Home Entrevistas Poesía mexicana: José María Espinasa (5)
Entrevistas - April 15, 2011

Poesía mexicana: José María Espinasa (5)

precisamente lo fragmentario, en los que apelas a la participación del lector, invitándolo a una relectura gozosa, no a padecer su posible significación.

Creo que esto tiene que ver con algo que se ha dicho mucho de la poesía moderna del último siglo. Se dice que la poesía moderna habla entre líneas, es verdad, a diferencia de la poesía de los Siglos de Oro, de la poesía francesa del XVIII, de la mitad del XIX, donde estaba todo en el poema, ahora el poema es un queso gruyère que está lleno de agujeros, pero esos agujeros son tan significantes, dicen tanto como lo que no es agujero. Entonces creo que sí, mi poesía tiene esa voluntad de búsqueda, dicho en términos muy pretenciosos, de que también hable el silencio, de que la parte no dicha o no escrita también hable. En mi poesía hay un cierto coqueteo con un espíritu, más que clásico, popular, o sea, de intentar acercarse a la imaginería colectiva, y eso a mí me parece una veta muy interesante. El poeta, de alguna manera, le habla a un inconsciente colectivo, lo tenemos todos, incluso los que no sepan quién es Neruda ni que eso es de Neruda, piensan en “Veinte poemas de amor y una canción desesperada” como una forma de expresión, y lo citan en la conversación, o la canción popular real, la canción ranchera, los boleros, el son jarocho, las líricas vernáculas. En fin, creo que ahí hay una voluntad de reencuentro de una lírica culta en un tono popular, eso trae consigo un coqueteo con la forma; no diría que mi poesía es formalista, sino que es un coqueteo con la forma. Parece que están siendo coplas, espinela, liras, todo eso, pero en realidad no me sujeto a ningún esquema silábico, acentual o versificado.

Me parece que el lector atento de tu poesía advierte que hay una voluntad de romper con esa sujeción a la forma, que es poesía culta, pero a la vez alejada de lo formal. Además, esa vocación al silencio también está latente en tus poemas, no sólo como consecuencia de lo fragmentario, sino de ser incompletos, algo así como mucha significación en pocas líneas, quizás con influencia, por decir un nombre que me viene a la mente, de Alí Chumacero [cuando realizamos la entrevista, aún no moría el poeta nayarita].

La poesía de Chumacero es un modelo de contención y de síntesis intelectual, formal, visual, atmosférica. Con muy pocos poemas, Chumacero tiene un lugar muy importante en nuestra lírica y en la lírica en español del siglo XX. Ahora que la poesía de Chumacero es más barroca, probablemente más culta, muy densa, no quiero decir que yo no busqué densidad, sino que la densidad se da de manera más transparente. En ese sentido, las grandes influencias que yo sentiría en mi poesía vienen de la generación de Contemporáneos en México, de la Generación del 27 en España y de lo que podríamos llamar las vanguardias latinoamericanas, o sea, Oliverio Girondo, el propio Neruda en un periodo, no el Neruda épico, sino el Neruda sutil y lírico, Carlos Pellicer, un poeta de una enorme capacidad visual y una gran transparencia, y más recientemente ciertos poetas irónicos, como puede ser el caso de Gonzalo Rojas, la transparencia de Tomás Segovia, algunos poetas españoles… Creo que uno tiene la ventaja o la desventaja, para unos puede ser ventaja o desventaja, para mí es lo primero, de tener una enorme riqueza lírica detrás, la poesía en español ha dado grandes poemas. Entonces tenemos mucho background, mucho arsenal, mucho almacén de imágenes, de acentos. Rubén Darío nos enseñó a hablar de nuevo el español, tal vez lo que me diferencia de eso es que mi poesía tiene un tinte pesimista, hay un cierto descreímiento, no un descreímiento gritón, pero sí un descreímiento que está ahí.

Esto se advierte en los poemas en que hablas del amor, del amor de pareja…

Borges decía que la característica de lo moderno es que lleva la parodia en sí mismo, creo que sí, que algo de eso hay, tú te ríes de ti mismo y de tus esperanzas, fe… Hay un poeta español, Jaime Gil de Biedma, que nos enseñó eso, que lo peor que puede hacer una poesía es tomarse literalmente en serio, que la poesía tiene que ser también una puesta en duda de sí misma, eso es lo más difícil de hacer, porque, claro, el poeta tiende a creerse a sí mismo, y si no establece una distancia, un sesgo irónico, se vuelve solemne, pedante, se vuelve conquistador, hacedor de refranes y no de verdadera poesía. La poesía nunca es una conclusión o una cosa terminada, siempre debe estar abierta a nueva interpretación, a nueva puesta en duda y a una burla de ella misma.

