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Libros - March 1, 2011

Reseña de “Para que escampe”, que fue el primer poemario de la sonorense Josefa Isabel Rojas Molina

libro “Para que escampe” (UniSon, México, 1991). Con el paso del tiempo ha reafirmado su vocación de poeta y ha publicado más, pero ahora voy a comentar aquél, su primer poemario.

El título del libro lo toma Josefa Isabel de su poema “Ventana para Santiago”, el cual lo escribe a su hijo de ese nombre. En términos generales, “Para que escampe” es un poemario en el que los temas son el amor, el desamor, la ausencia del amado, el erotismo, el dolor y la crítica social. La soledad. Si se tratara de aventurar posibles influencias, podría mencionar las de Pablo Neruda, Jaime Sabines, José Revueltas y quizá la de José Alfredo Jiménez.

En la poesía de Josefa Isabel cabalga una impotencia, una encarnizada lucha con las palabras, con el lenguaje, en un intento frontal por exprimirles sentido, por inyectarles significación. Con empleo de palabras sencillas y el uso de versos libres, Rojas Molina consigue poemas henchidos de vida, sí, la vida que le entra por los sentidos y se le atora en la garganta por el dolor de no estar con el amado o se le hinca gozosa en el vientre. Sí, algunos son una especie de aullidos, de clamor desgarrado. Algunos cortos, otros largos, pero la mayoría, a final de cuentas, son testimonios de las alegrías y calamidades del amor o de las trampas de la vida. Una posible crónica del desencuentro amoroso y el exorcismo del amado, también.

Hay otro aspecto destacable en la poesía de Josefa Isabel en este primer libro suyo: el de la denuncia, si no crítica, social. Pero desde la poesía misma, no desde, por ejemplo, el 2 de octubre inolvidable. Es decir, la poeta rumia la impotencia, la carencia de fuerzas para cambiar la realidad; denosta la violencia, la sangre derramada, la vida inocente masacrada y se enfrenta al acto creativo, poético, sin concesiones, sin respuestas, con lágrimas preñadas de dolor, de furia, de una devastada esperanza.

En “Para que escampe”, Josefa Isabel Rojas Molina construye imágenes poderosas, fuertes, antisolemnes, en las que la ironía y el erotismo van de la mano para desconcertar al lector. Sí, la poeta sonorense escribe una poesía rasposa, más grito que susurro, más equívoca que literal. Una poesía más para los sentidos que para la memoria. Una poesía que ha roto los diques de lo que llamamos sensibilidad para entrar de lleno en la sensualidad y en la búsqueda de nuevos senderos de sentido.

Han pasado los años y Josefa persiste en su necedad, en su vocación. Hay otros libros; confío en que habrá tiempo de comentarlos más adelante. Ahora descubro (¡qué ingenuo!) que ha puesto cuatro en línea –o parte de éstos–, al alcance de los despistados o de los interesados en su poesía. Buscaré entre los míos, a ver cuáles tengo de ella, que amablemente me los envió, a intervalos, hace años, después de nuestro encuentro hermosillense y por una irregular y ya desaparecida comunicación epistolar. Pero pronto aparecerá aquí una charla con ella, más reciente. En tanto, transcribiré algunos poemas de “Para que escampe”.

El amor se me fue yendo
de la boca y de las manos
para incrustarse
como lanza en el vientre
y crecer
y hacerse día
ojos bellos
inocencia

Lluvia

La lluvia no es desfile militar, no puede serlo.
No puedo creer que todas las gotas se desplomen con un solo
y repentino golpe.
Tienen que caer lentitas
como gotas.
Tienen que caer despacio
una a una
como lluvia.

No pueden desplomarse tan de pronto
todas juntas.
No pueden dejarse venir desde su nube
con un solo impulso.

Primero tiene que caer la que es menos hermosa
(pero aún siendo la menos
tiene todo el cristal y la dulzura
luchando por brotarse de su vientre).
Luego tienen que caer las otras, las que sí son bellas
(pero que aún siéndolo son las más tiernas).
Después caerán aquéllas, las más bellas,
las que cubren de dulzura líquida los callejones
con las que mojamos la cabeza
y lavamos hasta las más sucias lágrimas.

A veces hay motín a bordo de la nube
y cae primero la placenta que la cubre
cubierta de sueños
coraza invisible
ropaje de seda que cae en la tierra llenando de aromas.
Y la lluvia cae desnuda
y humedece más
y empapa.

Y somos una gotita más de lluvia eterna.

Madrugada silenciosa

Me voy a morir.
Temprano.
Sin despertar a nadie.
Nadie será desterrado
de su sueño
por mi muerte.
Nadie madrugará
para enterrarme.
Todos se quedarán
Dormidos.
Sin lágrimas para llorarme.

Y silenciosa desde mi tumba
veré los gusanos acercarse.

Calles y calles

Calles y calles
con tu nombre a cuestas
yo camino

las piernas afiebradas
la voz dulce.

Es en frío el sentimiento
y la caricia en caliente…

Te deseo.

En calor

Una cúpula de luz y fuego sobre la cabeza.
Todo un mundo de sudores que te necesita.
Eso y todo lo demás.
Lo demás y todo lo que resta.
El beso, la boca en la garganta,
las cosquillas y la lumbre.
Que te necesito.
Te lo digo.
Te carezco.

El descanso ineludible
inevitable
factible
falible.
Y estando juntos todo será fácil.

Una pendiente difícil en subida.
La paradoja de subir lo que se baja.

Me haces falta.

Comentarios a esta nota: gregorio.martinez@azteca21.com

Foto: Portada de un libro que marcó el sendero literario que habría de seguir Josefa Isabel Rojas Molina.
Cortesía: Universidad de Sonora.

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