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Cine - March 9, 2011

“Presunto culpable”, nuevo cine documental mexicano

vive en el mundo carcelario, el lugar donde los seres son despojados de su humanidad, y los presos sólo cuentan consigo para sobrellevar el infortunio del encierro y los devastadores efectos del aislamiento en la mente del individuo. Pero, ¿existe algo peor que perder la libertad? Sí, ser encarcelado cuando se es inocente.

“Presunto culpable”, documental que se exhibe este mes en la Cineteca Nacional, nos muestra una visión fidedigna de ese universo de la prisión, del hacinamiento, la monotonía; pero va más allá cuando se pone en evidencia a un laberíntico y decadente sistema judicial mexicano a través del caso de Toño Zúñiga, un joven tianguista que a finales de 2005 su vida se vio terriblemente sacudida cuando de improviso fue detenido en la calle sin orden judicial de por medio para ser incriminado y procesado por un crimen que no cometió; no obstante, no habrá justicia para él, y, paradójicamente, su pesadilla apenas comienza en cuanto tiene que enfrentarse a las autoridades que lo han condenado a pasar 20 años a la sombra: la vejación de los judiciales, un indolente juez, un testigo comprado y una espantosa fiscal que funge más bien como un fiel baluarte de la burocracia y mediocridad más absolutas, serán bajo este filme documental la obvia manifestación de cómo en México las cárceles se llenan con los jodidos, y los verdaderos delincuentes viven en la impunidad, comen en restaurantes de lujo y tienen el amparo de las leyes.

No es una novedad saber que el sistema de impartición de justicia en México es uno de los más corruptos e ineficientes del mundo, no por sus leyes, sino por quienes supuestamente están encargados de hacerlas cumplir. La sentencia no escrita de que en nuestro país uno es culpable hasta que se demuestre lo contrario ha servido por largo tiempo para la creación de falsos implicados, invención de cargos y detenciones arbitrarias que en la mayoría de los casos, por no contar con recursos económicos o influencias en el sistema judicial, el procesado, termina injustamnete purgando largas condenas por un delito inventado, bajo un proceso donde nunca hubo investigaciones, presentación de pruebas, y en muchas ocasiones ni un magistrado de por medio. Entonces, para la “autoridad en turno” es suficiente la palabra de la policía judicial y el testimonio de los falsos testigos, testigos de paja como se les conoce en la jerga policial. Todo contribuye para que al último se cierre ese círculo vicioso mediante la condena, que para las autoridades, como se aprecia en el documental, se retribuye en promociones y ascensos, y para el ciudadano, que no tiene  los medios económicos para defenderse, la cárcel.

“Presunto culpable” es un trabajo que pone de manifiesto una siniestra tradición de las autoridades judiciales en México, un hecho que no es desconocido, pero que mediante los recursos del cine documental, y su exhibición pública, tenemos ante nosotros un material sin precedentes en nuestro país, un documental del que aún estamos por ver sus alcances, pero que, sin duda se perfila ya como la cinta que inaugura una nueva época de este género tan poco atendido en nuestro país, pero que hoy resulta imprescindible para conocer y documentar nuestra inextricable realidad.

¿Sobrevivir a la censura?, como sea, la cinta de Roberto Hernández y Geoffrey Smith confirma los poderosos efectos del cine documental, del que nuestra nación goza de excelentes realizadores, de este poder aparentemente inocuo de una cámara que lo va registrando todo, un documento que abarca dos años de grabación en los tribunales y pasillos del Reclusorio Oriente del DF, y sólo al final, tras una excelente edición, la imagen alcanza todo su envolvente efecto, como una bomba que hace mella en un sistema impune, intocable. Fnalmente el público ya ha emitido su veredicto: la justicia mexicana tiene que dejar de ser esa infausta lotería de presuntos culpables.

“Presunto culpable” (México, 2009), dirección: Roberto Hernandez y Geoffrey Smith; edición: Felipe Gómez, Roberto Hernández; fotografía en color: Amir Galván Cervera, John Grillo, Lorenzo Hagerman, Luis Damián Sánchez; música: Camilo Froideval, Raúl Vizzi, Toy Hernández, Antonio Zúñiga, Lynn Fainchtein; producción: Yiseel Ibarra, Layda Noriega, Martha Sosa y Roberto Hernández. Productores ejecutivos: Layda Sansores San Román, Luciana Kaplan, Mónica Lozano, Ana Laura Magaloni, Ernesto Canales, Harley Shaiken.

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