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Por la Espiral - March 23, 2011

Verificar importaciones niponas

consecuencias y nos atrapa cuando se trata de tragedias producidas por los embates de la naturaleza, errores humanos, conflictos bélicos o terroristas.
El año pasado estuvimos atentos a las consecuencias del impacto ambiental por el enorme vertido de petróleo en el Golfo de México de la  plataforma Deepwater Horizon.
A través de los medios de comunicación vimos imágenes de las playas en Estados Unidos cubiertas con petróleo. En aquella ocasión escribimos que los peces carecen de nacionalidad y la afectación en flora, fauna y agua marítima afectaría también a México en las entidades con salida al mar en el Golfo de México.
De la desgracia de 2010 enfrentamos otra más grave: el pasado fin de semana largo las noticias confirmaron la presencia de radiactividad en productos alimenticios en Japón.
Esta semana el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) revisará los niveles de radiactividad en las costas al Norte de Japón, primordialmente las más cercanas a la planta de los reactores con problemas en Fukushima.
Una vez confirmada la presencia de yodo radiactivo en el agua corriente que ingresa a las casas de los japoneses, ahora el estudio enfocará en determinar si también el agua de mar está o no contaminada.
Y Japón que está geográficamente tan lejos no puede dejar de angustiarnos porque con la globalización la interrelación es bastante cercana.
Además cualquier contaminación en las aguas marinas del Océano Pacífico es por supuesto para preocupar a los mexicanos porque (como lo señalamos en su oportunidad con lo de la planta petrolera) “los peces no tienen nacionalidad”.
La radiactividad presente en alimentos prueba que la contaminación nuclear circula en el medio ambiente, no es descartable que la  planta ubicada además tan cerca del mar lo haya impactado con las explosiones. Lo  emanado sale a la atmósfera y en su ciclo vital llega al mar y a su vez al fitoplancton, zooplancton y luego a los  peces.
En Guerrero, entidad ubicada en las costas del Pacífico mexicano han sido vistos cardúmenes de sardinas y otros peces de forma inusual.
Por esa razón es que las dos Baja Califonia´s, Sonora, Sinaloa, Nayarit, Jalisco, Michoacán, Guerrero, Oaxaca y Chiapas deben contar con amplios programas de monitoreo de los volumen de pesca recogida del Pacífico.
Si bien José Ángel Córdova, titular de la Secretaría de Salud, instrumentó un programa de verificación de los productos importados desde Japón la medida no es del todo suficiente para salvaguardar a la población mexicana.
La Secretaría de Salud debe asegurarse que la pesca del litoral del Pacífico no está contaminada por peces radiactivos, el monitoreo tiene que llevarse a acabo en el mediano plazo hasta que se conozcan los verdaderos alcances de la crisis nuclear nipona.
A COLACIÓN
Ya sabe usted que en todos lados ocultan y fabrican información, Japón no es la excepción. Greenpeace denunció que la verdadera tragedia en el impacto humano y ambiental en la isla está minimizado a tal grado que  el organismo ecológico acusa a la OIEA de no reportar una explosión de hidrógeno en la planta de Fukushima.
Oficialmente  la dimensión de la exposición a la radiactividad no ha sido revelada por temor a la reacción de la población, aunque la presencia de yodo radiactivo en Tokio sirve a manera de respuesta.
Entonces, el gobierno mexicano tiene que  ser más precavido, tanto que por un lado debería suspender temporalmente parte de las importaciones de alimentos provenientes de Japón, monitorear los vuelos en los Aeropuertos de ida y vuelta con destino a esta nación asiática y ampliar la verificación de los productos del mar en las costas mexicanas.
Así como el vertido de petróleo en el Golfo de México, los efectos de la crisis nuclear nipona tendrán presencia en el  mediano y largo plazo. Las autoridades tienen que tomar cartas previsoras en el tema.
SERPIENTES Y ESCALERAS
La japonesa es de las comidas más gustadas en México, los restaurantes son de los más concurridos no únicamente por el sushi también por otros platillos elaborados como el shabu shabu y los cortes de res de la carne estilo Kobe.
Por cierto que esta carne su textura, color, olor y sabor son únicos en el mundo, al contacto con el paladar es naturalmente apreciable se trata de uno de los mejores cortes vacunos del mundo.
Mi preocupación al respecto es que muchos de los insumos de los restaurantes japoneses, tiendas especializadas en productos nipones y boutiques gourmet provienen de Japón, desde la carne,  sake,  arroz para el shushi; etc.
¿Y si alguno está contaminado? ¿Si alguno de estos productos ha sido elaborado en una granja afectada por el yodo radiactivo? ¿O los cultivos regados con aguas contaminadas?
Esto es precisamente lo malo de la globalización porque lo qué acontece en una parte del mundo tarde o temprano tiene un efecto boomerang del que no hay forma de huir.
Hasta el momento únicamente hablamos del tema del comercio con Japón en la parte de los alimentos pero la complejidad es más amplia porque el principal socio comercial de los japoneses son los estadounidenses.
Buena parte de la balanza comercial, con exportaciones e importaciones, es realizada entre Japón y Estados Unidos, así que por allí existe otra frontera mediante la cual también pueden ingresar productos nipones a México.
En cuanto a los componentes de mayor valor agregado, Japón le vende a México automóviles, transmisiones para vehículos, partes para turbinas equipos y partes electrónicas, baterías de níquel-cadmio y autopartes.
Necesariamente la Secretaría de Economía en coordinación con las Agencias Aduanales tienen que inspeccionar que tales importaciones sean seguras. Ojalá la idea surja de la buena disposición del secretario Córdova quien es de lo más rescatable del Gabinete del presidente Felipe Calderón.
P.D. Encuéntrenme en Facebook. Les invito a que opinen del tema en mi blog http//claudialunapalencia.blogspot.com.

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