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Arte y Cultura - March 9, 2011

“El cerro y el cielo”, libro de la arqueóloga Rossana Quiroz Ennis donde detalla el conocimiento astronómico que tuvo la cultura hñahñu

complejo arquitectónico, ocupado entre los años 540 y 1050 d.C., a partir de la observación de la bóveda celeste.

Tras contemplar el cielo y desarrollar una investigación de más de siete años en este sitio prehispánico que fue abierto al público el pasado 10 de febrero, la arqueóloga Rossana Quiroz Ennis detalla en esta publicación el conocimiento preciso que tuvieron los constructores de esta urbe, particularmente de los ciclos del Sol y de la Luna.

En la obra, editada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta) con apoyo del Gobierno del Estado de Guanajuato, la investigadora refiere que el registro del movimiento de las estrellas, fue fundamental para el desarrollo de las actividades cotidianas de los pueblos otomíes-hñahñu, “un ejemplo de ello, es que las salidas y puestas del Sol se relacionaban con la agricultura, mientras que el ciclo lunar se asoció con la recolección y la caza”.

Dicho estudio se enmarca en el Programa de Observaciones Celestes en la Zona Arqueológica Cañada de la Virgen, desarrollado por investigadores del INAH; la iniciativa comenzó en 2003 y ha corroborado a través de los años que este sitio tenía un sentido astronómico relevante, “porque la astronomía era un conocimiento vinculado con la supervivencia y organización social de los pueblos agrícolas”, comentó Rossana Quiroz Ennis.

Marzo, destacó, es un mes especial para este centro ceremonial, porque el día 4, el Sol, y pocos días después la Luna, pasan por el pórtico del Complejo A o Casa de los Trece Cielos, que es el principal conjunto arquitectónico de Cañada de la Virgen. “Ambos astros descienden al cerro sagrado, tal y como lo refiere la metáfora de las semillas que entran a la tierra”, comentó Quiroz Ennis.

La experta del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México, precisó que en la mayor parte de los sitios arqueológicos explorados en México, como Tula y Teotihuacan, las edificaciones están orientadas hacia el oriente, por ello el Sol emerge por detrás de las pirámides.

“En el caso de Cañada de la Virgen pasa lo contrario, los edificios están al poniente, un patrón poco común en Mesoamérica, lo que propicia que el Sol aparezca por enfrente; este evento se observa con mayor claridad en la Casa de los Trece Cielos, donde el astro pasa por su pórtico y hace parecer que se interna en ella”.

Este fenómeno, abundó, también sucede con la Luna y tiene que ver simbólicamente con el paisaje del inframundo, con la noche, por ello este sitio está más relacionado con el aspecto lunar.

“La importancia atribuida a la Luna es un rasgo que distingue a este sitio de otros que ya han sido estudiados desde el enfoque arqueoastronómico, la contemplación de este satélite estaba relacionado con las fechas de la recolecta, incluso con dicho conocimiento pudieron predecir los eclipses.

“La mayoría de los sitios se rigen por calendarios solares porque es más fácil su interpretación, el astro tiene dos solsticios y un equinoccio, la cuenta es 20 días para el caso del calendario mesoamericano, y de 13 para el tonalamatl o libro de los días”.

Tras referir que la Luna todo el tiempo está cambiando y su lapso de luna nueva a llena dura 29.53 días, la arqueóloga detalló que en Cañada de la Virgen el ciclo lunar marcaba los momentos propicios para la caza, la hora de florecimiento de las cactáceas, el instante en que iban a parir las mujeres, el momento de la caída de la lluvia, los tiempos favorables para sembrar, entre muchas otras cuestiones de la vida cotidiana.

Rossana Quiroz subrayó que el conocimiento que los hñahñu (otomí) tenían de la Luna, les permitió determinar las fechas de los eclipses, que eran momentos relevantes en la cosmovisión mesoamericana, “porque eran instantes en donde el equilibrio se perdía, en culturas como la otomí un eclipse significaba que el Sol se comió o mató a la Luna o viceversa.

“Los eclipses eran momentos de cuidado, sin embargo, curiosamente en algunos códices, como el Huichapan, eran periodos propicios para que se nombrara un nuevo jerarca dentro de la comunidad”, concluyó.

Además de la reciente publicación del libro El Cerro y el cielo, la arqueóloga Rossana Quiroz Ennis presenta una exposición itinerante alusiva, compuesta por 45 fotografías en cajas de luz, la cual se ha exhibido desde el año pasado en recintos culturales de Michoacán y Guanajuato, actualmente se muestra en el Museo Regional Tuxteco, en Veracruz.

Fuente: (INAH)

 

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