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Libros - April 1, 2011

Poesía mexicana: “Piélago” y “Al sesgo de su vuelo”, de José María Espinasa (3)

Chema: “Cuerpos”, “Piélago”, “El gesto disperso” y “Sobre un muro de aire”; el segundo contiene su más reciente producción poética que, por diferentes razones, no pudo incluir en el primero.

Así, en dos libros caben casi tres décadas de ejercicio poético, de afirmación de una vocación: la de José María Espinasa como poeta. También hay que considerar que en esos dos libros no está toda la producción poética de un autor que ha tenido la capacidad camaleónica de desenvolverse en varios campos de la cultura mexicana, ya que ha sido –y es– profesor, crítico de cine y literario, editor, conferencista, promotor cultural, ensayista…

“Poesía mexicana” es una serie de divulgación, es decir, busca al lector común, interesado en ampliar sus horizontes culturales; aunque no es para ellos, también podría resultar de interés para lectores especializados e investigadores. Así, después de la digresión, creo que la poesía de Chema –como es conocido– es breve –al modo de lo que recomendaba Baltasar Gracián, “Si lo bueno breve, dos veces bueno”–, de pocos versos muchos de sus poemas, casi de escritura aforística y de tono intimista, transparente, a veces lúdico. La estructura de sus poemarios está definida por los títulos de los mismos, no obstante, es como si fuera un solo, largo poema dividido en partes, en apartados temáticos. Más que poesía para cantar, poesía decantada.

Asimismo, sus temas recurrentes son los cuerpos, la mujer –también en su versión de sirena o de bailarina–, el amor, el desamor, la soledad, la pareja, los amantes, los enamorados, el ojo –la memoria de la mirada–, el espejo, incluso algunos muy coloquiales, como los zapatos, los calcetines y sus agujeros. No está de más señalar que, quizás sin proponérselo, Chema también filosofa, deja sus lecciones de filosofía en algunos de sus poemas, de sentido dialéctico, como la imagen de la muchacha en su poema “Adolescente” (Al sesgo de su vuelo”): “… luz que brota ya oscurecida/ por su propia aparición… Belleza autista que se pierde/ se vuelve otra –muy otra–/ en la madurez del fruto”.

En “Piélago”, la antología, Francisco Segovia escribió: “Los libros que forman este libro son […] un ‘Piélago’ en la acepción que remite la distante extensión del mar, pero también en la que sugiere un montón de cosas difíciles de distinguir y enumerar… La poesía de Espinasa aspira a ser canto, es cierto, pero canto a la manera brevísima y ritual del conjuro o la adivinanza…”.

Chema, por su parte, escribió ahí, al inicio, unos pensamientos “A manera de prólogo” que bien podrían ser interpretados como una poética o una explicación de por qué escribe poesía. O sólo eso: reflexiones con la intención de preparar al lector sobre lo que a continuación leerá. Hay algunas que valen la pena citar, pues podrían arrojar luces sobre su poesía: “¿Puede callar su desesperación el que ha recibido la gracia? Y no, no hablo de la gracia divina”, “Escribir en el aire sin otro punto de apoyo que la ley de gravedad, el peso del aire que hace correr la tinta de la pluma o la sangre de las venas. El sordo ruido de la indiferencia, el de las campanas de una tarde cualquiera… y de pronto el silencio. ‘Hay una leve profecía en la pared más pobre del aire’” y “El gesto desaparece en sí mismo, no se perpetúa más que en su negación. El gesto es belleza que muestra el lugar que por un instante ella ocupa, después: ausencia, la falta, la fealdad, el conocimiento”. Por último, una frase sacada de un pensamiento más largo: “La imagen está siempre a medio camino”, la cual me parece clave en la poesía de José María Espinasa: sus poemas aspiran a que el lector los complete, no hablo de que sean “abiertos”, me refiero a que, como la imagen, siempre están esperando que el lector les dé vida, les confiera sentido y amplíe su significación. A su albedrío.

III

Criatura despreciable
en tus manos dejo
la voluntad de proseguir.
Todo camino se repite,
no hay ninguno que sea infinito.
La figura no vuelve:
ella es infinita.

De “Cuerpos”

I

La misma religión, el mismo rostro.
El ofidio espera con paciencia
el regreso de los años.
La piel es la que olvida.

De “Piélago”

I

Caracol que canta:
canción de melancolía
su canto,
caracol que canta
canciones de mar
en calma.

De “El gesto disperso”

Su cuerpo entraba siempre antes
como una inminencia del porvenir
cumplida en su promesa

De “Sobre un muro de aire”

En “Al sesgo de su vuelo”, José María Espinasa juega con las letras, con las palabras, con los significados de manera ingeniosa, lúdica, basado en su estilo aforístico, pero no deja de reflexionar sobre la belleza y sus promesas, sobre el ser de las personas y las cosas y su inminencia o virtualidad –lo que pueden ser, lo que no son siendo–. También un fantasma recorre su poesía, el fantasma de cierto fatalismo, de ser parte de una farsa inevitable e ineluctable: la vida, el amor, la pareja…

Este librito contiene poemarios que son realmente antológicos por sí mismos –“El búho”, “El murciélago”–, de una madurez creativa deslumbrante, en aumento, pues considero que Chema desde sus primeros libros antologados en “Piélago” muestra madurez en su expresión poética. Así, en él hallará el lector poemas magníficos, versos condensados, imágenes reveladoras; también la ingenuidad del niño y la experiencia vuelta conocimiento del adulto.

Finalmente, en la poesía de José María Espinasa se hace un homenaje a los sentidos, especialmente al de la vista, tanto que Chema puede ser considerado como un poeta de la mirada, la que cautivada queda por las imágenes mundanas, por los intersticios de lo cotidiano. Y su poesía es la muestra evidente de su fascinación sensorial.

El plumaje es un disfraz,
su cuerpo son los ojos.
Los abre y despliega las alas,
los abre y se hace de noche.
Y no mira: ilumina.

*

Hay que aprender a ver la belleza del murciélago,
fósil de aquel vuelo
conservado en la memoria
de los huesos.

De “Al sesgo de su vuelo”.

Comentarios a esta nota: gregorio.martinez@azteca21.com

Foto: Portada de un libro que reúne cuatro libros de José María Espinasa.
Cortesía: Editorial Aldus.

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