Desde hace algunos años se dio en México una moda o tendencia de publicar antologías poéticas, ¿tu poesía está en alguna de ellas?

Aparece en algunas, no en muchas. Apareció en “La sirena en el espejo”, en una que realizó Víctor Manuel Mendiola en España, que se llama “Tigre la sed”, en otra hecha en Colombia. Ahora bien, creo que las antologías tienen dos funciones: una de ellas es poner un poco de orden en la historia, sobre todo en las últimas tres décadas ha habido una explosión demográfica de poetas, pues los podemos contar por miles. Entonces, para poder abordar eso, se nos tienen que proponer mapas de recorridos, para que la gente elija un determinado mapa. Tú te puedes encontrar con que poetas que estaban antologados en los años cuarenta y cincuenta en prácticamente todas las antologías ahora nadie se acuerda de ellos, otros no, otros más han permanecido, me parece que esto es fruto del trabajo antológico. En México tenemos al menos cuatro antologías centrales, la que hizo Contemporáneos en los años treinta [“Antología de la poesía mexicana moderna”], que fue la proyección estética del grupo de Contemporáneos escogiendo unos poemas de la tradición que tenían que ver con lo que ellos creían que había que decir. Un par o tres décadas después una antología como “Poesía en movimiento” vino a reformular esa idea, paralela a ésta se dieron la antología que hizo Carlos Monsiváis, el “Ómnibus de poesía mexicana” de Gabriel Zaid. Entonces las generaciones siguientes, mi generación de los nacidos en los cincuenta, los nacidos en los sesenta, los nacidos en los setenta, y ahora los nacidos en los ochenta, han lanzado sus antologías intentando promover con mayor o menor éxito una determinada estética. Creo que esto es normal en cualquier literatura, no podemos saber qué de lo que ahora escribimos se va a seguir leyendo dentro de cien años. Todo mundo como crítico, yo también hago mucha crítica, lanza su apuesta, y lanza su apuesta pensando que esa poesía que le gusta a uno será la que se seguirá leyendo durante muchos años más, es interesante. Creo que lo bueno es que haya muchas visiones, para que el lector tenga la posibilidad de escoger y a su vez la crítica tenga la posibilidad de establecer… la palabra canon quizás no sea del todo acertada, pero tal vez sí un orden, digo, si tenemos mil poetas podemos estar seguros de que no todos son buenos, ni en los Siglos de Oro los mil poetas que había eran buenos, a lo mejor había diez extraordinarios, diez muy buenos, veinte buenos, veinte regulares y todos los demás malos. Entonces tenemos que ponerle un orden, y estoy siendo muy optimista con las cantidades, eh, hay épocas en las que te cuesta trabajo encontrar dos o tres poetas de muy buen nivel, como en el siglo XIX, hasta que no llega el modernismo, la poesía en español era una poesía, en ese tiempo, bastante malita, no era comparable con la francesa, la rusa, la italiana, la inglesa, en fin. Creo que ahí hay un desarrollo que tiene que ir paralelo del que escribe, el que hace la crítica –es decir, el que hace los mapas– y el lector y su gusto. El peligro que tenemos ahora es que, como la poesía se lee poco, los mapas sean equivocados o cuando menos inciertos, que dependan mucho de modas, de capacidades de promoción, de atención de cosas que no había antes, como los medios audiovisuales, en fin, todo esto, ¿no? Creo, si tuviera que dar una opinión general, que la poesía mexicana pasa por un buen momento. Seguramente, si doy los nombres de los poetas que representan ese buen momento y los da otro crítico vaya a haber mucha diferencia, bueno, estamos en un momento de reordenamiento de ese canon.

Continuará…

Comentarios a esta nota: gregorio.martinez@azteca21.com

Foto: José María Espinasa, poeta, crítico y editor.
Cortesía: Teresa Espinasa/Ediciones Sin Nombre.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *