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Cine - March 27, 2011

El porno mexicano de 1920 a 1950, un tesoro en manos de la Filmoteca de la UNAM

exhibirse en los burdeles. Se llegó a pasar de forma clandestina en la librería La Tarjeta, que cobraba entrada”, relató la directora de Actividades Cinematográficas de la UNAM (la mayor universidad pública de Latinoamérica), Guadalupe Ferrer.

La mayoría son películas mudas; aquellas en las que se rodó originalmente con sonido tampoco lo tienen, al no haber sido hallados los materiales.

Muchas llegaron sin título, y de absolutamente ninguna se conocen sus autores, protegidos por seudónimos ya que la pornografía estuvo fuera de la ley hasta la década de los 90. Casi todas tienen entre doce y treinta minutos de duración.

Algunas llegaron a la Filmoteca dentro de donaciones de muy diversa índole, y otras fueron pescadas en los mercados de viejo por el curador Francisco Gaitán, siempre en busca de aumentar el archivo, que atesora más de 45,000 piezaas fílmicas.

Los temas son variados: desde el ranchero que seduce a la muchacha, el extranjero que hace lo propio en la gran ciudad o el pintor que tras retratar a la modelo se lanza al goce. También son frecuentes las escenas lésbicas.

“El cura es una figura que aparece con mucha frecuencia”, apuntó Ferrer, con títulos como el del mentado “Fray Vergazo” o “El monje loco”. Algo significativo en un país con una fuerte moral católica por aquellos años y donde el 98 % de la población profesaba dicha fe.

En otras, como “Chema y Juana”, se deslizan dos de los arquetipos más conocidos de la cultura popular: el charro (vaquero mexicano) y la china poblana (mujer vestida con atuendo típico, característica de una región). “Historia de un abrigo de mink”, por su parte, es la versión porno de una película muy popular en los cincuenta.

“Es un cine mexicano por la mirada de los personajes, dejan ver parte de México”, remarcó Ferrer sobre el valor documental. Las historias son elaboradas, como corresponde al galanteo y al florido verbo de México.

Ellas, chicas dispuestas en su momento a recibir una paga por aparecer en los filmes, podrían haber sido en algunos casos trabajadoras de los burdeles, opinó la especialista.

Posiblemente los directores eran gente con recursos económicos, por la carestía de las cámaras con las que fueron rodadas (en 35 y 16 milímetros, la calidad fotográfica en general es mala), aunque es posible que los equipos fueran rentados o prestados. Todas están rodadas en la capital.

Las películas están a disposición de los investigadores que lo deseen en la Filmoteca de la UNAM, donde existe un laboratorio de restauración para materiales fílmicos.

La dependencia está en activo desde los años sesenta para preservar todo trazo en celuloide -ficción, documental, amateur, casero- que contenga la memoria de México, incluidos aquellos con escenas más picantes.

Fuente: (Agencias)

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