulmones, afectados por la neumonía, le provocaran la muerte el 8 de mayo de 2000, sus restos descansan en el Panteón Francés, de la Ciudad de México.

Controvertida, temperamental, musa de varios intelectuales de su época, Guadalupe Amor, la poetisa rebelde y audaz, quien nació el 30 de mayo de 1918, fue una bella mujer que conmocionó a la gente de su época con su lenguaje altivo e irreverente.

Sólo contemplar la nada; mi rostro joven y viejo.”
“Que todo morirá cuando yo muera…
¡Imposible pensar de otra manera!”

I
INTRODUCCION

La mujer mexicana se ha caracterizado por ser callada, sumisa, honesta y humilde, sencilla e inteligente, pero hay sus excepciones. Mujeres que se han atrevido a romper todos los esquemas sociales. Guadalupe Amor es esa mujer, que se atrevió a todo. Se dice que sin duda, la trilogía, formada por Quevedo, Góngora y Sor Juana Inés de la Cruz influyeron para plasmar su poesía. Pita Amor fue la mujer controversial de la década de los cuarenta y los cincuenta.

II
Vida

Hija de doña Carolina Schmidtlein García Teruel y de don Emmanuel Amor Subervielle, ambos miembros de la más señera aristocracia mexicana. “Nací en este siglo, en todo y por todo. Soy de raza criolla, con ascendencia española, alemana y francesa. La menor de siete hermanos. De las mujeres la más vanidosa y la más bonita. Me bautizaron con los nombres de Guadalupe y Teresa. El uno mexicanísimo, el otro no puede ser más español. Como ninguno de los nombres me sentaba, siempre me llamaron Pita”.

La sonetista contaba que en su infancia sobrevivió la pérdida de la riqueza familiar en Morelos, por lo que constantemente recurrían al Monte de Piedad para empeñar y vender los tesoros que habían logrado rescatar del desastre económico que trajo consigo la Revolución.

Mujer con sensibilidad a flor de piel, a Pita le gustaba cantar en voz alta, pero su voz era tan estridente que aunque su mamá la elogiaba, solía callarla, por lo que finalmente decidió buscar como escenario la cocina y como su público a las domésticas que difícilmente aguantaban sus pláticas.

En la infancia también fue una niña a la que la paralizaba la oscuridad y petrificada por el miedo, buscaba esconderse en las faldas de Viviana, una de las tantas sirvientes de la casa. Pero Lupe Amor comenzó a gustar de la soledad desde muy pequeña, y siempre vivió rodeada de lujos. Sin embargo, la pérdida de la riqueza familiar, la convirtió ya en su adolescencia, en una mujer estrafalaria, porque conservaba la costumbre de cubrirse con vestidos escotados, mantones y capas; y no usaba ropa interior ni medias.
Fue una mujer sumamente bella, por lo cual fue pintada por Juan Soriano y Diego Rivera, Martha Chapa, Alfonso Michel, Raúl Anguiano, Roberto Montegro, por citar algunos artistas.

III
Poeta y escritora

Singular poeta y escritora mexicana, “Pita Amor” La undécima musa, plasmó en su poesía los temas metafísicos; le cantó a Dios, a la muerte, a la soledad, a la angustia, a la nada. Sus poemas se caracterizan a partir de expresiones directas y desencadenadas, siempre en primera persona, todo gira alrededor de la vida. Se hizo gran amiga de importantes personalidades de la vida literaria, como Gabriela Mistral, la cual le sirvió de inspiración para escribir uno de sus más conocidos libros Yo soy mi casa (1946).

Entre sus poemas publicados tenemos: (1947) Puerta obstinada; (1948) Círculo de angustia; (1949) Polvo; (1953) Décimas a Dios; (1958) Sirviéndole a Dios, de hoguera; (1959) Todos los siglos del mundo; (1984) Soy dueña del universo. De sus prosas están: (1957) Yo soy mi casa y Galería de títeres (1959).

IV
Carácter y personalidad de Pita

La última de siete hermanos, la niña privilegiada, la que sus padres no lograron controlar. A treinta metros a la redonda siempre era el centro de atención. A Pita Amor le costó adaptarse al mundo que la rodeaba, nunca pudo salirse de sí misma para realmente amar a otro. Era demasiada enamorada de su persona. Ella misma se llamaba “la reina de la noche”, porque tenía por costumbre recorrer el Paseo de la Reforma de la Ciudad de México.

Vivió intensamente, aceptó todos los placeres y todas la amarguras. Su primer escándalo público fue a los 18 años, nadie puede asegurar si Pita se enamoró realmente en alguna ocasión, pero esto fue lo más cercano; se convirtió en amante de José Madrazo, un rico ganadero de 60 años con quien mantuvo una larga relación que abrió una época de provocación al mundo.

Guadalupe Amor pasaba de escándalo en escándalo sin la menor compasión por sí misma. A los 38 años, decide tener un hijo, del cual se siente incapaz de criarlo y decide darlo en custodia a su hermana mayor, Carito. Pero ocurre lo inesperado, Manuelito que así le llamaba su hijo, muere ahogado en una pileta con agua, a la edad de un año y meses. Es en ese momento, cuando Pita Amor comenzó su camino descendiente, nadie pudo consolarla, no deseaba ver a nadie. Su vida personal se volvió silenciosa de un día para otro, Pita se retiró. Escogió el aislamiento. Descuidó su aspecto físico.

Guadalupe Amor sale a un mundo diferente en los ochentas, insolente y arrebatada todavía pero diferente, nada quedaba de aquel cuerpo que desnudo pintara Diego Rivera o Raúl Anguiano. Después de diez años, decidió dar un recital de poesías mexicanas desde Sor Juana hasta Pita, en el cual tuvo un gran éxito, también volvió a dar entrevista para la televisión.

Año tras año celebraba la Navidad con su hermana Carito Amor, donde Pita llegaba con enormes bolsas con regalos para todos, por cierto ¡muy comunes!: una pasta para dientes, un jabón, una crema de afeitar, etc. Su forma altanera de ser y su soberbia la volvían temible; se alejaron de ella, enamorados y amigos. Con una rosa en la cabeza y su bastón en la mano quedaron las huellas en la Zona Rosa, un personaje único al que todos quedaron acostumbrados ver y escuchar, con esa imagen se quedaron quienes tuvieron la fortuna de conocerla.

En su humanidad conviven y batallan los más extremos climas sentimentales. Quien la trata, aunque sea momentáneamente, ya no la olvida, porque es un ser con una personalidad avasalladora. Para bien y para mal, reclama, exige, grita, llora, golpea; no se deja dominar por nadie. Preceden a su persona, en cualquier actividad, el elogio y la censura. Nunca pasa inadvertida.

Su personalidad la llevó a decir que su poesía sólo podría ser equiparada a la de Sor Juana Inés de la Cruz y Octavio Paz. Y en alguna ocasión también dijera: “Ojalá que alguno de estos renglones pueda dar a quien lo lea, un reflejo modesto de su angustia, de su esperanza”.

V
Aportaciones a la cultura.

La poesía de Guadalupe Amor es única en su estilo, en ella refleja la forma de cómo percibía al mundo que la rodeaba. Sus poemas son un poco complicados de entender, tal vez se deba a las expresiones directas y desencadenadas empleadas en sus poemas y narrativas. Podemos afirmar que sus versos y prosa son el juego de palabras que a cualquiera hace reír, al leer cualquier fragmento. Le quita la tristeza y preocupación a todo aquél que se atreve a leer a Guadalupe Amor, “La Diosa” como ella misma se auto nombraba.

De acuerdo a la escritora Josefina Estrada, Guadalupe Amor “tuvo una época espléndida en su juventud, escribió lindos sonetos”, pero en sus últimos años se convirtió en una figura desquiciada, sumamente interesante y fuera de sí. Su obra posee un gran público compacto y fiel.

“Sola yo estoy y llena de inquietudes;
cada día me interno más adentro;
mis defectos atraen a las virtudes;
de un misterioso círculo soy centro.
El cansancio que tengo es infinito;
todo el dolor del mundo lo he probado;
un laberinto de ansiedad habito
y a tientas me revuelvo en lo intrincado”.
(Círculo de angustia, 1948)

Shakespeare me llamó genial
Lópe de Vega infinita
Calderón, bruja maldita
Y Fray Luis la episcopal;
Quevedo, grande inmortal
Y Góngora la contrita.
Sor Juana, monja inaudita
y Bécquer la mayoral.
Rubén Darío, la hemorragia;
La hechicera de la magia.
Machado, la alucinante.
Villaurrutia, enajenante
García Lorca, la grandiosa.
¡Y yo me llamé la Diosa!

Fuente: Clave y nombre de la escuela: 12POM00158, Primaria Urbana “José María Morelos y Pavón”
Profesor responsable del aula de medios: Eduvina Manrique Morales
Profesor responsable del grupo: María del Carmen Chávez García
Grupo: 5º. “D”
Nombre del equipo: “Los Peques”
Correo electrónico: pm_morelos@yope.seg.gob.mx

 

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